martes, 31 de diciembre de 2013

SCOTT, Tony. Juego de espías (2001)

Normal. Ni buena, ni mala. Ni es una obra maestra, ni es mala de solemnidad. Un poco lo que es el director, prescindible cuando hablamos de obras de arte en el cine, pero entretenido en alguna de ellas, en las mejores de él, como esta, que son normales en el cine.
Clásica trama entre las ropas del poder, que puede perjudicar la vida de alguien, en concreto de un espía encarcelado en una cárcel china al que los servicios de inteligencia USA no quieren ayudar, pues se está cerrando un acuerdo comercial entre ambos países. El dinero de un espía que está a punto de jubilarse -maestro del susodicho- sirve para abrir las conciencias de los mercenarios.

lunes, 30 de diciembre de 2013

TOURNEUR, Jacques. Noche en el alma (1944)

A mi me ha gustado. Las críticas no son buenas, pero me parece una gran película. Manida y tanto y ajada otro, pero muy bien narrada, con actores algo estáticos, sin mucho recorrido pero muy interesante. Me recordaba dos obras maestras, con las que no puede compararse: Luz de gas, de Cukor, y La escalera de caracol, de Siodmak. Pues una mezcla de ambas, de menor calidad, pero que entretiene y hace pensar.

jueves, 26 de diciembre de 2013

NEGULESCO, Jean. La máscara de Dimitrios (1944)

Soberbia película de cine negro, pero negro negro. Con un Peter Lorre ejemplar como tipo tímido pero ambicioso, el clásico sujeto poco dado a lo público, pero retorcidillo en lo privado. No te gustaría tenerlo de amigo, pero, desde luego, odiarías tenerlo de enemigo.
La trama es sencilla: la reconstrucción de la vida de Dimitrios, delincuente venido a más desde su recóndito pueblo turco en el que era empaquetador de ajos a participar en el tráfico internacional de documentación sobre la logística balística de los turcos en el bósforo... O era de los Griegos, o de los Servios... si es que es lo de menos...
Peter Lorre va de ciudad europea en ciudad europea tras los pasos delictivos de Dimitrio, que apareció muerto con una puñalada en el costado en una playa turca... Claro, no era él, pero Lorre no lo sabe, y cree que está haciendo la biografía de un muerto, de la vida novelada de un delincuente... cuando estaba siguiéndole sus pasos, y estaba vivo...

miércoles, 25 de diciembre de 2013

FRITZ LANG. Los sobornados (1953)


   Absoluta obra maestra, de uno de los mejores directores de todos los tiempos. Es simplemente, junto con Deseos Humanos, probablemente aquella mejor que esta, las obras cumbre de un director en un género. Y digo bien, de este director en este género.    
   De cine negro hay más, muchas más. De este director y este género estas dos son las mejores.
   El bueno pero honrado inspector de policía que encarga Glen Ford, que sí me parece un actor razonable, se enfrenta a un caso muy difícil: averiguar si verdaderamente el policía que se ha suicidado tenía algún tipo de 'ayuda' para obrar así. Y claro, la hay. Estaba pringado por el rey del hampa de la ciudad, que lo controla todo y lo compra todo. 
   A través de una serie de peripecia descubre que el punto débil de la organización es la chica del lugarteniente del Rey del Hampa (Lee Marvin, guapísimo, por cierto), una rubia explosiva pero algo ingenua, Gloria Grahame, a la que le gustan mucho los vetados caros, los abrigos de visón y el dinero, pero que odia el café, especialmente cuando está hirviendo.
   La mujer del policía fallecido está intentando chantajear a la organización, pues su marido dejó una carta en la que explicaba cómo se hacían las 'pringadas' y quién del departamento de policía estaba 'impregnado'.
   El desenlace es fácil de analizar: muere la mujer del policía a manos de la novia del lugarteniente, que se ha queda sin cara por el café hirviendo. Antes, lógicamente, se ha vengado de su novio, con la misma medicina.
   Es una extraordinaria trama, con una puesta en escena impresionando, unos diálogos cuidadísimos, un metraje, si me apuras, un poco escaso: diez minutos más no hubieran sobrado, y un punto de candor en el desenlace característico de las películas del género. Son de esas, en definitiva, que pasan quince minutos y piensas: "madre mía, qué de cosas me ha contado este director en tan poco tiempo", frente a otras películas, en las que miras el reloj, ha pasado una hora y dices: "qué horror, me queda media hora y no me ha dicho nada, nada de nada".
   Un delicia, en suma, que merece la mejor nota posible.