Acude para su última película a un tema ya tratado en Primavera Tardía (1949). Aquí a todo color y con algo más de optimismo, con menos amargura y algo más de vitalidad. Pero sin Setsuko Hara, que tiene una gracia y un donaire verdaderamente atrayente, sinceramente brillante. Una estrella, en el tenor literal de la palabra: alguien que brilla entre los demás.
Para el papel masculino se encarga el mismo actor: Chishu Ryu, que también es un actor muy de la época.
En Ozu las emociones transitan despacio, sin prisa, con moderación, con naturalidad, nada de efectos circenses, de golpes de timón en la película, nada de violencia, por supuestos, y con formas de conducirse suaves, tranquilas, y nada histéricas. El director de la tranquilidad.
Capra lo es de la felicidad, Ozu de la tranquilidad.
Me ha gustado, pero algo menos que otras de él. La citada y Cuentos de Tokio (1953) y Crepúsculo en Tokio (1957). De las que he visto suyas la que menos me ha gustado ha sido Buenos días (1959).
Es curiosa la relación que mantienen los personajes de las películas de Ozu con el alcohol. Él tuvo muchos problemas, incluso se bromeaba en los rodajes sobre cómo iban de tiempo dependiendo del número de botellas de sake que había ido bebiendo a lo largo de la producción y montaje.






