jueves, 23 de abril de 2026

§ 4.038. La corrupción de Chris Miller (Juan Antonio Bardem 1973)

Desde luego Bardem sabía cómo hacer las cosas. Cinta más que interesante que le aleja de su estilismo tradicional para inmiscuirse en un terreno difícil y muy prolífico en el cine americano: asesinos, traumas, escenas violentas, cine de alto presupuesto y largo metraje.
Tres actores principales: Jean Seberg, Marisol y Barry Stokes.
Con música de Waldo de los Rios y guión de Santiago Moncada, otro clásico en la cinematografía española, pretendía asaltar el mercado Americano, y según he leído no le fue del todo mal. Es la primera película de Marisol fuera de sus papeles de niña que le dieron fama y dinero.
La casa, el paisaje, la lluvia, los escenarios naturales parecen pretender idealizar una vida en algún lugar del centro de Europa. Pero no. Es Cantabria. Cantabria infinita, qué belleza, qué verdor, qué preciosidad.
La soledad, la incomunicación, los fantasmas del pasado, temás de siempre. Pero hay dos subtramas de los más interesantes: la relación lésbicas implícita en tres la madrastra y la hijastra, y la salud mental de la niña que tiene algún trauma del pasado relacionado con su padre, que la abandonó, y a su madrastra, hace tiempo y ella le sigue esperando, no se sabe para qué ni cuándo.
Gran escenografía, una película muy bien producida, con metraje largo y formato de gran clase.

miércoles, 22 de abril de 2026

§ 4.037. Un final made in Hollywood (Woody Allen 2002)

Lo que se espera. Muy divertida. Una clásica comedia de situación de las que domina Allen a la perfección.
El papel de neurótico descalzado completamente amortizado en el mundo del cine parece hecho para Allen.
Un cine dentro del cine divertido, suave, con mucho color, muchos gas, chistes y malos entendidos, sobreentendidos, giros del lenguaje y demás recursos propios de la comedia.
Gran reparto, como siempre a medio camino entre modelos clásicos y nuevos talentos: Woody Allen, Téa Leoni, George Hamilton, Treat Williams, Debra Messing, Mark Rydell y Marian Seldes.
De las pocas de Allen que me quedan por ver. Tengo prácticamente todas. Algún día tendría que ponerme a ver todas las suyas desde la primera a la última.

martes, 21 de abril de 2026

§ 4.036. Apartado de Correos 1001 (Julio Salvador, 1950)

Otro clásico del cine español. Del género policíaco patrio. Una de las primeras de este subgénero. Pionera e innovadora. 
Ha visto decenas de cintas similares sobre la CIA, la Interpol, Schott Lang Yard, etc. A medio camino entre la propaganda y el reconocimiento social a la policía. 
Basado en hechos reales, aunque muy alterados en la película, muestra las capacidades detectivescas de la policía española en los años duros de la postguerra.
Perfectamente imbricada en un guión portentoso, obra de Julio Coll, que luego fue un director verdaderamente notable del cine español, también con cintas de este género policíaco.
Muestra una ciudad de Barcelona urbana y activa, con sus tranvías, calles y plazas atestados de gente que va y viene, con el pulso de la vida muy acelerado. 
Tiene madera de gran obra, sustentada en el guión, en la eficacia de las técnicas policiales y en la pimienta de la relación amorosa que se cocina entre el policía joven y la chicas inocente que manda las cartas.

lunes, 20 de abril de 2026

§ 4.035. Surcos (José Antonio Nieves Conde, 1951)

Neorealismo español. Cine moderno. Retrato duro y salvaje de una España que fue, que quizá todavía sigue siendo en algunos aspectos.
Impresionante pulso, nada tiene que envidiar a las mejores películas italianas del género.
No es documental, es Neorealismo. El propio director hace un gas al género, cuando el nuevo rico y jefe de la organización delictiva vuelve del cine con su querida y comentan que la película ha sido un rollo, y que era de esas nuevas de Neorealismo.
Por lo que he leído no gustó ni a la Iglesia, ni a los Franquistas, ni al poder establecido. Natural. Seguro que tampoco le gustó a los izquierdosos.
Se ve en un verbo. Son 99 minutos, pero se pasan volando. Es mérito de la cinta, claro. 
La copia que he visto se ve perfectamente, evidentemente se encuentra restaurada. Un blanco y negro verdaderamente bonito, que cuadra bien con la arquitectura de la ciudad: hormigón y sombras. 
La necesidad de sobrevivir se junta con la ambición como motor de vida. Parece que sólo es posible lo primero con grande dosis de los segundo. Y aunque ahora quizá sí se puede vivir sin ambición, el mensaje y el discurso parecen caminar por otros derroteros. 
Llama la atención también el papel de la mujer, objeto de atención y motor de esa ambición. Un retrato bastante crudo de una realidad que a veces no gusta ver. 
Hay una subtrama muy profunda, la que une delincuencia con desempleo. En un discurso verdaderamente deleznable, aunque real, qué duda cabe. 
La necesidad de sobrevivir y las ambiciones desbocadas llevan a los hombres a transitar caminos angostos, fuera de la legalidad.
No es solo el estraperlo, que también, ni el aprovechamiento de la mendicidad, que no se ve de forma clara, es la prosperidad a costa de empleos en la zona negra de vida. 
También hay otra subtrama, la de la prostitución encubierta, de las queridas que por salir de su situación se arrojan en brazos de los hombres maduros, que con sus pupilas dilatadas siembran de faltas expectativas los sueños de las mujeres incautas.
Lo de Nieves Conde es cosa seria. Cosa seria de verdad. Un directorio de los de verdad. Con una obra personal y reconocible. Poliédrica y fructífera. Entre las que destacan dos o tres obras verdaderamente grande.

domingo, 19 de abril de 2026

§ 4.034. La madriguera (Carlos Saura, 1969)


Brillante película. Interesante guión, muy bien narrado, desde una idea simple, de esas de toda la vida, pero tratada de forma distinta, de manera diferente. No es subrealismo, sino teatro del absurdo. Tiene tintes oníricos y también neuróticos. Una mezcla rara, difícil de tratar y de organizar.
Una mujer revive su infancia cuando recibe unos muebles de su familia. Encerrada en un matrimonio sin amor, sin pasión, sin verdadera comprensión, vuelve a sentirse niña con esos recuerdos. Y, a la vez, el marido descubre que los padres de la muchacha la obligaron a casarse con él por mero interés. No es tanto que no exista amor, sino que carecen de comprensión, de compenetración, de empatía.
Me encanta la transgresora idea de confrontar la decoración clásica castellana, con muebles de madera y tapizados en tafetán rojo, con la casa estilo brutalista, maciza y compacta. La casa se encuentra ubicada en Somosaguas y es conocida como  Casa Carvajal, por el nombre del arquitecto que la construyó como casa familiar, Javier Carvajal Ferrer. Es muy parecida al Parador de Segovia.
Los sueños oníricos de él son sumamente perturbadores, y el contraste con la vuelta a la infancia de la mujer es una verdadera brutalidad estética.
La interpretación de los sueños es una materia complicada. Pero mucho más si no se tiene la menor idea de qué significan las cosas. Y, desde luego, es bastante pertubador y disruptivo que la mujer experimente órganos cuando se la rodea de bichos, en una escena que parece sacada de Orden, de Dreyer.
Geraldine Chaplin está verdaderamente guapísima. El actor es Per Oscarsson, que no me suena mucho. Aunque le he visto en El visitante nocturno (László Benedek, 1971), y en Sentencia para un dandy (Anthony Mann y Laurence Harvey, 1968). Es un actor de eso de carrera larga y fructífera, desde 1947 y una de docenas largas de cintas de varios directores y países.

sábado, 18 de abril de 2026

§ 4.033. Angustia (José Antonio Nieves Conde, 1947)

Segunda película de Nieves Conde. No he visto su debut, no la he encontrado. 
No tiene la atracción de otras obras mayores suyas: Surcos, Los peces rojos, Balarrasa, Rebeldía, etc.
La escenografía parece una obra de teatro. Pocos personajes, rodada siempre en interiores, diálogos espesos, serios, trascendentes, dramáticos. Y una cierta pretensión de trascendencia. Nieves Conde quería trascender, quería dejar huella, entendía que el cine era para algo más que entretener. 
La música, muy intrusiva, consigue exponencial los momentos dramáticos de manera  excesivamente subrayada.
Consigue transmitir la sensación de fracaso, y también el peso de las responsabilidades, pero no así el alivio de la solución que plantea, que sueña en realidad. 
Tiene su fondo moral, por supuesto, al estilo de esas películas americanas a medio camino entre el melodrama y el cine negro, con uso retrospectivo de los recuerdos como método discursivo. Funciona. No del todo bien, pero funciona.
La película va comiendo peso a medida que avanza. Quizá el comienzo no está bien planteado, pero la trama central sí tiene cuerpo y estructura.
Se deja ver, en definitiva, tiene fondo y forma, y un metraje civilizado.
La copia que he visitando no es especialmente buena, el sonido no se escucha del todo bien y las imágenes no son del todo nítidas. Un blanco y negro desvaído, poco definido.
Al parecer Nieves era un Falangista de pro, un hombre duro del régimen. Me es indiferente la adscripción política de un director. De hecho algunos abiertamente comunistas me gustan tanto como éste. Barbem, Pontecorvo, Eisenstein. No sé si Tarkovsky está en ese grupo.
No es de lo mejor de Nieves. Ni mucho menor. De hecho, no es especialmente buena. 

viernes, 17 de abril de 2026

§ 4.032. El Yankee (Tinto Brass, 1966)

Pues vale bastante poco la cinta, la verdad. Uno de los primeros trabajos de Brass antes de deslizarse por la rampa de la inconsistencia y la vulgaridad del soft porno.
Pensaba que quizá tuviera más tino con este tipo de Spaguetti Western, pero no. No consigue transmitir la sensación de buena película. Ni siquiera de intensa película. Resbala por los cánones del subgénero, pero sin meterse en él. No sé. Es muy prescindible, muy poco interesante, incluso por momento es aburrida y tediosa. Abusa de los tópicos y transita en la mediocridad. 
Me ha decepcionado bastante. No tiene nada de interesante. Más allá de pasar el rato viendo una cosa básica.
Cada director brilla en su especialidad, y la de Brass no es ésta.

§ 4.038. La corrupción de Chris Miller (Juan Antonio Bardem 1973)

Desde luego Bardem sabía cómo hacer las cosas. Cinta más que interesante que le aleja de su estilismo tradicional para inmiscuirse en un ter...