miércoles, 27 de mayo de 2026

§ 4.068. Cuentos de la luna pálida (Kenji Mizoguchi 1953)

 
La delicadeza hecha cine. No es el director de la vida cotidiana japonesa (Ozu), ni el de las tramas del poder (Kurosawa), ni el de la conciencia moral de la sociedad (Kobayashi), pero es probablemente el mejor de los cuatro.
La ambición del dinero, del reconocimiento, de la prosperidad. Ese es el planteamiento inicial. Dos maneras de ver la vida de conducirse en ella. Y esa ambición puede afirmarse y sostenerse de diferentes maneras. Desde el diligente Samurai hasta el humilde alfarero. 
Dos tipos diferentes de ver la vida. 
La historia está bien. Pero es siempre lo de menos en Mizoguchi. Es la estética del movimiento, la cadencia de la actividad física, el relato de la movilidad. 
Hay algo de fisicidad en ello. No goza de la mafestuosidad de los planos abiertos tan característicos en Kurosawa, y las motivaciones personales no son prosaicas, mundanas, alejadas de los altos valores que mueven a los personajes del mundo imaginario de Akira. 
Película de corto metraje. Cien minutos, que para estos japoneses clásicos es poco. Creo recordar que todas las que he visto de él tienen más duración.
Me llama la atención la falta de talla moral de los Samurais. Se presentan más como bandidos o ladrones -que es probablemente lo que fueron- que como reaccionarios al poder que alquilan su brazo armado. Algo parecido a lo que ocurre en España con los bandoleros. Seres mitológicos que se conducían más por supervivencia que por honor.
Me ha gustado, pero no tanto como otras de Kenji. La suavidad tan sutil necesita de impulsos más firmes, en su materialización, en su propósito, en su determinación. No es que le falte pulso vital, es que el director no quiere que la película transite por esa senda emocional. 

lunes, 25 de mayo de 2026

$ 4.067. La historia de Lisey (Pablo Larrain, 2021)

 


§ 4.066. El sabor del sake (Yasujirō Ozu, 1962)


Sabes que es una película de Ozu por el inconfundible punto de vista en el que pone la cámara. Antes de las temáticas, generalmente propias de la vida cotidiana, por es forma de rodar: desde abajo hacia arriba, a la altura de las rodillas prácticamente. 
Acude para su última película a un tema ya tratado en Primavera Tardía (1949). Aquí a todo color y con algo más de optimismo, con menos amargura y algo más de vitalidad. Pero sin Setsuko Hara, que tiene una gracia y un donaire verdaderamente atrayente, sinceramente brillante. Una estrella, en el tenor literal de la palabra: alguien que brilla entre los demás.
Para el papel masculino se encarga el mismo actor: Chishu Ryu, que también es un actor muy de la época. 
En Ozu las emociones transitan despacio, sin prisa, con moderación, con naturalidad, nada de efectos circenses, de golpes de timón en la película, nada de violencia, por supuestos, y con formas de conducirse suaves, tranquilas, y nada histéricas. El director de la tranquilidad. 
Capra lo es de la felicidad, Ozu de la tranquilidad. 
Me ha gustado, pero algo menos que otras de él. La citada y Cuentos de Tokio (1953) y Crepúsculo en Tokio (1957). De las que he visto suyas la que menos me ha gustado ha sido Buenos días (1959).
Es curiosa la relación que mantienen los personajes de las películas de Ozu con el alcohol. Él tuvo muchos problemas, incluso se bromeaba en los rodajes sobre cómo iban de tiempo dependiendo del número de botellas de sake que había ido bebiendo a lo largo de la producción y montaje.

domingo, 24 de mayo de 2026

§ 4.065. Man on the Moon (Milos Forman, 1999)

 
No me suelen gustar los biopic de personas del espectáculo. Entiendo que es muy difícil contar lo que hacen sin ver lo que hacen. De deportistas y actores también es difícil. Los que funciona son de personajes en profesiones estándar: médicos, ingenieros, militares, políticos, personas sobre las que no tienes formada una idea de cómo son o cómo deben ser. 
El personaje de Kaufman debía ser peculiar. El clásico “loco carioca” que va a lo suyo y que tiene una forma tan singular de actuar y comportarse en la vida y en el espectáculo que se duda de si es un genio o un loco.
Dudo bastente que, tal y como lo retratan en la película, no tuviese de verdad un problema psíquico, o incluso de doble personalidad. 
Me parece que lleva su visión de las cosas hasta un punto delirante. Aunque quizá de eso se trate. De conseguir que la gente se ría de verdad, de sí misma, de los demás, de todo, de cualquier cosa. 
Desde luego es una forma muy creativa de abordar el mundo del espectáculo. Novedosa y rupturista, quizá lo mejor que se puede decir de un cómico. 

§ 4.064. El Golem (Paul Wegener y Carl Boese, 1929)

No sé cuál sería el papel que este tipo de cintas jugó en la persecución de los judíos, en la histórica persecución de los judíos, legitimando las que ya se habían producido antes de la misma y dando cobertura a las que se producirían después de ella.
No suelen gustarme las películas mudas. Sí las de los años treinta, con la incorporación del sonido, pero no son muchas las que tengo de la década de los años veinte. 
Sí me gustó mucho La Carreta Fantasma; Tres hombre malos; Nosferatu y las de Lang: Viaje a la Luna; Metrópoli, etc. También Juana de Arco de Dreyer. Pero poco más. No creo que llegue a cien películas las que tengo mudas.
La veo con interés y curiosidad, con ganas de aprender y saber de cine, pero no me parece la quintaesencia del cine. 
Personajes estáticos, hieráticos, con movimientos poco naturales, con dificultades para expresar sentimientos o emociones. La música repetitiva tan insistente que no deja lugar a nada más que la escucha de un piano -bien tocado, eso sí- y algún instrumento de viento, seguramente una flauta. 
Una historia interesante, con un guión simple y eficaz. Una singular historia de supervivencia en un contexto de discriminación religiosa. 
Nada más y nada menos. Tema moderno en donde los haya. Además puede verse como un antecedente claro de Frankenstein y del cine de monstruos.
No desees aquellos que no puedan controlar una vez obtenido.
Reconocida obra del expresionismo alemán, tan influyente en directores posteriores, y desde éstos a todo el cine mundial. Sin ellos este invento maravilloso hubiera sido otro.

sábado, 23 de mayo de 2026

§ 4.063. Trauma (León Klimovsky, 1978)


 Última película de Klimovsky, un todoterreno, un director que sirve para todo. Principalmente terror, películas de situación y el típico fantaterror, entre el miedo y el erotismo básico y nada edificante. 
Nada que ofrecer, mala de solemnidad, tópica y típica sin ningún tipo de sensación de bondad o verdadera calidad.
Un despido acorde a la calidad media de sus trabajos. 
Interesantes a veces, pero otras recurrentes y aburridos. Tediosos como esta, que nada aportan pero que pretenden entretener.
No me ha gustado, tiene cosas mejores, casi todas.

El reclamo de Agata Lys como estrella principal de la película ya dice mucho sobre lo que pretendía la cinta. Una actriz dedicada a géneros de cine expositivo, de la época, de destape.

Me gustaría saber en qué ciudad se ha rodado. Me suena la sierra de Madrid, Segovia, quizá Tordesillas, ese tipo de sierra de pinos y construcciones de piedra tan típicas de los años ochenta, aspiracionales, de dobles residencias y amantes ocasionales. Todo un mito en la filmografía patria.

§ 4.062. Poseída (Giulio Petroni 1978)

Atribuída por la plataforma FlixOlé a Jesús Franco es, en realidad, de Guilio Petroni. Es de 1978 aunque los créditos dicen que es de 1973. 
No sé por qué es la confusión, porque Franco no participa ni de la música, ni del guión, ni la produce. Tampoco es un seudónimo. Petroni es un director que rodó en Italia en aquella época, poco, pero rodó una diez películas.
Temática conocida, problemas sexuales del marido, incomunicación con la esposa, soledad de ésta en el pueblo donde se vive, etc.
Pocos personajes, interés en el desarrollo, tortura mental y física, angustia existencial y un secreto encubierto que siempre amenaza con salir a la luz.
Interesante, con el recorrido típico de esta obras. 
Después de verla se sabe que no es de Franco. Por mucho que la plataforma a él se la atribula.
Se puede ver, sin más. Pero no es una gran obra. Por momentos es interesante, especialmente en los de miedo o terror. Pero en general es algo insulsa. No es el Gore sangriento, ni el Giaio, ni pertenece al género erótico o semipornográfico. Tiene esa mezcla singular que la hace atrayente. 
Marisa Mell es su único atractivo serio. Actriz interesante, musa de la Serie B Europea y mujer castigada por la vida. 

§ 4.068. Cuentos de la luna pálida (Kenji Mizoguchi 1953)

  La delicadeza hecha cine. No es el director de la vida cotidiana japonesa (Ozu), ni el de las tramas del poder (Kurosawa), ni el de la con...