domingo, 8 de noviembre de 2026

§ 4.188. Cárcel dorada (Jesús Franco y Marius Lesoeur, 1976)

Cine antes del desparrame. Creo que la vastísima filmografía de Franco pueden dátese varias etapas. Al menos tres. La primera, hasta mediados de los 70, quizá principios de los 70 en los que tuvo cosas verdaderamente interesantes. Algo de Fantaterror, sus personajes clave (Doctor Orlott, y sus primeras obsesiones sexuales, Monjas portuguesas y Justine…), luego viene la época del desparrame, que para él son desde finales de los 70 a comienzos de los 90. Aquí rodó más de 5 películas al año de media, una auténtica barbaridad. Porque aunque sólo cuento de él 164 cintas, en aquellos años rodó bajo los seudónimos más insólitos muchas más, muchísimas más. A veces abiertamente pornográficas y con títulos verdaderamente infames. No es que fueran eróticas baratas o malas, es que eran pornográficas, sin contenido, guión o estructura. Y no estamos para eso, sencillamente. Además supongo que no sería un buen director en ese ámbito, porque cada uno sabe hacer aquello que sabe hacer.
La última etapa, desde mediados de los 90 experimenta dificultades para rodar, seguramente también estrecheces de financiación y su creatividad estaba agotada, maltrecha y nada quedaba de lo que fue.
Esta cinta se sitúa en el centro de la segunda fase. Abusa de las escenas largas de baile y desnudo para llenar metraje. Como una mal universitario cuando rellena papel para hacer méritos en su Serie B.
Firma la película con un tal Marius Lesoeur, que sólo tiene acreditada esta cinta como director. Seguramente era un hombre de cine y tuvo algún contacto con Franco y la rodaron a medias. Esa técnica ya la utilizó en otras películas. Seguramente era una forma de seguir produciendo a toda máquina.
La historia no tiene un pase. Es caótica y desangelada. Además no tiene estructura y está llena de planos innecesario y superfluos. Se demora minutos y minutos en escenas que carecen del más mínimo interés, y los planos interesantes: la ciudad, los coches por las calles, la ciudad de Honk Kong en sí misma reúne pocos minutos, cuando debería ser una protagónista más de la historia.
Mala, mala. No de solemnidad, como otras tantas suyas, pero no tiene nada brillantes dónde agarrarse. Siempre el mismo todo de tragedia porno, de suave sexualidad aderezada de un elemento clásico del cine de siempre: un policía, un espía, un mercenario… alguien que tiene que hacer algo y ve cómo se interrumpen sus obligaciones por el sexo, (más o menos, descontrolado, desaforado, kitsch, o sin sentido) que inunda la cinta haciéndolo protagonista cuando únicamente quería se secundario. Mala, mala.

§ 4.187. Lilian, la virgen pervertida (Jesús Franco, 1984) 

Otro de los múltiples subproductos que rodó Franco bajo seudónimo, supongo que porque saturaba el mercado con tanto cinta. Incluso los muy fan tienen un nivel de saturación.
Es una cinta con escenas abiertamente pornográficas,  muy del gusto de la época y de su director. 
Se ve muy bien, el color es perfecto y tiene la gracia de estar rodada con la cámara en mano, a pulso (al menos algunas escenas).
No vale nada. Tan poco como otras decenas de sus obras de esos años, verdaderamente prescindible.
Por los escenarios naturales podría decir que se rodó en Málaga o en cualquier otro sitio de la Costa del Sol. La cantidad de luz que tienen las escenas a cielo abierto son interesantes. 
No es tan mala como la de ayer, pero no tiene nada a dónde agarrarse.

§ 4.186. Confesiones íntimas de una exhibicionista (Jesún Franco y Lina Romay, 1983)


 

 Mi pretensión de (intentar) ver toda la filmografía de Franco se choca con una realidad y con una dificultad. No es posible ver todas las películas de él, porque, sencillamente, muchas de ellas ni están comercializadas ni siquiera pueden verse en otros formatos o canales. Además, algunas son verdaderamente infames, como esta, que no debería tener cabida en la filmografía de un cineasta más que interesante y que tuvo cosas potables.

martes, 3 de noviembre de 2026

§ 4.185. El batallón de las sombras (Manuel Mur Oti, 1957)

Retrato de un piso de vecinos de los años cincuenta. Una visión demasiado idílica de una realidad inexistente y, por momentos, desagradable. 
La vida no era así, las angustias por sobrevivir eran muy superiores a lo que la película plantea, y la perspectiva vital era más recortada. 
No es exactamente un cine político, pero sí (creo que) el que le gustaba al régimen. Exangüe de críticas al poder, al sistema social o a los poderosos. Ni la más remota crítica. Ni un obre respondón, ni un sindicalista, ni una queja a la vida, ni a la autoridad, a la policía o al poder.
Pretende ser una visión feminista de la sociedad y de la realidad. Y desde el punto de vista del reconocimiento a las mujeres de su época es interesante. Incluso comprometida, pero políticamente inaceptable. Además de mentirosa. No creo que las mujeres de la época fuesen así. 
Los singular es que la perspectiva femenina de la vida es siempre agarrarse a situaciones reales. La casa, los niños, la comida, las cosas reales. 
Y, sin embargo, los hombres son una especie de soñadores que se dedican a cosas ilusas, nada operativas, nada funcionales. Inventores que no inventan, músicos que tocan fatal, actores de teatro que no tienen trabajo, obreros sin trabajo que no tienen oficio ni beneficio. Pintores que en vez de lienzos pintan tonterías y no son capaces de vender un solo cuadro.
Los hombres son seres ilusos, necios, incapaces de organizar la vida práctica. Y las mujeres estructuran la vida de toda la familia. Desde ese punto de vista sí es un canto a la potencia femenina. Porque frente a la necesidad de gloria de los hombres, se confronta la solidez familiar que patrocina la mujer. 
Lo más interesante de la historia es que esas mujeres no necesidad adquirir conciencia de sí mismas. Ellas son. Sin más. El hombre necesita el aplauso, el reconocimiento, el público, la platea, el escenario. La mujer no necesita nada de eso. Con ser quien es funciona. 
Ellos tienen embustes, ellas realidad. 
Y la pregunta que surge en todo esto. ¿Quién juega el papel más importante en la sociedad?
El de las mujeres, que son invisibles. No es el de los hombres, que es visible. 
Además ellas son un “batallón” un conjunto de individuas que cultivan la solidaridad entre ellas y de esa solidaridad se nutren y se alimentan. 
El mensaje es profundamente “feminista”.
Es un mensaje verdaderamente revolucionario. Se mire como se mire. Estamos en 1957, no en 1967 ni en 1977.
Es el franquismo más duro, arrumbado ya los sinsabores de la guerra, y con una sociedad ya acostumbrada a la vida dura y con únicas perspectivas de supervivencia.

domingo, 1 de noviembre de 2026

§ 4.184. El presidio (Edgar Neville y Ward Wing, 1930)


 Debutar con un tema carcelario no parece lo más conveniente para un director. Edgar Neville, en este caso codirigiendo con Ward Wing (para mi un absoluto desconocido, que sólo rodó esta cinta) se erige en un cineasta imprescindible en la escena española de los años cuarenta y cincuenta. Un hombre peculiar con un cine reconocible y películas verdaderamente imprescindibles. 
Un grande. En todo, en su cine, en su persona, en su amante (Conchita Montes, siempre espectacularmente guapa) en su mito, en su legado, en su historia, en su influencia.
Es un ejemplo claro de cómo se rodaba en los años 30. Esta es la versión española de una cinta americana titulada The Big House (George W. Hill, 1930). A la vez que se rodaba esta se rodaba la española, aprovechando escenarios, decorados, etc.
La versión española está a cargo de Ward Wing y Neville actualiza diálogos, prepara escenas, etc. Pero todos coinciden que es algo más que un mero acompañante o asistente. 
A la vez que se rodaba The Big House y ésta también se rodaban otras dos versiones: Menschen hinter Gittern (Paul Fejos, 1931), y Révolte dans la prison (también Paul Fejos, 1930).
Hay incluso una versión italiana pero que es la versión española traducida al italiano.
Era como se rodaba antes. Supongo que la industria necesitaba expandirse y se pensaba que esta forma de rodar era más sencilla y fácil que traducir la cinta a otro idioma. Era auténticamente los comienzos del cine hablado, por lo que no sé si en aquella época era sencilla la traducción de los diálogos y su incorporación al metraje de la copia de la cinta. Probablemente no, por lo que esta era la única posibilidad de adaptar cintas americanas a otros idiomas.
No me extrañaría, incluso, que algunas escenas y planos generales (los de la fábrica, los del patio de la cárcel, etc.) se utilizaran indistintamente en varias de las versiones. 
La película en sí no da para mucho.
La historia es fría y desangelada, triste y poco edificante. Los actores se mueven de manera muy amanerada, los escenarios se encuentran poco trabajados. No es una excelente película, ni parece que puedan apreciarse los cánones del cine de Neville. 

 

 

§ 4.183. Sola ante el terror (Jesús Franco, 1983)

 Franco intenta una cosa distinta y no le sale del todo mal. Aquí no hay desnudos, friísimo o los desparrames habituales tan típicos y tópicos de las películas de Franco. Es más, puede considerarse una película muy estándar, una cinta de terror común, con algunos toques que recuerdan a Franco, por ejemplo, que fue rodada en la Muralla Roja y Xanadú, ambas en Calpé (Alicante).
Rodo muchas allí, porque el arquitecto de ellas, Ricardo Bofíll mantenía una gran amistad con Franco y le permitía rodar allí sin problemas.
Emilio Lárraga era un productor de cine (de Golden Films), un hombre de la industria, y tendí una casa en esa urbanización, por lo que tenía acceso a la urbanización. 
En un período de 4 ó 6  años rodó cinco o seis películas allí. No me extrañaría que rodase material sin personajes y luego lo fuera utilizando en varias película. Tampoco me extrañaría que utilizase las mismas tomas para varias películas. 
El director quiere que la arquitectura juegue un papel interesante, preponderante, pero no lo consigue del todo.
Un más de Jess para ir completando su inabordable filmografía. 

sábado, 31 de octubre de 2026

§ 4.182. Eugénie (Jesús Franco, 1973)

 Es la segunda vez que se acerca Franco al relato del Marqués de Sade. 
La Isla de la muerte (1970) fue su primera experiencia en el relato. Aquí es la segunda, y habrá otra tercera película con el nombre de Eugenie (Historia de una perversión) de 1980, aunque esta se aleja del relato. La de 1970 no la he visto. Supongo que será más o menos como ésta. Más para acá o para allá…
Esta es una de esas de “porno suave” que Franco tanto transitaba. Lenta y morocha llega a ser cansina y trivial.
Repetitiva, lleva de chichés, poco innovadora, centrada en lo visual, con una cierta estética en las ropas y en los decorados, y haciéndose fuerte en el morbo de la historia. 
Alguna escena cuando camina por la calle, alguna otra cuando se muestra la disposición interior de las casas, y alguna sorpresa morbosa. No da para más.
Bajo licencia de Liechtenstein, y protagonizada por Soledad Miranda y Paul Muller, tiene la gracia de apreciar un producto muy de la época, de aquellos años setenta de liberación en todos los sentidos y que sirvieron para expresiones culturales y artísticas novedosas.
Qué hacía Franco rodando en Liechtenstein en la  época de la dictadura. Pues quién sabe cómo lo logró.
Los fotograbas de las ciudades son de Berlín. No son muchas tomas, pero sí de las más bonitas de la película.
Desde luego en la capacidad de levantar proyectos, llevarlos a cabo y comercializarlos Franco era un genio.

§ 4.188. Cárcel dorada (Jesús Franco y Marius Lesoeur, 1976)

Cine antes del desparrame. Creo que la vastísima filmografía de Franco pueden dátese varias etapas. Al menos tres. La primera, hasta mediado...