Lev Stepanovich
Lev Stepanovich era un contador de historias ciego que la abuela de León Tolstoy tenía a sueldo en la casa familiar. Era legendaria su capacidad para contar cuentos... manipularlos, hacerlos una y otra vez de manera diferente... Eso pretende este Blog, contar cuentos... de manera creible.
sábado, 11 de abril de 2026
§ 4.024. La legión del silencio (José Antonio Nieves Conde y José María Forqué, 1956)
Pues me ha parecido una maravilla. Una inspiración, o incluso algo más, de La confesión (Costa-Gavras, 1970), una celebérrima película que denuncia las purgas del partido comunista Checo. Pero sólo en su primera parte, quizá la dirigida por Nieves Conde.
Aquí no se reconoce el país en el que se produce, y cuando se nombran ciudades o provincias en las conversaciones tampoco quiere el director que se aprecie de qué país se trata. Evidentemente es de habla hispana.
Hay que hacer algunas aclaraciones sobre el director y la época.
Nieves Conde era Falangista hasta la médula. Un hombre del régimen en le ideológico y en lo fílmico. Comprometido con el régimen de Franco ejercía como lo que era: un hombre de partido. El cine servía para mandar un mensaje, para adiestrar al público y conseguir un objetivo político.
En segundo lugar, era, probablemente, muy religioso, por lo que su aversión al comunismo era algo servido. Y la condición cristiana no es asunto menor en esta película.
En la segunda parte, quizá la dirigida por Forqué, el asunto religioso toma el protagonismo, abandonándose la trama de represión política que anunciaba. En el fondo es una película de temática religiosa.
Pierde algo de fuerza en la segunda parte, menos enérgica y pretendidamente más reflexiva. Pero pierde potencia y energía.
Gran Jorge Mistral, con esa cara marmórea tan característica suya y es mirada traslúcida que no transmite emoción alguna cuando quiere que eso sea así.
Me ha gustado, pero creo que hubiera sido mejor película si hubiera transitado por lo insinuado en la primera parte.
viernes, 10 de abril de 2026
§ 4.023. Tres hombres buenos (Joaquin Luís Romero Marchent 1963)
Jugando con el título de la excelentísima película de John Ford Tres hombres malos de 1926, nos presenta el J de los Marchent una obra personal, interesante, muy bien rodada y adecuada a los cánones que se esperan de un Paella´s Western.
Se acompaña muy bien con la música, los extras (que son muchos) la escenografía -verdaderamente lograda- y los escenarios naturales. No diría que rodada en Extremadura, pero, desde luego, sí en lugares muy similares. Esos canchales, esa roca viva de granito, esas llanuras desérticas, la falta de vegetación de altura, las casas y los muebles y las casas.
En la de Ford se llamaban malos, pero eran bueno, aquí ocurre algo absolutamente contrario. Se llaman buenos, y son buenos. Buenos que persiguen a los malos para matarlos, claro. Pero bueno, nos entendemos.
El paso de los años y el caminar de los caballos sobre la nieve buscando los dos hombre su (diferente) venganza, cada cual la suya, asemejan la historia a Centauros.
Me ha gustado, nada pesada, bien rodada, entretenida y con sabor a buen Oeste.
La labor de un artesano se reconoce en pequeñas cosas, la iluminación, el dominio del tiempo, del espacio, la composición de los planos, de las composiciones cuando están presentes varias personas, etc. Todo esto lo domina Marchent.
martes, 7 de abril de 2026
sábado, 4 de abril de 2026
sábado, 28 de marzo de 2026
§ 4.020. Harakiri (Masaki Kobayashi, 1962)
Es una obra de arte. Maravillosa. Una de las mejores películas de todos los tiempos. Redonda, cerrada, perfecta.
Un director que rodó además de esta obra: Rebelión y la trilogía de la Condición Humana tiene que pasar a la historia del cine por la puerta grande.
Realmente el cine japonés es mucho más que Kurosawa, Ozu, o Mizoguchi, y esta obra es una buena prueba de ello. Tan buena como cualquier de las obras maestra de esos tres monstruos.
Aunque puede parecer un tema conocido, trillado, y aunque nos queda lejos culturalmente hablando, la cinta consigue que te llegue la historia. Realmente es un relato fantástico, nada enredoso, muy claro, con una exposición limpia, lineal incluso en sus introspecciones hacia atrás. Se va descubriendo, poco a poco, la historia, el trasfondo, las motivaciones, la venganza... Tanto la exposición del ritual del harakiri, como su componente axiológico o moral está perfectamente tratado.
La fotografía es muy nítida, pero sin esos preciosismos de las películas en blanco y negro de los directores 'americanos': Lang, Hitchcock, o Preminger. No tiene claroscuros, ni contrapicados, ni ningún recurso de ese tipo. Expone la acción a la luz blanca prácticamente sin sombras, sin reflejos.
Los actores, naturalmente, no me suenan de nada: Tatsuya Nakadai, y Rentarô Mikuni en los papeles principales. Aunque indudablemente deben ser tremendamente conocidos, porque cada uno de ellos tiene más de cien películas.
Una maravilla. Me ha encantado. Me ha parecido una obra de arte. No sé cuál es la sensación que tienen otros amigos del cine. Ni lo sé, ni me importa, porque nunca me ha importando. Tampoco pretende que mi criterio sea seguido por alguien. No soy más que un simple aficionado.
§ 4.019. Rebeldia (Jose Antonio Nieves Conde, 1954)
Una temática de fondo similar a Balarrasa (1951), aunque con menos fuerza y potencia. Misma cuestión de fondo: la presencia religiosa en la vida diaria y la lucha entre el ateísmo militante como forma de vida y la quietud espiritual del creyente practicante.
En Balarrasa la tensión dramática se eleva a la consecución de una auténtica obra de arte. Este es menos brillante. Interesante, pero algo más plana, más sutil, menos evidente. Por dos razones. En primer lugar, por la tensión sexual dramatizada entre algunos de los protagonistas. Y, en segundo lugar, por la relación algo viciosa que mantienen los escritores entre sí, el brillante, rico y ateo que ha sido condenado por el vaticano por la inmoralidad de sus obras, y el ayudante modesto que tiene método pero carece de carácter. Si la película la hubiera rodado Bardem, Fernán Gómez, Julio Bosch, Buñuel o cualquiera de nuestros clásicos de los cincuenta seguro que se hubiera centrado sólo en un tema.
El reparto es de verdadero escándalo. Delia Garcés, Fernando Fernán Gómez, Fernando Rey
Indudablemente Nieves Conde consigue una buena película, pero lejos de sus mejores obras, que para mi se sitúan en las del género policial que rodó en sus primeros años, sublimada con Los peces rojos (1955) que fue su siguiente película.
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