lunes, 13 de abril de 2026

§ 4.027. El ángel azul (Josef Von Sternberg, 1930)

He terminado de leer la novela de Heinrich Mann apenas hace una semana. Y me pareció una gran novela. No es de la potencia de Mephisto, de Klaus, hijo de Thomas, pero se le acerca bastante. Por dejas fuera de las herpe por excelencia de las letras alemanas.
No he visto, por cierto, que yo recuerde, ninguna película basada en un texto de Thomas. Y, desde luego, ninguna Montaña Mágica, ni Dr. Faustus, ni Los Buddenbrook. Sí, por supuesto, La Muerte en Venecia, que es otra de las muchas maravilla de su pluma, aunque para mi algo fuera de mis gustos fílmicos. No es Visconti el director de cine que más me gusta, aunque Confidencias sí me llegó bastante. 
La película refleja bastante bien la novela, pero se ma hecho un poco larga, tiene mucho metraje para decir lo que quiere decir. 100 minutos son muchos, y más en 1930. Porque la película tiene la friolera de 96 años. Hay es nada.
Respeta bastante bien el texto original de la novela, pero plantea algunos cambios. El profesor en la novela era de Griego, aquí lo es de Ingles. Pero más allá de eso y quizá el nombre de los alumnos, el resto queda bastante parecido. Pero el sentido de algunas cosas cambia. En la novela hay un punto de cordura en la decisión del profesor, aquí no. Aquí hay desprestigio, pérdida del sentido propio de sí mismo y descenso a los infiernos de la locura. Hay alteraciones sutiles de escenas y diálogos que le dan más contenido morboso a la cinta que  a la novela.
En la película llegas a pensar: “Bueno, y qué”. Al fin y al cabo, más allá de los escarceos de Rosa, el Profesor consigue lo que quiere. Todos juegan a su juego. Todos bailan su canción. Y él tan contento. Y, sin embargo, en la novela el deterioro es evidente. No cambia muchas cosas -ni el contexto, ni los personajes importantes- pero si el sentido de la depravación. Entre otras cosas, porque en la película quizá si le mereciera la pena, pero en la novela seguro que no.
La decadencia, la morbosidad, el cierto glamour del personaje femenino está bien construido. Lola aquí, Rosa en la novela, tiene esa atracción hacia la vulgaridad que me recuerda al éxito de determinadas políticas en este país. Su vulgaridad, exudando sexo sólo puede agradar a determinados especímenes, que buscan lo fácil en vez de tomar el camino de lo interesante.
Me ha gustado, pero se me ha hecho larga. Demasiado larga. 

sábado, 11 de abril de 2026

§ 4.026. La adúltera (Tulio Demicheli, 1956)

Seguimos con Demicheli, un director muy interesante. 
Una producción clásica para la época, de intriga y asesinato. No es exactamente una película de cine negro, pero se enmarca en esa estructura, en esa organización dramática y emocional.
Celos, traiciones, dramaturgia, desgarro, pasión y emociones desbocadas. 
Tiene un punto de telefilm, de novela de folletín, incluso de una trama barata de una novela de Stefan Sweig, aunque las salidas de su pluma, aun siendo baratas se convierten en excelentes tratados de las emociones humanas.
El argumento es algo inverosímil, pero el desarrollo tiene su miga y su desarrollo es equilibrado, aunque previsible. 
En un pozo de intriga no se comporta como una historia malsana, sino como una novela de amor amanerada y poco sofisticada. Roza una pretenciosidad burda, muy al estilo de Hollywood de la época de las grandes actrices. Me imagino esta película rodada por un americano de “clase media” y con Bety Davis, por ejemplo.
Me ha gustado. Me gusta Demicheli, un director interesante, todocamino, solvente y eficaz.

§ 4.025. Dr. Braim (Kim Jee-woon, 2021)

 


§ 4.024. La legión del silencio (José Antonio Nieves Conde y José María Forqué, 1956)

 

Pues me ha parecido una maravilla. Una inspiración, o incluso algo más, de La confesión (Costa-Gavras, 1970), una celebérrima película que denuncia las purgas del partido comunista Checo. Pero sólo en su primera parte, quizá la dirigida por Nieves Conde.
Aquí no se reconoce el país en el que se produce, y cuando se nombran ciudades o provincias en las conversaciones tampoco quiere el director que se aprecie de qué país se trata. Evidentemente es de habla hispana.
Hay que hacer algunas aclaraciones sobre el director y la época.
Nieves Conde era Falangista hasta la médula. Un hombre del régimen en le ideológico y en lo fílmico. Comprometido con el régimen de Franco ejercía como lo que era: un hombre de partido. El cine servía para mandar un mensaje, para adiestrar al público y conseguir un objetivo político.
En segundo lugar, era, probablemente, muy religioso, por lo que su aversión al comunismo era algo servido. Y la condición cristiana no es asunto menor en esta película.
En la segunda parte, quizá la dirigida por Forqué, el asunto religioso toma el protagonismo, abandonándose la trama de represión política que anunciaba. En el fondo es una película de temática religiosa. 
Pierde algo de fuerza en la segunda parte, menos enérgica y pretendidamente más reflexiva. Pero pierde potencia y energía. 
Gran Jorge Mistral, con esa cara marmórea tan característica suya y es mirada traslúcida que no transmite emoción alguna cuando quiere que eso sea así.
Me ha gustado, pero creo que hubiera sido mejor película si hubiera transitado por lo insinuado en la primera parte.

viernes, 10 de abril de 2026

§ 4.023. Tres hombres buenos (Joaquin Luís Romero Marchent 1963)

 

Es mejor un buen enemigo que un mal amigo.
Jugando con el título de la excelentísima película de John Ford Tres hombres malos de 1926, nos presenta el J de los Marchent una obra personal, interesante, muy bien rodada y adecuada a los cánones que se esperan de un Paella´s Western.
Se acompaña muy bien con la música, los extras (que son muchos) la escenografía -verdaderamente lograda- y los escenarios naturales. No diría que rodada en Extremadura, pero, desde luego, sí en lugares muy similares. Esos canchales, esa roca viva de granito, esas llanuras desérticas, la falta de vegetación de altura, las casas y los muebles y las casas.
En la de Ford se llamaban malos, pero eran bueno, aquí ocurre algo absolutamente contrario. Se llaman buenos, y son buenos. Buenos que persiguen a los malos para matarlos, claro. Pero bueno, nos entendemos.
El paso de los años y el caminar de los caballos sobre la nieve buscando los dos hombre su (diferente) venganza, cada cual la suya, asemejan la historia a Centauros.
Me ha gustado, nada pesada, bien rodada, entretenida y con sabor a buen Oeste.
La labor de un artesano se reconoce en pequeñas cosas, la iluminación, el dominio del tiempo, del espacio, la composición de los planos, de las composiciones cuando están presentes varias personas, etc. Todo esto lo domina Marchent.

§ 4.027. El ángel azul (Josef Von Sternberg, 1930)

He terminado de leer la novela de Heinrich Mann apenas hace una semana. Y me pareció una gran novela. No es de la potencia de Mephisto, de K...