Desconocía quién era Mishima, su potencia, su estilo y la influencia de su obra. No digo nada ya de su muerte, de la locura de su intento de Golpe de Estado, de la polémica que le acompañó, etc.
Una película interesante, bien rodada, con pretensiones, con propósito. Algo ampulosa, alambicada, y con una cierta cadencia que la aleja de las cintas más notables de Schrader.
Producida por Francis Ford Coppola y George Lucas, dos cineastas que por sí mismo llevaría un estadio de críticos y público a favor de su obra.
Entiendo que Schrader ya era un director consolidado, quizá desde el comienzo de su producción. Blue Collar fue un éxito inconmensurable, tanto de público como de crítica.
Esta incursión en culturas distintas tiene su atractivo, pero no es, ni por asomo, una cinta “japonesa”, ni en los temas que toca, ni en la estructura formal o estética, ni en la cadencia de sus planteamientos. Nada que ver.
Me ha gustado, pero esperaba otra cosa. Es interesante, está bien rodada, pero no profundiza en el personaje, me parece fría por momentos, académica y ortodoxa pero heladora. Le falta el pulso y la tensión que le sobra a Aflicción, que por supuesto es muchísimo mejor obra.
Y se aleja de la morbosidad de El placer de los demás, que es también una gran obra, en donde se explora con mayor determinación aspectos que le interesan a Schrader.
La pérdida de valores japoneses a lo que se oponía Mishima no se ven del todo reflejado en la película. Los personajes se comportan como si fuesen occidentales, americanos. Carecen de la gestualidad japonesa, de la seducción que imprimen sus caracteres, de la atracción de su carácter. No consigue profundizar en la ideación de lo japonés.
Está bien, pero no me ha sorprendido. Hay algo de usual, de trillado, de conocido.
La idea de hacer avanzar la película exponiendo las obras claves de su trayecto es brillante. Para un desconocedor absoluto de su obra es una forma muy interesante de acercarse al autor.





