Una temática de fondo similar a Balarrasa (1951), aunque con menos fuerza y potencia. Misma cuestión de fondo: la presencia religiosa en la vida diaria y la lucha entre el ateísmo militante como forma de vida y la quietud espiritual del creyente practicante.
En Balarrasa la tensión dramática se eleva a la consecución de una auténtica obra de arte. Este es menos brillante. Interesante, pero algo más plana, más sutil, menos evidente. Por dos razones. En primer lugar, por la tensión sexual dramatizada entre algunos de los protagonistas. Y, en segundo lugar, por la relación algo viciosa que mantienen los escritores entre sí, el brillante, rico y ateo que ha sido condenado por el vaticano por la inmoralidad de sus obras, y el ayudante modesto que tiene método pero carece de carácter. Si la película la hubiera rodado Bardem, Fernán Gómez, Julio Bosch, Buñuel o cualquiera de nuestros clásicos de los cincuenta seguro que se hubiera centrado sólo en un tema.
El reparto es de verdadero escándalo. Delia Garcés, Fernando Fernán Gómez, Fernando Rey
Indudablemente Nieves Conde consigue una buena película, pero lejos de sus mejores obras, que para mi se sitúan en las del género policial que rodó en sus primeros años, sublimada con Los peces rojos (1955) que fue su siguiente película.





