sábado, 28 de marzo de 2026

§ 4.019. Rebeldia (Jose Antonio Nieves Conde, 1954)

Muy bien trazada, bien narrada y con el estilo de la época en un tema que supongo que le encantaba al público de la época: la redención de las personas desviadas de las ortodoxia oficial. No tengo tan claro que fuera del gusto del régimen, que intuyo que indudablemente cuestionaría la temática y su desarollo. Aunque no es directamente combativa con la religión, sí muestra, con cierto desprecio incluso, la tensión latente entre las clases sociales y la lucha entre el ateísmo militante y la fe como camino de vida.
Una temática de fondo similar a Balarrasa (1951), aunque con menos fuerza y potencia. Misma cuestión de fondo: la presencia religiosa en la vida diaria y la lucha entre el ateísmo militante como forma de vida y la quietud espiritual del creyente practicante.
En Balarrasa la tensión dramática se eleva a la consecución de una auténtica obra de arte. Este es menos brillante. Interesante, pero algo más plana, más sutil, menos evidente. Por dos razones. En primer lugar, por la tensión sexual dramatizada entre algunos de los protagonistas. Y, en segundo lugar, por la relación algo viciosa que mantienen los escritores entre sí, el brillante, rico y ateo que ha sido condenado por el vaticano por la inmoralidad de sus obras, y el ayudante modesto que tiene método pero carece de carácter. Si la película la hubiera rodado Bardem, Fernán Gómez, Julio Bosch, Buñuel o cualquiera de nuestros clásicos de los cincuenta seguro que se hubiera centrado sólo en un tema.
El reparto es de verdadero escándalo. Delia Garcés, Fernando Fernán Gómez, Fernando Rey
Indudablemente Nieves Conde consigue una buena película, pero lejos de sus mejores obras, que para mi se sitúan en las del género policial que rodó en sus primeros años, sublimada con Los peces rojos (1955) que fue su siguiente película.

viernes, 27 de marzo de 2026

§ 4.018. Abismo de pasión (Sam Wood, 1942)

Melodrama en toda regla de esos que se recuerdan por la fuerza dramática de sus personajes, de la historia y de moraleja que transmite. 
Un poco amanerada, especialmente en la primera de las tres partes, dedicada a narrar la infancia de los protagonistas.
Niñas “repipis”, niños vestidos de primera comunión, escenarios naturales 
Los diferentes tipos de personas aparecen mostrando las cualidades y características notables de cada forma de ser. Son diferentes en cada forma de ser, pero todos ellos están dentro del mismo cosmos social, la misma estructura cerrada de una ciudad provinciana del este de EE.UU. Todo un mundo ideal al que 
Un reparto encabezado por la siempre guapa Ann Sheridan, el estirado Robert Cummings, un buen actor pero muy encasillado, el inefable Ronald Reagan, en el decir de muchos en su mejor película, y Betty Field.
También intervienen Charles Coburn, Claude Rains, Judith Anderson y la entrañable Maria Ouspenskaya. Un reparto en toda regla. Y bastante adecuado. Parece que los personajes están hechos para esos actores. 
Mención aparte merece el director, Sam Wood, un director que pareciera que pasa de puntilla en la historia del cine y que, a decir verdad, es más importante de lo que parece. A la sombra de los monstruos de la época, aquellos salvajes con decenas de obras maestras, pero alejado de las medianías comerciales. Pero tiene cuatro o seis obras verdaderamente notables.

§ 4.017. Los amantes crucificados (Kenji Mizoguchi 1954)

 Quien interprete el cine japonés clásico como frio, deshumanizado o poco pasional, no sabe lo que dice. Es exactamente, todo lo contrario. Es fuego, contenido y poco expresivo, pero calienta y hace arder las pasiones humanas básicas como cualquier otro cine. Hay que entenderlo en su justo punto, en su medida, en su contexto. Es intenso, violento, incluso salvaje y brutal. 
Aquí no hay la más mínima duda: violencia contenida, venganza, sordidez pasional, 
sexo como motor y desencadenante de las vivencias y todo una subtramas que imaginas o intuyes de pura animalidad poco virtuosa. 
Las proposiciones indecentes son igual de sórdidas en todas partes, en cualquier tiempo y circunstancias. No hay forma alguna de apreciar su  modulación.
No es exactamente una road movie, porque prácticamente no se sale de un mismo escenario (en la primera parte), pero tiene ese espíritu, la huida, la marcha, el escape por la libertad propia, por la vida (en la segunda).
Hay mucha claridad narrativa en su exposición fílmica. Lineas puras, luces y sombras bien definidas, encuadres ortodoxos. Calma y sencillez en los diálogos, tempo nítido en su recorrido temporal, emoción contenida y nada de saturación emocional. Un plano, un sentimiento; varios planos, varias emociones.

martes, 24 de marzo de 2026

§ 4.015. Dulces sueños (Karel Reisz 1985)

I

Interesante biopic sobre Patsy Cline, una cantante americana de Country de los años cincuenta de carrera fulgurante pero breve. Murió a los 31 años en un accidente de aviación. 
Su influencia en la música es, al parecer, descomunal. Cambió del Rockabilly al Country, y desde aquí al Pop. La clásica versión del sueño americano: éxito, influencia, dinero, amor, y muerte siendo un cadáver joven.
No me sueña especialmente, pero la música de la película en la que canta verdaderamente la protagonista, no la actriz, desvelan una voz característica, algo nasal pero con mucha fuerza, tono y tino. Verdaderamente un gran cantante. Lo que se denomina una voz prodigiosa. 
Millones de discos vendidos, influencia colosal en cientos de cantantes y músicos, una mujer verdaderamente impresionante. No he escuchado nada de ella. Pero no es extraño, sólo escucho Jazz.
La película está muy bien rodada, y los dos protagonistas están estupendos. La siempre eficaz Jessica Lange, sonriente y atractiva y Ed Harris como su segundo marido, quien la hizo feliz y también desdichada, alejándola de la vida familiar hacia terrenos inhóspitos de amargura, alcoholismo y resentimiento. 
El director es Karel Reisz, un director muy interesante, un virtuoso del cine británico, que se fue alejando progresivamente del movimiento del nuevo cine británico para incorporarse a una comercionalidad cada vez más acusada. A medida que avanza su carrera se difumina en película más mediocres, quizá gane público, pero pierde personalidad y atractivo. 
Su carrera es corta: - Sábado noche, Domingo mañana (1960), - Night Must Fall (1964), - Morgan, un claro clínico (1966), - Isadora (1968), - El jugador (1974), - Nieve que quema (1978), - La mujer del teniente francés (1981), - Dulces sueños (1985) y Todo el mundo gana (1990)
Me gusta como director, además de tener una vida personal de lo más peculiar.

lunes, 23 de marzo de 2026

§ 4.014. Mishima: Una vida en cuatro capítulos (Paul Schrader 1985)



 
Atrayente y sugestiva, como casi todo lo de Schrader. Visual, con mucho ritmo y tino aborda una historia de lo más peculiar. 
Desconocía quién era Mishima, su potencia, su estilo y la influencia de su obra. No digo nada ya de su muerte, de la locura de su intento de Golpe de Estado, de la polémica que le acompañó, etc.
Una película interesante, bien rodada, con pretensiones, con propósito. Algo ampulosa, alambicada, y con una cierta cadencia que la aleja de las cintas más notables de Schrader. 
Producida por Francis Ford Coppola y George Lucas, dos cineastas que por sí mismo llevaría un estadio de críticos y público a favor de su obra. 
Entiendo que Schrader ya era un director consolidado, quizá desde el comienzo de su producción. Blue Collar fue un éxito inconmensurable, tanto de público como de crítica.
Esta incursión en culturas distintas tiene su atractivo, pero no es, ni por asomo, una cinta “japonesa”, ni en los temas que toca, ni en la estructura formal o estética, ni en la cadencia de sus planteamientos. Nada que ver. 
Me ha gustado, pero esperaba otra cosa. Es interesante, está bien rodada, pero no profundiza en el personaje, me parece fría por momentos, académica y ortodoxa pero heladora. Le falta el pulso y la tensión que le sobra a Aflicción, que por supuesto es muchísimo mejor obra. 
Y se aleja de la morbosidad de El placer de los demás, que es también una gran obra, en donde se explora con mayor determinación aspectos que le interesan a Schrader. 
La pérdida de valores japoneses a lo que se oponía Mishima no se ven del todo reflejado en la película. Los personajes se comportan como si fuesen occidentales, americanos. Carecen de la gestualidad japonesa, de la seducción que imprimen sus caracteres, de la atracción de su carácter. No consigue profundizar en la ideación de lo japonés.
Está bien, pero no me ha sorprendido. Hay algo de usual, de trillado, de conocido.
La idea de hacer avanzar la película exponiendo las obras claves de su trayecto es brillante. Para un desconocedor absoluto de su obra es una forma muy interesante de acercarse al autor.

§ 4.019. Rebeldia (Jose Antonio Nieves Conde, 1954)

Muy bien trazada, bien narrada y con el estilo de la época en un tema que supongo que le encantaba al público de la época: la redención de l...