Lev Stepanovich
Lev Stepanovich era un contador de historias ciego que la abuela de León Tolstoy tenía a sueldo en la casa familiar. Era legendaria su capacidad para contar cuentos... manipularlos, hacerlos una y otra vez de manera diferente... Eso pretende este Blog, contar cuentos... de manera creible.
domingo, 31 de mayo de 2026
§ 4.072. Hipnosis (Eugenio Martín, 1962)
Aunque también rodó otras cosas interesantes: Tres Western interesantes: El precio de un hombre (1966), El hombre de río Malo (1971) (con un reparto internacional brillante: con James Mason, Lee van Cleef y Gina Lollobrigida) y El desafío de Pancho Villa (1972) (también con actores internacionales: Christopher Lee, Peter Cushing, Telly Savalas, Alberto de Mendoza, y Silvia Tortosa).
Y varias de terror: una mezclada con intriga policial: La última señora Anderson (1971); otra con el drama del aborto: Aquella casa en las afueras (1980)
Y una especie de musical de revista: La chica del Molino Rojo (1973)
Tiene más coas. Estas son las que he visto.
Me parece un director interesante. Domina el oficio y sabe lo que tiene entre manos.
Me llama la atención la producción de la cinta. Es de nacionalidad italiana, pero parece rodada por la UFA alemana.
Los créditos están rotulados en alemán, los actores también son alemanes, y en la película se emplean coches alemanes y se habla de robo de dinero en marcos alemanes.
Me ha gustado. Muy de la época.
Algo fría y desapasionada, mezclandos dos género en principio contradictorios: terror y policíaco, y con una estética Europea, cosmopolita: ciudades, fábricas, nada de campo, etc.
Al parecer coexisten dos versiones. La española de 80 minutos, más policíaca, y la internacional, de 93 minutos, más barroca y cerebral.
No creo que sea una cinta muy conocida por el seguidor del cine español.
sábado, 30 de mayo de 2026
§ 4.071. Diario de una camarera (Luis Buñuel, 1964)
La vi en 2023 por primera vez. Me gustó mucho, pero siempre he querido verla de nuevo.
Escribí esto de ella: Sátira morbosa y crítica de una sociedad decadente, en la que el sexo
juega un papel importante. Interesante, sofisticada en su exposición y
sumamente morbosa. Impresionante Jeanne Moreau, una verdadera actriz
dotadísima y eficaz. Le da ese punto de morbo que hace que la película
sea interesante. Además es muy guapa.
El retrato que hace de la relación entre los esposos es extremadamente
cruel. Ella es rica y probablemente es quien tiene el dinero y las
posesiones, y el marido vive con ella pero no convive matrimonialmente.
Además está el padre de la señora, un fetichista de los zapatos que se
dedica a fisgonear la vida de la camarera.
El vértice de todas las relaciones es ella. Que no se sabe realmente qué
hace en la finca y qué pretende. Porque es evidente que algo trama, que
no está allí por estar, que tiene un propósito. Pero no se sabe cuál
es, y cuándo va a proyectar su deseo.
No está interesada en el marido de la señora, ni tampoco en su padre, el
viejo verde. Pretende algo, pero no se sabe qué. No está allí por
estar, eso seguro.
Me gusta la escenografía, la simplicidad de la propuesta, la limpieza de
los planos, la sobriedad de su desarrollo. Y, sobre todo, la
complejidad de su pretensión.
Por supuesto no podía faltar la crítica a la iglesia y al clero, con las
confidencias que hay la señora al cura del lugar. Sacerdote que, por
otra parte, sólo está interesado en reformar el techo de la iglesia. Por
eso escucha las confidencias de la mujer sobre su imposibilidad de
tener sexo con el marido.
El otro vértice de la obra es la niña, que no se sabe de quién es,
probablemente de otra criada, que vive en la casa pero no se sabe qué
hace allí ni de dónde procede. Su asesinato y el fallecimiento del viejo
alteran por completo todas las relaciones y la averiguación del crimen
se convierte en la obsesión de la protagonista. Un suceso trágico y
drástico, violento que aunque parece socializarse fácilmente se incrusta
en las vidas de las gentes alterándolas.
§ 4.070. La ciudad maldita (Juan Bosch, 1978)
Un “Paella Western” peculiar. No raro, pero sí algo diferente de lo que se espera de este tipo de películas.
Tiene más de inspección de los delitos y menos de los elementos clásicos del cine del Oeste.
Está basada en la novela “Cosecha roja” de Dashiell Hammett, publicada en 1929.
Es un poco confusa. No es que sean fallos de guión, es que ocurren dos circunstancias. En primer lugar, ya de por sí la propia novela tiene genera confusión: multitud de personajes parecidos, intervenciones muy rápidas, conversaciones con dobles sentidos, etc. En segundo lugar, porque la traducción al lenguaje cinematográfico de la complejidad de la novela no es sencillo. Ocurre en otras excelentes películas basadas en relatos de cine negro. Desde el Halcón Maltés, hasta El sueño eterno, de Howard Hawks, aunque aquí la novela es de Raymond Chandler.
Entretiene, pero no es brillante. Funciona a un nivel muy primario, y la complejidad de la historia hubiera requerido algo más de mordiente.
Por momentos me he perdido en la historia, además de que, en algunos otros he tenido una sensación de confundirme con los personajes. Su caracterización no es distintiva.
Se puede ver una vez. Supongo que no más.
Los actores no son especialmente conocidos, lo que no me ayuda a apreciarla en toda su intensidad.
viernes, 29 de mayo de 2026
§ 4.069. La casa de las mujeres perdidas (Jesús Franco, 1983)
El tío Jess ya había entrado en la fase de desparrame total. Ya habían pasado los mejores años de su filmografía, y ahora todo era exhibicionismo y algo de depravación sexual. La motivación de la película es esa. Sin más. No tiene mala trama, y el guión podría prometer, pero su insistencia en los coños, las telas y los culos se hace pesadísimo. Tengo carrete. Con él sobre todo, porque me gustan los artesanos del cine, pero es un poco pesado.
Además el exhibicionismo de su mujer hace que todo tenga un cariz todavía más cutre y desolador. Mostrar siempre a tu mujer como una ninfómana no parece una buena idea. Sin embargo recuerdo cuando le dieron el Goya de honor y estaba en una silla de ruedas. Ella llevaba la silla y al ver la estampa no puedo sino recordar que efectivamente eran una buena pareja.
A veces veo sus películas con un cierto sentido paródico, como si no fuesen conmigo, para reírme de todo, de él por su insistencia paródica de sí mismo, y yo por perder el tiempo viendo estas cosas…
Pero el que me lee ya sabe cuál es mi pensamiento en estos temas. Esta semana he visto dos obras maestras del cine. Una de Ozu o otra de Mizoguchi, y ya son suficientes por hoy. Hay que ver cosas ligeras y deshinibidas. Pero a veces es demasiado.
Por otro lado el tratamiento que le da a la discapacidad es infame. Hoy no posaría el corte de los socialmente aceptado. No digo de los políticamente correcto, que tampoco. Digo de que socialmente se tolera o permite.
Los diálogos también son pare echarlos aparte. Qué insensateces se dicen.
Bueno un tío Jess más para pasar el rato.
miércoles, 27 de mayo de 2026
§ 4.068. Cuentos de la luna pálida (Kenji Mizoguchi 1953)
La ambición del dinero, del reconocimiento, de la prosperidad. Ese es el planteamiento inicial. Dos maneras de ver la vida de conducirse en ella. Y esa ambición puede afirmarse y sostenerse de diferentes maneras. Desde el diligente Samurai hasta el humilde alfarero.
Dos tipos diferentes de ver la vida.
La historia está bien. Pero es siempre lo de menos en Mizoguchi. Es la estética del movimiento, la cadencia de la actividad física, el relato de la movilidad.
Hay algo de fisicidad en ello. No goza de la mafestuosidad de los planos abiertos tan característicos en Kurosawa, y las motivaciones personales no son prosaicas, mundanas, alejadas de los altos valores que mueven a los personajes del mundo imaginario de Akira.
Película de corto metraje. Cien minutos, que para estos japoneses clásicos es poco. Creo recordar que todas las que he visto de él tienen más duración.
Me llama la atención la falta de talla moral de los Samurais. Se presentan más como bandidos o ladrones -que es probablemente lo que fueron- que como reaccionarios al poder que alquilan su brazo armado. Algo parecido a lo que ocurre en España con los bandoleros. Seres mitológicos que se conducían más por supervivencia que por honor.
Me ha gustado, pero no tanto como otras de Kenji. La suavidad tan sutil necesita de impulsos más firmes, en su materialización, en su propósito, en su determinación. No es que le falte pulso vital, es que el director no quiere que la película transite por esa senda emocional.
lunes, 25 de mayo de 2026
§ 4.066. El sabor del sake (Yasujirō Ozu, 1962)
Acude para su última película a un tema ya tratado en Primavera Tardía (1949). Aquí a todo color y con algo más de optimismo, con menos amargura y algo más de vitalidad. Pero sin Setsuko Hara, que tiene una gracia y un donaire verdaderamente atrayente, sinceramente brillante. Una estrella, en el tenor literal de la palabra: alguien que brilla entre los demás.
Para el papel masculino se encarga el mismo actor: Chishu Ryu, que también es un actor muy de la época.
En Ozu las emociones transitan despacio, sin prisa, con moderación, con naturalidad, nada de efectos circenses, de golpes de timón en la película, nada de violencia, por supuestos, y con formas de conducirse suaves, tranquilas, y nada histéricas. El director de la tranquilidad.
Capra lo es de la felicidad, Ozu de la tranquilidad.
Me ha gustado, pero algo menos que otras de él. La citada y Cuentos de Tokio (1953) y Crepúsculo en Tokio (1957). De las que he visto suyas la que menos me ha gustado ha sido Buenos días (1959).
Es curiosa la relación que mantienen los personajes de las películas de Ozu con el alcohol. Él tuvo muchos problemas, incluso se bromeaba en los rodajes sobre cómo iban de tiempo dependiendo del número de botellas de sake que había ido bebiendo a lo largo de la producción y montaje.
§ 4.072. Hipnosis (Eugenio Martín, 1962)
Muy de la época. Una de las primeras de Martín, que luego hizo cosas mejores, básicamente dos: Pánico en el transiberiano (1972) y Una vela ...
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