Franco era un generador de ideas de primer orden. Su cabeza, más que de director era de productor. Sus ideas son buenas, tiene capacidad contrastada para montar equipos, aprovecha bien los materiales, monta guiones (a veces muy ingeniosos) con suma facilidad, no tiene miedo a adentrarse en nuevas temáticas, espacios o estilos no trabajados con anterioridad, y aunque abusa del “rodar por rodar” siempre hay en sus películas algo llamativo, agradable, interesante, etc.
Me parece un caso único de director: trabajador, extenuantemente prolífico, denostado por la crítica (que supongo que le daría exhaustamente igual) y apreciado por parte del público. Cosmopolita, culto, un hombre interesante.
Aquí se adentra en el cuento de la vampira con una vuelta de tuerca musical de lo más interesante. Retorcida, morbosa, e intentando acercarse a un público más joven que no le conocía (ni por edad, ni por formación cinéfila) y que pretende darle una historia de su tiempo.
En ese sentido era todo un valiente.




