sábado, 12 de septiembre de 2026

§ 4.132. Doctor Jekyll y el Hombre Lobo (León Klimovsky 1972)

Un poco lo de siempre. Pero son películas entretenidas. Es, al parecer, la sexta entrega de Waldemar Daninsky, siempre con Paul Naschy a la cabeza. Aquí con Jack Taylor y Mirta Miller.
Buen color, buen formato, bien rodada, algo espesa y muy previsible, pero interesante. Algún día tengo que poner en orden todas las películas de este tipo. Verlas todas por orden, aunque sé que son de diferentes directores, épocas e incluso productoras. Pero se puede intentar.
Falta imaginación en las productoras españolas. A un precio competitivo se podrían sacar las once películas en un pack y estoy seguro que se venderían. Bueno, ahora con el streming quizá no tanto como a mi me gustaría. 
El cine de este género me gusta… Ya saben mis lectores del blog, me encantan las malas películas, creo que son muy buenas.
Siempre hay un malo que lo es pero no por elección ni convicción, sino porque se encuentra sometidos a fuerzas que no puede evitar, una chica guapísima, a veces ligera de ropa, casí siempre perturbada por la visión de horrores y por la vivencia de emociones morbosas, un par de escenas de violencia contenida, algunos momentos de tensión sexual y un resultado siempre abierto a futuras ediciones de la misma película en otro formato. 
Me ha gustado, sobre todo porque el formato está muy cuidado. Para ser una cinta de hace más de cincuenta y cinto años está muy bien lograda. A lo mejor es una restauración. 

§ 4.131. ¿Quién puede matar a un niño? (Chicho Ibáñez Serrador, 1976)


 Aunque no lo dice está claramente inspirada en El señor de las moscas, la novela de William Golding (que ha tenido, a su vez, varias versiones cinematográficas, entre ellas la muy interesante de  Peter Brook de 1963).
Los créditos de la película indican que se basa en la novela de Juan José Plans titulada El juego de los niños (1976). Pero existe una evidente conexión entre ellas.
Plans trabajó en la Cadena Ser durante muchos años con programas de terror radiofónicos, y lo he escuchado en podcast clásicos que se han recuperado narrando historias de terror muy bien estructuradas.
Me ha sorprendido la película. No esperaba un desarrollo tan crudo y terrorífico. Bien construida, bien narrada, con actores extranjeros.
Me ha llamado la atención la referencia que hacen los protagonistas a La Dolce Vita (Federico Fellini, 1960), más que nada porque desvirtúa por completo el argumento de la historia. El protagonista le dice a la protagonista que es la historia de un señor que asesina a sus hijos para que no sufran los problemas generados por los hombres. Nada que ver con la realidad, por supuesto.
La maldad en los niños tiene algo singularmente maléfico, luciferino, “becebulesco”, porque mezcla la ignorancia con la crueldad, y siempre se supone que el mal es informado, no ignoto.
Su principio me parece un poco lento, excesivamente moroso, poco adecuado para lo que se espera de ella. Sirve para crear expectativas, generar confusión y acentuar la disonancia con lo que va a ocurrir en la segunda parte.
Cuando llegan a la Isla la historia fluye de manera más rápida.
No conocía a ninguno de los dos actores adultos, Lewis Fiander y Prunella Ransome. A él solo le visto en El doctor y los diablos (Freddie Francis, 1985), y a ella únicamente en  Lejos del mundanal ruido (John Schlesinger, 1967).
Más allá del terror implícito en la presencia de los niños, otro tema de la cinta podría ser la incomunicación entre adultos y niños, aunque de manera más secundaria.
Me ha interesado, pero no me ha gustado tanto como La Residencia, de 1969, que sí la veo como película más hecha, más cerrada, más ortodoxa. 
Esta parece, no obstante, mucho mejor cinta, más influyente. Una película de culto, que siempre funciona como referencia entre las mejores española de terror de todos los tiempos. 
Apreciar cómo el miedo y el terror se va introduciendo en los adultos a través de la soledad, la ausencia de adultos y la única presencia de niños que, además, son muy poco comunicativos genera una tensión creciente que augura un resultado más que previsible. 
Interesante, pero no me parece tan determinante como muchos cinéfilos la aprecian.

viernes, 11 de septiembre de 2026

§ 4.130. Apocalipsis sexual (Carlos Aured y Sergio Bergonzelli, 1982)


 Supongo que cada director rueda lo que puede, no lo que quiere. Excepto los verdaderamente brillantes. Aured tiene cosas la mar de interesante, perdone algún momento debió entender que su única manera de seguir rodando era meter a gente en el cine como fuese, y en aqeul momento el porno soft era un camino más o menos seguro.
Esto es una cinta abiertamente pornográfica, al estilo de otras tantas que se rodó en aquellos años, que no tiene nada de singular. 
La veo por esa pretensión de “totalidad” que tengo sobre muchos directores, ese propósito de ver todo lo que rodaron. Pero en este caso, la verdad, es que es un bodrio.
Como curiosidad: actúa Lina Roman, musa de Jesus Franco.



§ 4.129. El factor humano (Otto Preminger, 1979)

 

La vi hace muchos años, no menos de 25 y me gustó. Ahora la he vuelto a ver, y me ha volado la cabeza. Es una gran película, una cinta realmente brillante.
Y lo peculiar de la cosa es que el novelista Graham Greene sí tuvo contacto muy directo, además, con Kim Philby, un espía británico que trabajó 30 años para los americanos siendo un alto funcionario del MI6. La película es anterior a que se descubriera el escándalo, pero es sintomático que la temática sea parecida, sino idéntica. Esta historia merecería una gran serie de televisión, pero no creo que se haya rodado.
No es una cinta oscura, pero sí los propósitos que anidan en el protagonista. Es capaz de pasar desapercibido y, a la vez, tener una gran capacidad de observación. 
Me ha encantado.

lunes, 31 de agosto de 2026

§ 4.127. La vía láctea (Luís Buñuel, 1969)

Me cuestan las películas surrealistas de Buñuel. No es el cine que me gusta, por dos razones. Porque no lo entiendo -ni en el fondo, ni en la forma-, y porque me disgusta el tono satírico y burlón permanente que mantiene con cualquier situación, con todas las personas, las ideas. No porque me disguste esa perspectiva, sino porque la mayoría de la veces no sé a dónde va, no sé qué quiere decir, ni para qué emplea ese lenguaje.
El tema elegido era el ideal para proyectar su ateísmo. Es religioso sólo tangencialmente, por lo que pasa por debajo del radar de la crítica abierta de las instancias religiosas. De manera sutil e inteligente va dejando caer sus críticas con ironía, humor y surrealismo, es decir, con comportamientos desusados y fuera de lo admitido como normal, natural y educado con estándares ortodoxos y admitidos por la sociedad.
No es de mis Buñueles favoritos, ni mucho menos, pero tiene su gracia para completar su filmografía.

§ 4.126. Un extraño en la escalera (Tulio Demicheli, 1955)

Clarísimamente influenciada por el cine negro, la película intenta retratar, cómo la ambición cruzada con pasión por unas faldas puede provocaran verdadera obnubilación. 

Genial Arturo de Córdova, y magnífica Silvia Pinal.

Evidentemente bebe en las fuentes clásicas, pero lo hace verdaderamente bien.

Bellísima Silvia, una como verdaderamente hermosa, moderna, grande, ojos enormes, y una gracias y un garbo morboso y con ese olor a sexo que sólo saben exhumar las grandes bellezas del Hollywood clásico. Me recuerda a Kim Novak, con esa cabellera impresionante con una espalda recta que no acaba. Una belleza. Pero Pinal no le va a la zaga, ni mucho menos.

§ 4.132. Doctor Jekyll y el Hombre Lobo (León Klimovsky 1972)

Un poco lo de siempre. Pero son películas entretenidas. Es, al parecer, la sexta entrega de Waldemar Daninsky, siempre con Paul Naschy a la ...