Retrato de un país Sudamericano, con sus intrigas, con sus Presidentes corruptos, con sus traiciones, sus sevicias, sus torturas, sus presos, todos los tópicos en una pelícla que funciona a la perfección. Es espectacular. Alejada del subrealismo, de las imágenes oníricas y de las perspectivas subjetivas.
Pretende, sin ninguna duda, implementar una revindicación política, y lo hace a través de una historia de amor imposible. Pero, a su vez, estudiar el juego del poder, de la ambición, de la ambición desbocada, desmedida, dentro de un régimen corrupto y salvaje.
Plantea dos perspectivas muy interesantes. Que la ambición como tal no sabe diferenciar entre lo profesional y lo personal. Sé es ambicioso porque se es ambiciosos, en todos los terrenos, en todos los aspectos, ante todos y ante uno mismo.
Y, en segundo lugar, que la ambición se retroalimenta desde lo femenino. Es la mujer la que alberga deseos ocultos y fomenta la ambición de aquel que tiene la semilla de la ambición.
Dos actores absolutamente míticos: Gérad Philipe, un actor de culto francés muy apreciado, y María Félix, una belleza mexicana rotunda y racial a la que le supongo una vida "entretenida".

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