Me cuestan las películas surrealistas de Buñuel. No es el cine que me gusta, por dos razones. Porque no lo entiendo -ni en el fondo, ni en la forma-, y porque me disgusta el tono satírico y burlón permanente que mantiene con cualquier situación, con todas las personas, las ideas. No porque me disguste esa perspectiva, sino porque la mayoría de la veces no sé a dónde va, no sé qué quiere decir, ni para qué emplea ese lenguaje.
El tema elegido era el ideal para proyectar su ateísmo. Es religioso sólo tangencialmente, por lo que pasa por debajo del radar de la crítica abierta de las instancias religiosas. De manera sutil e inteligente va dejando caer sus críticas con ironía, humor y surrealismo, es decir, con comportamientos desusados y fuera de lo admitido como normal, natural y educado con estándares ortodoxos y admitidos por la sociedad.
No es de mis Buñueles favoritos, ni mucho menos, pero tiene su gracia para completar su filmografía.
Lev Stepanovich era un contador de historias ciego que la abuela de León Tolstoy tenía a sueldo en la casa familiar. Era legendaria su capacidad para contar cuentos... manipularlos, hacerlos una y otra vez de manera diferente... Eso pretende este Blog, contar cuentos... de manera creible.
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