Segunda película de Nieves Conde. No he visto su debut, no la he encontrado.
No tiene la atracción de otras obras mayores suyas: Surcos, Los peces rojos, Balarrasa, Rebeldía, etc.
La escenografía parece una obra de teatro. Pocos personajes, rodada siempre en interiores, diálogos espesos, serios, trascendentes, dramáticos. Y una cierta pretensión de trascendencia. Nieves Conde quería trascender, quería dejar huella, entendía que el cine era para algo más que entretener.
La música, muy intrusiva, consigue exponencial los momentos dramáticos de manera excesivamente subrayada.
Consigue transmitir la sensación de fracaso, y también el peso de las responsabilidades, pero no así el alivio de la solución que plantea, que sueña en realidad.
Tiene su fondo moral, por supuesto, al estilo de esas películas americanas a medio camino entre el melodrama y el cine negro, con uso retrospectivo de los recuerdos como método discursivo. Funciona. No del todo bien, pero funciona.
La película va comiendo peso a medida que avanza. Quizá el comienzo no está bien planteado, pero la trama central sí tiene cuerpo y estructura.
Se deja ver, en definitiva, tiene fondo y forma, y un metraje civilizado.
La copia que he visitando no es especialmente buena, el sonido no se escucha del todo bien y las imágenes no son del todo nítidas. Un blanco y negro desvaído, poco definido.
Al parecer Nieves era un Falangista de pro, un hombre duro del régimen. Me es indiferente la adscripción política de un director. De hecho algunos abiertamente comunistas me gustan tanto como éste. Barbem, Pontecorvo, Eisenstein. No sé si Tarkovsky está en ese grupo.
No es de lo mejor de Nieves. Ni mucho menor. De hecho, no es especialmente buena.
Lev Stepanovich era un contador de historias ciego que la abuela de León Tolstoy tenía a sueldo en la casa familiar. Era legendaria su capacidad para contar cuentos... manipularlos, hacerlos una y otra vez de manera diferente... Eso pretende este Blog, contar cuentos... de manera creible.
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