Lev Stepanovich era un contador de historias ciego que la abuela de León Tolstoy tenía a sueldo en la casa familiar. Era legendaria su capacidad para contar cuentos... manipularlos, hacerlos una y otra vez de manera diferente... Eso pretende este Blog, contar cuentos... de manera creible.
viernes, 29 de mayo de 2026
§ 4.069. La casa de las mujeres perdidas (Jesús Franco, 1983)
El tío Jess ya había entrado en la fase de desparrame total. Ya habían pasado los mejores años de su filmografía, y ahora todo era exhibicionismo y algo de depravación sexual. La motivación de la película es esa. Sin más. No tiene mala trama, y el guión podría prometer, pero su insistencia en los coños, las telas y los culos se hace pesadísimo. Tengo carrete. Con él sobre todo, porque me gustan los artesanos del cine, pero es un poco pesado.
Además el exhibicionismo de su mujer hace que todo tenga un cariz todavía más cutre y desolador. Mostrar siempre a tu mujer como una ninfómana no parece una buena idea. Sin embargo recuerdo cuando le dieron el Goya de honor y estaba en una silla de ruedas. Ella llevaba la silla y al ver la estampa no puedo sino recordar que efectivamente eran una buena pareja.
A veces veo sus películas con un cierto sentido paródico, como si no fuesen conmigo, para reírme de todo, de él por su insistencia paródica de sí mismo, y yo por perder el tiempo viendo estas cosas…
Pero el que me lee ya sabe cuál es mi pensamiento en estos temas. Esta semana he visto dos obras maestras del cine. Una de Ozu o otra de Mizoguchi, y ya son suficientes por hoy. Hay que ver cosas ligeras y deshinibidas. Pero a veces es demasiado.
Por otro lado el tratamiento que le da a la discapacidad es infame. Hoy no posaría el corte de los socialmente aceptado. No digo de los políticamente correcto, que tampoco. Digo de que socialmente se tolera o permite.
Los diálogos también son pare echarlos aparte. Qué insensateces se dicen.
Bueno un tío Jess más para pasar el rato.
miércoles, 27 de mayo de 2026
§ 4.068. Cuentos de la luna pálida (Kenji Mizoguchi 1953)
La ambición del dinero, del reconocimiento, de la prosperidad. Ese es el planteamiento inicial. Dos maneras de ver la vida de conducirse en ella. Y esa ambición puede afirmarse y sostenerse de diferentes maneras. Desde el diligente Samurai hasta el humilde alfarero.
Dos tipos diferentes de ver la vida.
La historia está bien. Pero es siempre lo de menos en Mizoguchi. Es la estética del movimiento, la cadencia de la actividad física, el relato de la movilidad.
Hay algo de fisicidad en ello. No goza de la mafestuosidad de los planos abiertos tan característicos en Kurosawa, y las motivaciones personales no son prosaicas, mundanas, alejadas de los altos valores que mueven a los personajes del mundo imaginario de Akira.
Película de corto metraje. Cien minutos, que para estos japoneses clásicos es poco. Creo recordar que todas las que he visto de él tienen más duración.
Me llama la atención la falta de talla moral de los Samurais. Se presentan más como bandidos o ladrones -que es probablemente lo que fueron- que como reaccionarios al poder que alquilan su brazo armado. Algo parecido a lo que ocurre en España con los bandoleros. Seres mitológicos que se conducían más por supervivencia que por honor.
Me ha gustado, pero no tanto como otras de Kenji. La suavidad tan sutil necesita de impulsos más firmes, en su materialización, en su propósito, en su determinación. No es que le falte pulso vital, es que el director no quiere que la película transite por esa senda emocional.
lunes, 25 de mayo de 2026
§ 4.066. El sabor del sake (Yasujirō Ozu, 1962)
Acude para su última película a un tema ya tratado en Primavera Tardía (1949). Aquí a todo color y con algo más de optimismo, con menos amargura y algo más de vitalidad. Pero sin Setsuko Hara, que tiene una gracia y un donaire verdaderamente atrayente, sinceramente brillante. Una estrella, en el tenor literal de la palabra: alguien que brilla entre los demás.
Para el papel masculino se encarga el mismo actor: Chishu Ryu, que también es un actor muy de la época.
En Ozu las emociones transitan despacio, sin prisa, con moderación, con naturalidad, nada de efectos circenses, de golpes de timón en la película, nada de violencia, por supuestos, y con formas de conducirse suaves, tranquilas, y nada histéricas. El director de la tranquilidad.
Capra lo es de la felicidad, Ozu de la tranquilidad.
Me ha gustado, pero algo menos que otras de él. La citada y Cuentos de Tokio (1953) y Crepúsculo en Tokio (1957). De las que he visto suyas la que menos me ha gustado ha sido Buenos días (1959).
Es curiosa la relación que mantienen los personajes de las películas de Ozu con el alcohol. Él tuvo muchos problemas, incluso se bromeaba en los rodajes sobre cómo iban de tiempo dependiendo del número de botellas de sake que había ido bebiendo a lo largo de la producción y montaje.
domingo, 24 de mayo de 2026
§ 4.065. Man on the Moon (Milos Forman, 1999)
Dudo bastente que, tal y como lo retratan en la película, no tuviese de verdad un problema psíquico, o incluso de doble personalidad.
Me parece que lleva su visión de las cosas hasta un punto delirante. Aunque quizá de eso se trate. De conseguir que la gente se ría de verdad, de sí misma, de los demás, de todo, de cualquier cosa.
Desde luego es una forma muy creativa de abordar el mundo del espectáculo. Novedosa y rupturista, quizá lo mejor que se puede decir de un cómico.
§ 4.064. El Golem (Paul Wegener y Carl Boese, 1929)
No sé cuál sería el papel que este tipo de cintas jugó en la persecución de los judíos, en la histórica persecución de los judíos, legitimando las que ya se habían producido antes de la misma y dando cobertura a las que se producirían después de ella.
No suelen gustarme las películas mudas. Sí las de los años treinta, con la incorporación del sonido, pero no son muchas las que tengo de la década de los años veinte.
Sí me gustó mucho La Carreta Fantasma; Tres hombre malos; Nosferatu y las de Lang: Viaje a la Luna; Metrópoli, etc. También Juana de Arco de Dreyer. Pero poco más. No creo que llegue a cien películas las que tengo mudas.
La veo con interés y curiosidad, con ganas de aprender y saber de cine, pero no me parece la quintaesencia del cine.
Personajes estáticos, hieráticos, con movimientos poco naturales, con dificultades para expresar sentimientos o emociones. La música repetitiva tan insistente que no deja lugar a nada más que la escucha de un piano -bien tocado, eso sí- y algún instrumento de viento, seguramente una flauta.
Una historia interesante, con un guión simple y eficaz. Una singular historia de supervivencia en un contexto de discriminación religiosa.
Nada más y nada menos. Tema moderno en donde los haya. Además puede verse como un antecedente claro de Frankenstein y del cine de monstruos.
No desees aquellos que no puedan controlar una vez obtenido.
Reconocida obra del expresionismo alemán, tan influyente en directores posteriores, y desde éstos a todo el cine mundial. Sin ellos este invento maravilloso hubiera sido otro.
sábado, 23 de mayo de 2026
§ 4.063. Trauma (León Klimovsky, 1978)
Última película de Klimovsky, un todoterreno, un director que sirve para todo. Principalmente terror, películas de situación y el típico fantaterror, entre el miedo y el erotismo básico y nada edificante.
Nada que ofrecer, mala de solemnidad, tópica y típica sin ningún tipo de sensación de bondad o verdadera calidad.
Un despido acorde a la calidad media de sus trabajos.
Interesantes a veces, pero otras recurrentes y aburridos. Tediosos como esta, que nada aportan pero que pretenden entretener.
No me ha gustado, tiene cosas mejores, casi todas.
El reclamo de Agata Lys como estrella principal de la película ya dice mucho sobre lo que pretendía la cinta. Una actriz dedicada a géneros de cine expositivo, de la época, de destape.
Me gustaría saber en qué ciudad se ha rodado. Me suena la sierra de Madrid, Segovia, quizá Tordesillas, ese tipo de sierra de pinos y construcciones de piedra tan típicas de los años ochenta, aspiracionales, de dobles residencias y amantes ocasionales. Todo un mito en la filmografía patria.
§ 4.075. Cómicos (Juan Antonio Bardem, 1954)
Vida y obra. Aspectos que en cualquier profesión van separados sin problema alguno, en determinadas profesiones -como los actores de teatro...
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