domingo, 30 de marzo de 2025

§ 3.729. Octubre (Sergei Eisenstein, y Grigori Aleksandrov, 1927)

De las tres que he visto de manera consecuiva del director soviético, ésta es la que más me ha gustado. Su manera de narrar es menos esquemática, más lineal. Dedicada a narrar los episodios y circunstancias de la revolución de octubre, en realidad auténtica guerra civil por la toma del poder, se hizo como conmemoración a los diez años de aquellos hechos. Evidentemente,  tiene un tono propagandístico y elegíaco, pero es de una belleza singular.
Es capaz de conmover, de proyectar energía, de ser fiel a la parte del relato que al director le interesa y todo ello siendo fiel a un estilo narrativo que se caracteriza, a mi modesto modo de ver por tres variables. En primer lugar, la sucesión de planos a un ritmo vertiginoso. Supongo que en el montaje tuvo que hacer encaje de bolillos, porque verdaderamente hace cientos en cada minutos. Literalmente. Son planos que alternan la cercanía intensiva, a veces tan cerca que sólo eres capaz de ver el rostro del protagonista, que ocupa toda la pantalla, con planos sumamente abiertos que recorren la monumentalidad del escenario natural en el que se rueda. En segundo lugar, por el empleo de extras de una manera desmesurada. Hay planos en donde fácilmente puede haber 300 personas. En una plaza, bajando una escalera, etc. Y, en tercer lugar, por el tono realista que imprime a todo lo que hace. No sólo en relación al fondo de la cuestión, que es evidente, sino en el planteamiento estético del asunto. No hay épica forzada (de esa tan americana que a veces conmueve, la épica que sólo se da en el cine, nunca en la realidad) sino dramatismo realista y naturalismo emocional. Las cosas que cuenta provocan consecuencias, sentimientos en las personas, y los pretende mostrar cómo son, sin almíbar o azúcar. Como son, sin más.
Tiene algo de monumental, de grandioso, de extenso, de dedicado a lo inmenso. Combina a la perfección esa grandiosidad en el decorado con la atención a la caras de manera minimalista. Esa es su aportación, una de ellas, al cine, desde mi humildísimo punto de vista.
De las tres que he visto, ésta me parece la obra más madura. 


sábado, 29 de marzo de 2025

§ 3.728. El acorazado Potemkin (Sergei Eisenstein, 1925)

Celebérrima cinta que vi hace no menos de treinta años y que ni me gustó ni entendí en toda su dimensión moral y estética.
Muy visual y atrevida: planos, extras, planteamiento que parecen imposibles hace cien años, pero que, seguramente, siguen influyendo a artistas, aficionados y estetas del cine y del arte. 
En énfasis de las imágenes, la arquitectura invisible de la secuencia de planos refleja el poder y su abuso. Por encima de otra cosa. 
En "La huelga" eran los empresarios, en ésta los militares. 
Los oficiales son feos, barbados, con bigote, mal afeitados. Y, sin embargo, los marineros, que representan la virtud y la camaradería, se representan de blanco, con caras nobles, crispadas por el miedo, pero con dignidad. 
Es magnífica, con una bando sonora brillantísima.  Emociona, y por momentos expandes tu propia mirada hacia un horizonte revolucionario que todo el mundo ha experimentado, especialmente cuando eres joven. Un motín muy bien narrado. Las causas, el desarrollo, el desenlace. Un relato universal.
Me ha gustado mucho.

§ 3.727. La huelga (Sergei Eisenstein, 1925)

 
Cine ideológico, como instrumento de acción política y social. El cine sirve, para el Director, para algo más que para narrar historias. 
Siempre he huido de esos planteamientos, pero no soy iluso. Sé que el cine sirve para más cosas que para entretener. 
Estereotipos aparte, que es mucho decir en esta película, en las de este tipo, la calidad visual las soluciones narrativas que plante son inmensas. De una modernidad absoluta. Hasta cierto punto puede considerarse, en los aspectos fabriles, como un anticipo de Metrópolis (Fritz Lang, 1927), en el funcionamiento de la maquinaria de la empresa, etc.
La restauración de la cinta es una maravilla. Se ve con una claridad meridiana. No es fácil de ver. Qu los substituíos sean en inglés me ha dificultado un tanto su visitando. Pero me ha gustado mucho. Algunos matices de la traducción se pierden del original al subtítulo, y de éste al inglés, y de mi comprensión de éste a mi cerebro. Pero me apaño.
Los primeros planos de las caras me ha recordado a Fuller, pero aquí tienen aspectos más dramatizados, menos naturalistas, más artificiales. Más propios del momento y lugar. Sin más. 
La música me ha parecido brillante, acompañando perfectamente a la acción. 
Un suicidio en tiempo y lugar de trabajo como desencadenante de la huelga. Se acusaba al trabajador de ser un ladrón y prefirió suicidarse antes de vivir con el estigma y la mancha. Nota para un estudio del suicidio como accidente de trabajo.

sábado, 15 de marzo de 2025

§ 3.725. La sombra del judoka contra el doctor Wong (Jesus Franco, 1985) 

Qué cachondo el tio Jess. De los múltiples seudónimos que empleo, que fueron de lo más variopinto, éste es el que más me gusta. Clifford Brown. El magnífico trompetista que estaba llamado a ser el rey de lo suyo y que falleció en un accidente de tráfico muy joven, a los 25 años. Nunca se sabe qué hubiera sucedido si hubiera continuado tocando y componiendo, pero todavía se editan discos suyos, yo os he comprado hace relativamente pocos años, y eran copias en CD de alta calidad y mucho desarrollo.
Veo en el teléfono que tengo 9 discos suyos, algunos él solo, otros con Sonny Rollin, con Max Roach, con cantantes femeninas en un recopilatorio largo, etc. Un músico muy influyente.
La película es un espanto. Realmente un espanto. Mala de solemnidad. Una incursión en las películas de peleas de chinos. No sé ni cómo se atreve, la verdad. Es un tipo de lo más peculiar. Se atreve con todo. No es un género que haya tratado mucho, pero, desde luego, sé cuando una película es potable y cuando no. Y esta no lo es. El guión, pues vale, una venganza y demás, pero la ejecución. Un espanto. Un sinsentido plano y sin sustancia. Una pelea aquí, unos golpes allí, una riña tumultuaria, en fin... un espanto.
No sé realmente si estas películas que había como churros tenían salida comercial y si recuperaban lo invertido. Supongo que sí, porque si no fuese así no le prestarían el dinero para las siguientes. Ésta, a lo mejor tenía una segunda salida en los videoclub. Probablemente. 

lunes, 10 de marzo de 2025

§ 3.724. Casanova Brown (Sam Wood, 1944)

Enredos, amor, comedia de situación, con una trama muy entretenida y solvente.
Un Gary Cooper, unas más que decente Teresa Wright, a los que les acompañan Frank Morgan como pícaro maduro y una actriz que se llama Anita Louise, que no me suena de nada. Se me hace raro ver a Cooper en una historia tan peculiar, cómica y fuera de los cánones dramáticos, que es donde mejor se maneja. 
La cinta se ve perfectamente. Un perfecto sonido y unos subtítulos en amarillo que se leen perfectamente.
La azarosa concatenación de circunstancias es estupenda, tiene su gracia y un trabajo de guión de lo más intenso. A los mandos Nunnally Johnson, casi nada, sobre una obra de Floyd Dell, y Thomas Mitchell.
Un guión muy avanzado para su época.  Enredos matrimoniales entre personas no casadas, que tienen bebés, y se quieren casar con otras, etc.
La comedia no es mi género, tampoco el de Cooper, y, sin embargo, él está estupendo y a mi me ha gustado mucho la cinta.

domingo, 9 de marzo de 2025

§ 3.723. Nefertiti, Reina del Nilo (Fernando Cerchio, 1961)

La música que principia la cinta es muy parecida a la de la segunda fase de Cleopatra de Mankiewicz, cuando la derrota, el alcohol y los desastres acechan a las vidas de los protagonistas más importantes de la obra.
No había visto nada de Cerchio, al que tengo por un director de Serie B italiano. Western baratos, spaguetti, obras históricas, y de aventuras.
No está mal rodada, lo que ocurre es que le sobran 20 minutos, un 20 por ciento. Las cosas se pueden contar de manera más rápida y directa. 
Los escenarios están muy bien trazados, las ropas, los atrezos, etc.
Lo que ocurre es que, a pesar de los fallos de guión, las rémoras de continuidad, y algunas cosas más, de manera incomprensible, va decayendo y vas perdiendo el interés en ella. Los primeros 40 minutos tienen interés, van narrándose las cosas y muestras interés por ver qué ocurre y disfrutas del proceso. Pero luego, como digo, sobre el minutos 40 ó 45 va perdiendo interés.
Jeanne Crain es Nefertiti. Guapa y sobria, pero algo acartonada. No sé si es fría o distinta, pero no la ves implicada en el papel. No me ha parecido brillante. Vincent Price es el Sumo Sacerdote. Y no, decididamente, no. Con un rostro casi desfigurado por el maquillaje y con las cejas depiladas. Edmund Purdom es el escultor, con un aire al musculoso Victor Mature, pero sin tanta gracia. Al lado de Victor, éste actor es un aprendiz. Por último, Amedeo Nazzari es el Faraón. 
La música es de Carlo Rustichelli, un compositor muy prolífico, pues trabajó en decenas de obras.
Una cinta que pretende ser entretenida, pero que naufraga un poco a medida que avanza y que se pierde en sus pretensiones de gran obra. Interesante, sin más.

$ 3.974. Él (Luis Buñuel, 1953)