martes, 21 de abril de 2026

§ 4.036. Apartado de Correos 1001 (Julio Salvador, 1950)

Otro clásico del cine español. Del género policíaco patrio. Una de las primeras de este subgénero. Pionera e innovadora. 
Ha visto decenas de cintas similares sobre la CIA, la Interpol, Schott Lang Yard, etc. A medio camino entre la propaganda y el reconocimiento social a la policía. 
Basado en hechos reales, aunque muy alterados en la película, muestra las capacidades detectivescas de la policía española en los años duros de la postguerra.
Perfectamente imbricada en un guión portentoso, obra de Julio Coll, que luego fue un director verdaderamente notable del cine español, también con cintas de este género policíaco.
Muestra una ciudad de Barcelona urbana y activa, con sus tranvías, calles y plazas atestados de gente que va y viene, con el pulso de la vida muy acelerado. 
Tiene madera de gran obra, sustentada en el guión, en la eficacia de las técnicas policiales y en la pimienta de la relación amorosa que se cocina entre el policía joven y la chicas inocente que manda las cartas.

lunes, 20 de abril de 2026

§ 4.035. Surcos (José Antonio Nieves Conde, 1951)

Neorealismo español. Cine moderno. Retrato duro y salvaje de una España que fue, que quizá todavía sigue siendo en algunos aspectos.
Impresionante pulso, nada tiene que envidiar a las mejores películas italianas del género.
No es documental, es Neorealismo. El propio director hace un gas al género, cuando el nuevo rico y jefe de la organización delictiva vuelve del cine con su querida y comentan que la película ha sido un rollo, y que era de esas nuevas de Neorealismo.
Por lo que he leído no gustó ni a la Iglesia, ni a los Franquistas, ni al poder establecido. Natural. Seguro que tampoco le gustó a los izquierdosos.
Se ve en un verbo. Son 99 minutos, pero se pasan volando. Es mérito de la cinta, claro. 
La copia que he visto se ve perfectamente, evidentemente se encuentra restaurada. Un blanco y negro verdaderamente bonito, que cuadra bien con la arquitectura de la ciudad: hormigón y sombras. 
La necesidad de sobrevivir se junta con la ambición como motor de vida. Parece que sólo es posible lo primero con grande dosis de los segundo. Y aunque ahora quizá sí se puede vivir sin ambición, el mensaje y el discurso parecen caminar por otros derroteros. 
Llama la atención también el papel de la mujer, objeto de atención y motor de esa ambición. Un retrato bastante crudo de una realidad que a veces no gusta ver. 
Hay una subtrama muy profunda, la que une delincuencia con desempleo. En un discurso verdaderamente deleznable, aunque real, qué duda cabe. 
La necesidad de sobrevivir y las ambiciones desbocadas llevan a los hombres a transitar caminos angostos, fuera de la legalidad.
No es solo el estraperlo, que también, ni el aprovechamiento de la mendicidad, que no se ve de forma clara, es la prosperidad a costa de empleos en la zona negra de vida. 
También hay otra subtrama, la de la prostitución encubierta, de las queridas que por salir de su situación se arrojan en brazos de los hombres maduros, que con sus pupilas dilatadas siembran de faltas expectativas los sueños de las mujeres incautas.
Lo de Nieves Conde es cosa seria. Cosa seria de verdad. Un directorio de los de verdad. Con una obra personal y reconocible. Poliédrica y fructífera. Entre las que destacan dos o tres obras verdaderamente grande.

domingo, 19 de abril de 2026

§ 4.034. La madriguera (Carlos Saura, 1969)


Brillante película. Interesante guión, muy bien narrado, desde una idea simple, de esas de toda la vida, pero tratada de forma distinta, de manera diferente. No es subrealismo, sino teatro del absurdo. Tiene tintes oníricos y también neuróticos. Una mezcla rara, difícil de tratar y de organizar.
Una mujer revive su infancia cuando recibe unos muebles de su familia. Encerrada en un matrimonio sin amor, sin pasión, sin verdadera comprensión, vuelve a sentirse niña con esos recuerdos. Y, a la vez, el marido descubre que los padres de la muchacha la obligaron a casarse con él por mero interés. No es tanto que no exista amor, sino que carecen de comprensión, de compenetración, de empatía.
Me encanta la transgresora idea de confrontar la decoración clásica castellana, con muebles de madera y tapizados en tafetán rojo, con la casa estilo brutalista, maciza y compacta. La casa se encuentra ubicada en Somosaguas y es conocida como  Casa Carvajal, por el nombre del arquitecto que la construyó como casa familiar, Javier Carvajal Ferrer. Es muy parecida al Parador de Segovia.
Los sueños oníricos de él son sumamente perturbadores, y el contraste con la vuelta a la infancia de la mujer es una verdadera brutalidad estética.
La interpretación de los sueños es una materia complicada. Pero mucho más si no se tiene la menor idea de qué significan las cosas. Y, desde luego, es bastante pertubador y disruptivo que la mujer experimente órganos cuando se la rodea de bichos, en una escena que parece sacada de Orden, de Dreyer.
Geraldine Chaplin está verdaderamente guapísima. El actor es Per Oscarsson, que no me suena mucho. Aunque le he visto en El visitante nocturno (László Benedek, 1971), y en Sentencia para un dandy (Anthony Mann y Laurence Harvey, 1968). Es un actor de eso de carrera larga y fructífera, desde 1947 y una de docenas largas de cintas de varios directores y países.

sábado, 18 de abril de 2026

§ 4.033. Angustia (José Antonio Nieves Conde, 1947)

Segunda película de Nieves Conde. No he visto su debut, no la he encontrado. 
No tiene la atracción de otras obras mayores suyas: Surcos, Los peces rojos, Balarrasa, Rebeldía, etc.
La escenografía parece una obra de teatro. Pocos personajes, rodada siempre en interiores, diálogos espesos, serios, trascendentes, dramáticos. Y una cierta pretensión de trascendencia. Nieves Conde quería trascender, quería dejar huella, entendía que el cine era para algo más que entretener. 
La música, muy intrusiva, consigue exponencial los momentos dramáticos de manera  excesivamente subrayada.
Consigue transmitir la sensación de fracaso, y también el peso de las responsabilidades, pero no así el alivio de la solución que plantea, que sueña en realidad. 
Tiene su fondo moral, por supuesto, al estilo de esas películas americanas a medio camino entre el melodrama y el cine negro, con uso retrospectivo de los recuerdos como método discursivo. Funciona. No del todo bien, pero funciona.
La película va comiendo peso a medida que avanza. Quizá el comienzo no está bien planteado, pero la trama central sí tiene cuerpo y estructura.
Se deja ver, en definitiva, tiene fondo y forma, y un metraje civilizado.
La copia que he visitando no es especialmente buena, el sonido no se escucha del todo bien y las imágenes no son del todo nítidas. Un blanco y negro desvaído, poco definido.
Al parecer Nieves era un Falangista de pro, un hombre duro del régimen. Me es indiferente la adscripción política de un director. De hecho algunos abiertamente comunistas me gustan tanto como éste. Barbem, Pontecorvo, Eisenstein. No sé si Tarkovsky está en ese grupo.
No es de lo mejor de Nieves. Ni mucho menor. De hecho, no es especialmente buena. 

viernes, 17 de abril de 2026

§ 4.032. El Yankee (Tinto Brass, 1966)

Pues vale bastante poco la cinta, la verdad. Uno de los primeros trabajos de Brass antes de deslizarse por la rampa de la inconsistencia y la vulgaridad del soft porno.
Pensaba que quizá tuviera más tino con este tipo de Spaguetti Western, pero no. No consigue transmitir la sensación de buena película. Ni siquiera de intensa película. Resbala por los cánones del subgénero, pero sin meterse en él. No sé. Es muy prescindible, muy poco interesante, incluso por momento es aburrida y tediosa. Abusa de los tópicos y transita en la mediocridad. 
Me ha decepcionado bastante. No tiene nada de interesante. Más allá de pasar el rato viendo una cosa básica.
Cada director brilla en su especialidad, y la de Brass no es ésta.

jueves, 16 de abril de 2026

§ 4.031. Condenados (Manuel Mur Oti 1953)

Una maravilla. Una especie de neorealismo a la española. La dureza del trabajo, las ilusiones perdidas, el campo como síntoma y las estaciones como temperatura de la vida.
Hay algo precioso en la vida simple, en la falta de ambición, en la naturalidad con la que se hacen las cosas. En el deseo limpio y sincero.
Pero también es una forma de esconder el deseo, la pasión, lo que la vida puede dar. La renuncia como parte esencial de la felicidad. 
Y en ese escenario es donde la lucha entre las pasiones humanas y esa pretendida renuncia a la felicidad donde chocan las realidades de la vida. Convirtiendo un escenario de trabajo y paz en una fratricida pelea entre dos realidades.
Me ha encantado. Un blanco y negro muy lucido y unos encuadres limpios y soleados. 
Guión muy bien trazado, que procede de una novela de José Suárez Carreño.
Un poco pesadota se hace la insistencia en la música de Beethoveen, que repiquetea insistentemente toda la cinta con un propósito dramático que enfatiza los momentos hasta la vulgaridad.

 

 

martes, 14 de abril de 2026

§ 4.029. Los renglones torcidos de Dios (Tulio Demicheli, 1983)



Seguimos con Demicheli, que tiene cosas muy interesantes.
Y, desde luego, como despedida de su filmografía es excelente punto final. 
Tienen un guión prodigioso, verdaderamente brillante, en el que confundes la verdad de la situación con la ficción en la que se vive en el sanatorio mental, eufemismo para denominar a un manicomio. 
Porque lo verdaderamente interesante es que no llegas a descubrir si la detective verdaderamente está investigando un crimen o si verdaderamente sufre algún tipo de enfermedad mental, más o menos grave.
La protagonista es de una belleza racial intensa y clásica, sofisticada y animal. Muy bella. Y eso hace que tiendas a pensar que verdaderamente es una detective y no una enferma. 
En algunos momentos cuando ríe sí parece que no es una formal normal de comportarse, hay algo insano en ello. Al menos lo parece. 
Los diferentes tipos de personas que conviven en el hospital parecen muy reales. No me extraña que se hubiesen rodado esas escenas en escenarios reales, en algún tipo de institución mental. 
Personas desgarbadas, jorobados, que no hablan, que tienen la mirada perdida, con evidentes signos de fobia social y desequilibrios internos, etc. 
Me ha gustado mucho. No pensaba que el título de la obra de Torcuato Luca de Tena se refiriese a un manicomio, pensaba que era una película de trasfondo religioso. 
Está muy bien rodada, tiene trasfondo y es de las películas que se recuerdan, de lo mejor de Demicheli.

lunes, 13 de abril de 2026

§ 4.028. El refugio del miedo (José Ulloa 1974)

Un director de pocas películas, solamente cuatro como director. 
Cosas de la época. Un directo de la transición. Libertad creativa, nuevas perspectivas, enfoques diversos, temáticas poco ortodoxas, etc. 
Una especie de ensayo con tintes apocalípticos sobre un mundo post-nuclear. Relaciones cerradas, viciosas, malsanas, morbosas, enfermas entre dos matrimonios y el hijo de uno de éstos que conviven los cinco en un apartamento no muy grande de Manhattan.
No hay zombies, ni alienígenas, ni siquiera otros protagonistas. Esos cinco personajes, sin más, mantienen relaciones durante noventa minutos. Conversaciones, relaciones, sueños.
Podría haberla firmado Juan Bosch, Klimovsky, De Ossorio, incluso Naschy, por qué no.
No se sostiene en sí misma y ha pasado mucho tiempo por ella, tratándola relativamente mal. Queda como una rareza, como una singularidad, como algo quizá interesante -destacado, sorpresivo- de su tiempo pero que ha quedado alejado de los intereses de los cinéfilos actuales. 
Es interesante, se deja ver y en algunos momentos se muestra como interesante, pero ha quedado obsoleta completamente, para raritos y estudiosos de cine de aquella época.

§ 4.027. El ángel azul (Josef Von Sternberg, 1930)

He terminado de leer la novela de Heinrich Mann apenas hace una semana. Y me pareció una gran novela. No es de la potencia de Mephisto, de Klaus, hijo de Thomas, pero se le acerca bastante. Por dejas fuera de las herpe por excelencia de las letras alemanas.
No he visto, por cierto, que yo recuerde, ninguna película basada en un texto de Thomas. Y, desde luego, ninguna Montaña Mágica, ni Dr. Faustus, ni Los Buddenbrook. Sí, por supuesto, La Muerte en Venecia, que es otra de las muchas maravilla de su pluma, aunque para mi algo fuera de mis gustos fílmicos. No es Visconti el director de cine que más me gusta, aunque Confidencias sí me llegó bastante. 
La película refleja bastante bien la novela, pero se ma hecho un poco larga, tiene mucho metraje para decir lo que quiere decir. 100 minutos son muchos, y más en 1930. Porque la película tiene la friolera de 96 años. Hay es nada.
Respeta bastante bien el texto original de la novela, pero plantea algunos cambios. El profesor en la novela era de Griego, aquí lo es de Ingles. Pero más allá de eso y quizá el nombre de los alumnos, el resto queda bastante parecido. Pero el sentido de algunas cosas cambia. En la novela hay un punto de cordura en la decisión del profesor, aquí no. Aquí hay desprestigio, pérdida del sentido propio de sí mismo y descenso a los infiernos de la locura. Hay alteraciones sutiles de escenas y diálogos que le dan más contenido morboso a la cinta que  a la novela.
En la película llegas a pensar: “Bueno, y qué”. Al fin y al cabo, más allá de los escarceos de Rosa, el Profesor consigue lo que quiere. Todos juegan a su juego. Todos bailan su canción. Y él tan contento. Y, sin embargo, en la novela el deterioro es evidente. No cambia muchas cosas -ni el contexto, ni los personajes importantes- pero si el sentido de la depravación. Entre otras cosas, porque en la película quizá si le mereciera la pena, pero en la novela seguro que no.
La decadencia, la morbosidad, el cierto glamour del personaje femenino está bien construido. Lola aquí, Rosa en la novela, tiene esa atracción hacia la vulgaridad que me recuerda al éxito de determinadas políticas en este país. Su vulgaridad, exudando sexo sólo puede agradar a determinados especímenes, que buscan lo fácil en vez de tomar el camino de lo interesante.
Me ha gustado, pero se me ha hecho larga. Demasiado larga. 

sábado, 11 de abril de 2026

§ 4.026. La adúltera (Tulio Demicheli, 1956)

Seguimos con Demicheli, un director muy interesante. 
Una producción clásica para la época, de intriga y asesinato. No es exactamente una película de cine negro, pero se enmarca en esa estructura, en esa organización dramática y emocional.
Celos, traiciones, dramaturgia, desgarro, pasión y emociones desbocadas. 
Tiene un punto de telefilm, de novela de folletín, incluso de una trama barata de una novela de Stefan Sweig, aunque las salidas de su pluma, aun siendo baratas se convierten en excelentes tratados de las emociones humanas.
El argumento es algo inverosímil, pero el desarrollo tiene su miga y su desarrollo es equilibrado, aunque previsible. 
En un pozo de intriga no se comporta como una historia malsana, sino como una novela de amor amanerada y poco sofisticada. Roza una pretenciosidad burda, muy al estilo de Hollywood de la época de las grandes actrices. Me imagino esta película rodada por un americano de “clase media” y con Bety Davis, por ejemplo.
Me ha gustado. Me gusta Demicheli, un director interesante, todocamino, solvente y eficaz.

§ 4.025. Dr. Braim (Kim Jee-woon, 2021)

 


§ 4.024. La legión del silencio (José Antonio Nieves Conde y José María Forqué, 1956)

 

Pues me ha parecido una maravilla. Una inspiración, o incluso algo más, de La confesión (Costa-Gavras, 1970), una celebérrima película que denuncia las purgas del partido comunista Checo. Pero sólo en su primera parte, quizá la dirigida por Nieves Conde.
Aquí no se reconoce el país en el que se produce, y cuando se nombran ciudades o provincias en las conversaciones tampoco quiere el director que se aprecie de qué país se trata. Evidentemente es de habla hispana.
Hay que hacer algunas aclaraciones sobre el director y la época.
Nieves Conde era Falangista hasta la médula. Un hombre del régimen en le ideológico y en lo fílmico. Comprometido con el régimen de Franco ejercía como lo que era: un hombre de partido. El cine servía para mandar un mensaje, para adiestrar al público y conseguir un objetivo político.
En segundo lugar, era, probablemente, muy religioso, por lo que su aversión al comunismo era algo servido. Y la condición cristiana no es asunto menor en esta película.
En la segunda parte, quizá la dirigida por Forqué, el asunto religioso toma el protagonismo, abandonándose la trama de represión política que anunciaba. En el fondo es una película de temática religiosa. 
Pierde algo de fuerza en la segunda parte, menos enérgica y pretendidamente más reflexiva. Pero pierde potencia y energía. 
Gran Jorge Mistral, con esa cara marmórea tan característica suya y es mirada traslúcida que no transmite emoción alguna cuando quiere que eso sea así.
Me ha gustado, pero creo que hubiera sido mejor película si hubiera transitado por lo insinuado en la primera parte.

viernes, 10 de abril de 2026

§ 4.023. Tres hombres buenos (Joaquin Luís Romero Marchent 1963)

 

Es mejor un buen enemigo que un mal amigo.
Jugando con el título de la excelentísima película de John Ford Tres hombres malos de 1926, nos presenta el J de los Marchent una obra personal, interesante, muy bien rodada y adecuada a los cánones que se esperan de un Paella´s Western.
Se acompaña muy bien con la música, los extras (que son muchos) la escenografía -verdaderamente lograda- y los escenarios naturales. No diría que rodada en Extremadura, pero, desde luego, sí en lugares muy similares. Esos canchales, esa roca viva de granito, esas llanuras desérticas, la falta de vegetación de altura, las casas y los muebles y las casas.
En la de Ford se llamaban malos, pero eran bueno, aquí ocurre algo absolutamente contrario. Se llaman buenos, y son buenos. Buenos que persiguen a los malos para matarlos, claro. Pero bueno, nos entendemos.
El paso de los años y el caminar de los caballos sobre la nieve buscando los dos hombre su (diferente) venganza, cada cual la suya, asemejan la historia a Centauros.
Me ha gustado, nada pesada, bien rodada, entretenida y con sabor a buen Oeste.
La labor de un artesano se reconoce en pequeñas cosas, la iluminación, el dominio del tiempo, del espacio, la composición de los planos, de las composiciones cuando están presentes varias personas, etc. Todo esto lo domina Marchent.

sábado, 28 de marzo de 2026

§ 4.020. Harakiri (Masaki Kobayashi, 1962)

 

Es una obra de arte. Maravillosa. Una de las mejores películas de todos los tiempos. Redonda, cerrada, perfecta.  

Un director que rodó además de esta obra: Rebelión y la trilogía de la Condición Humana tiene que pasar a la historia del cine por la puerta grande. 

Realmente el cine japonés es mucho más que Kurosawa, Ozu, o Mizoguchi, y esta obra es una buena prueba de ello. Tan buena como cualquier de las obras maestra de esos tres monstruos.

Aunque puede parecer un tema conocido, trillado, y aunque nos queda lejos culturalmente hablando, la cinta consigue que te llegue la historia. Realmente es un relato fantástico, nada enredoso, muy claro, con una exposición limpia, lineal incluso en sus introspecciones hacia atrás. Se va descubriendo, poco a poco, la historia, el trasfondo, las motivaciones, la venganza... Tanto la exposición del ritual del harakiri, como su componente axiológico o moral está perfectamente tratado.

La fotografía es muy nítida, pero sin esos preciosismos de las películas en blanco y negro de los directores 'americanos': Lang, Hitchcock, o Preminger. No tiene claroscuros, ni contrapicados, ni ningún recurso de ese tipo. Expone la acción a la luz blanca prácticamente sin sombras, sin reflejos.

Los actores, naturalmente, no me suenan de nada: Tatsuya Nakadai, y Rentarô Mikuni en los papeles principales. Aunque indudablemente deben ser tremendamente conocidos, porque cada uno de ellos tiene más de cien películas. 

Una maravilla. Me ha encantado. Me ha parecido una obra de arte. No sé cuál es la sensación que tienen otros amigos del cine. Ni lo sé, ni me importa, porque nunca me ha importando. Tampoco pretende que mi criterio sea seguido por alguien. No soy más que un simple aficionado.








§ 4.019. Rebeldia (Jose Antonio Nieves Conde, 1954)

Muy bien trazada, bien narrada y con el estilo de la época en un tema que supongo que le encantaba al público de la época: la redención de las personas desviadas de las ortodoxia oficial. No tengo tan claro que fuera del gusto del régimen, que intuyo que indudablemente cuestionaría la temática y su desarollo. Aunque no es directamente combativa con la religión, sí muestra, con cierto desprecio incluso, la tensión latente entre las clases sociales y la lucha entre el ateísmo militante y la fe como camino de vida.
Una temática de fondo similar a Balarrasa (1951), aunque con menos fuerza y potencia. Misma cuestión de fondo: la presencia religiosa en la vida diaria y la lucha entre el ateísmo militante como forma de vida y la quietud espiritual del creyente practicante.
En Balarrasa la tensión dramática se eleva a la consecución de una auténtica obra de arte. Este es menos brillante. Interesante, pero algo más plana, más sutil, menos evidente. Por dos razones. En primer lugar, por la tensión sexual dramatizada entre algunos de los protagonistas. Y, en segundo lugar, por la relación algo viciosa que mantienen los escritores entre sí, el brillante, rico y ateo que ha sido condenado por el vaticano por la inmoralidad de sus obras, y el ayudante modesto que tiene método pero carece de carácter. Si la película la hubiera rodado Bardem, Fernán Gómez, Julio Bosch, Buñuel o cualquiera de nuestros clásicos de los cincuenta seguro que se hubiera centrado sólo en un tema.
El reparto es de verdadero escándalo. Delia Garcés, Fernando Fernán Gómez, Fernando Rey
Indudablemente Nieves Conde consigue una buena película, pero lejos de sus mejores obras, que para mi se sitúan en las del género policial que rodó en sus primeros años, sublimada con Los peces rojos (1955) que fue su siguiente película.

viernes, 27 de marzo de 2026

§ 4.018. Abismo de pasión (Sam Wood, 1942)

Melodrama en toda regla de esos que se recuerdan por la fuerza dramática de sus personajes, de la historia y de moraleja que transmite. 
Un poco amanerada, especialmente en la primera de las tres partes, dedicada a narrar la infancia de los protagonistas.
Niñas “repipis”, niños vestidos de primera comunión, escenarios naturales 
Los diferentes tipos de personas aparecen mostrando las cualidades y características notables de cada forma de ser. Son diferentes en cada forma de ser, pero todos ellos están dentro del mismo cosmos social, la misma estructura cerrada de una ciudad provinciana del este de EE.UU. Todo un mundo ideal al que 
Un reparto encabezado por la siempre guapa Ann Sheridan, el estirado Robert Cummings, un buen actor pero muy encasillado, el inefable Ronald Reagan, en el decir de muchos en su mejor película, y Betty Field.
También intervienen Charles Coburn, Claude Rains, Judith Anderson y la entrañable Maria Ouspenskaya. Un reparto en toda regla. Y bastante adecuado. Parece que los personajes están hechos para esos actores. 
Mención aparte merece el director, Sam Wood, un director que pareciera que pasa de puntilla en la historia del cine y que, a decir verdad, es más importante de lo que parece. A la sombra de los monstruos de la época, aquellos salvajes con decenas de obras maestras, pero alejado de las medianías comerciales. Pero tiene cuatro o seis obras verdaderamente notables.

§ 4.017. Los amantes crucificados (Kenji Mizoguchi 1954)

 Quien interprete el cine japonés clásico como frio, deshumanizado o poco pasional, no sabe lo que dice. Es exactamente, todo lo contrario. Es fuego, contenido y poco expresivo, pero calienta y hace arder las pasiones humanas básicas como cualquier otro cine. Hay que entenderlo en su justo punto, en su medida, en su contexto. Es intenso, violento, incluso salvaje y brutal. 
Aquí no hay la más mínima duda: violencia contenida, venganza, sordidez pasional, 
sexo como motor y desencadenante de las vivencias y todo una subtramas que imaginas o intuyes de pura animalidad poco virtuosa. 
Las proposiciones indecentes son igual de sórdidas en todas partes, en cualquier tiempo y circunstancias. No hay forma alguna de apreciar su  modulación.
No es exactamente una road movie, porque prácticamente no se sale de un mismo escenario (en la primera parte), pero tiene ese espíritu, la huida, la marcha, el escape por la libertad propia, por la vida (en la segunda).
Hay mucha claridad narrativa en su exposición fílmica. Lineas puras, luces y sombras bien definidas, encuadres ortodoxos. Calma y sencillez en los diálogos, tempo nítido en su recorrido temporal, emoción contenida y nada de saturación emocional. Un plano, un sentimiento; varios planos, varias emociones.

§ 4.036. Apartado de Correos 1001 (Julio Salvador, 1950)

Otro clásico del cine español. Del género policíaco patrio. Una de las primeras de este subgénero. Pionera e innovadora.  Ha visto decenas d...