Lev Stepanovich era un contador de historias ciego que la abuela de León Tolstoy tenía a sueldo en la casa familiar. Era legendaria su capacidad para contar cuentos... manipularlos, hacerlos una y otra vez de manera diferente... Eso pretende este Blog, contar cuentos... de manera creible.
sábado, 12 de septiembre de 2026
§ 4.131. ¿Quién puede matar a un niño? (Chicho Ibáñez Serrador, 1976)
Aunque no lo dice está claramente inspirada en El señor de las moscas, la novela de William Golding (que ha tenido, a su vez, varias versiones cinematográficas, entre ellas la muy interesante de Peter Brook de 1963).
Los créditos de la película indican que se basa en la novela de Juan José Plans titulada El juego de los niños (1976). Pero existe una evidente conexión entre ellas.
Plans trabajó en la Cadena Ser durante muchos años con programas de terror radiofónicos, y lo he escuchado en podcast clásicos que se han recuperado narrando historias de terror muy bien estructuradas.
Me ha sorprendido la película. No esperaba un desarrollo tan crudo y terrorífico. Bien construida, bien narrada, con actores extranjeros.
Me ha llamado la atención la referencia que hacen los protagonistas a La Dolce Vita (Federico Fellini, 1960), más que nada porque desvirtúa por completo el argumento de la historia. El protagonista le dice a la protagonista que es la historia de un señor que asesina a sus hijos para que no sufran los problemas generados por los hombres. Nada que ver con la realidad, por supuesto.
La maldad en los niños tiene algo singularmente maléfico, luciferino, “becebulesco”, porque mezcla la ignorancia con la crueldad, y siempre se supone que el mal es informado, no ignoto.
Su principio me parece un poco lento, excesivamente moroso, poco adecuado para lo que se espera de ella. Sirve para crear expectativas, generar confusión y acentuar la disonancia con lo que va a ocurrir en la segunda parte.
Cuando llegan a la Isla la historia fluye de manera más rápida.
No conocía a ninguno de los dos actores adultos, Lewis Fiander y Prunella Ransome. A él solo le visto en El doctor y los diablos (Freddie Francis, 1985), y a ella únicamente en Lejos del mundanal ruido (John Schlesinger, 1967).
Más allá del terror implícito en la presencia de los niños, otro tema de la cinta podría ser la incomunicación entre adultos y niños, aunque de manera más secundaria.
Me ha interesado, pero no me ha gustado tanto como La Residencia, de 1969, que sí la veo como película más hecha, más cerrada, más ortodoxa.
Esta parece, no obstante, mucho mejor cinta, más influyente. Una película de culto, que siempre funciona como referencia entre las mejores española de terror de todos los tiempos.
Apreciar cómo el miedo y el terror se va introduciendo en los adultos a través de la soledad, la ausencia de adultos y la única presencia de niños que, además, son muy poco comunicativos genera una tensión creciente que augura un resultado más que previsible.
Interesante, pero no me parece tan determinante como muchos cinéfilos la aprecian.
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