
Otra obra grande de Bardem. Qué director, por favor, qué director. Un retrato demoledor de la soledad, de la traición amorosa, del engaño, de la culpa, del perdón, de las miserias humanas, de la redención por el amor, del peso de la responsabilidad, de las oportunidades perdidas, de la infidelidad.
La temática es verdaderamente interesante, muy similar a la que luego rueda Sydney Pollack titulada “Caprichos del destino” de 1999 con Harrison Ford, y Kristin Scott Thomas.
A veces es mejor no saber cómo se hacen las salchichas. Porque cuándo lo sabes no las vuelves a comer.
Saber por qué una persona amada ha tomado determinado decisiones, cuáles fueron sus motivaciones y cómo se relacionan con uno mismo puede ser un peligro. Y muchas de la veces carece de sentido. Sobre todo cuando la averiguación de lo que ocurrió genera dolor, conflicto y sufrimiento. Si, además, quien busca la verdad no era un buen compañero de vida, la problemática se dispara exponencialmente.
Rodada en un buen blanco y negro, con una cierta pausa y cadencia en su ritmo y con una música típica de cine negro que ambienta muy bien el drama y la tensión.
El resultado es magnífico, verdaderamente brillante. Soberbio en la forma, decae algo en los diálogos que sostienen la excelente trama.
El contraste de modelos de vida subraya la diferencia de clases, y legitima la lucha entre ellas. El industrial vivía en la opulencia, rico de verdad; la enfermera estaba casada con un industrioso operario de banca. Por ahí puede leerse más cosas que las que muestra la trama.
Dos cosas son interesantes: cómo desprecia a la clase alta al entatizar sus vicios -alcohol, infidelidad-, sus defectos -insensibilidad, desprecio, maldad, soberbia-, sus miserias -soledad, hipocresía- y sus enfermedades -depresión, neurosis, con una no tan velada crítica a la homosexualidad.
Frente a ello se alza el trabajador digno y entero, capaz de sobreponerse a las cargas emocionales más duras. Machacado por su propia conciencia e incapaz de asumir la culpa que supone la realidad.
El personaje principal se llama Sártoris, como el título de la novela y el personaje de Faulkner.
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