lunes, 10 de febrero de 2025

§ 3.687. Trauma (Dario Argento, 1993)

Segundo Argento, más actual, menos onírico y más thriller que la primera que vi. 
La presentación de los personajes es algo confusa. Demasiadas cosas a la vez. Las personas son poliédricas, pero en el cine lo razonable es simplificar para poder seguir bien las tramas y la evolución de los personajes. El director decide que no sea así. 
Cuesta entrar en la trama, saber de qué va la historia. 
El color se ve perfectamente, y el sonido es bueno. Claramente es un "giallo", aunque con motivos post-modernos, los propios del tiempo en el que se rodó. Siempre he entendido ese género como propio de los años 70 y principios de los 80. Un cine circunscrito a un tiempo concreto. Como nuestro cine quinqui o fantaterror, dos géneros muy característicos de nuestro cine, pero circunscritos a un momento concreto. Al día de hoy aunque se rueden películas sobre "mafiosillos" de barrio o sobre "terror" morboso no podrían encuadrarse en ese género. 
Algo parecido pasa con el "giallo". Un género italiano principalmente que mezcla elementos de terror sobrenatural y thriller policíaco. No tiene los elementos característicos de las cintas más violentas y carece de elementos folk o tradicionales. Hay asesinatos, incluso rudos y muy violentos, pero se carece del punto de violencia irracional que tienen otros géneros y de las homicidios con instrumentos agrícolas. 
Me ha gustado menos que la otra que vi hace días, El pájaro de las plumas de cristal de 1970, que sí me ha parecido más característica del género. En esta se diluye un tanto lo personal del género y se transita hacia un thriller más común. Pero no tiene altura ni profundidad. Además, la premisa de la que parte es totalmente inverosímil y el comportamiento de los que participan en los acontecimientos está fuera de toda lógica. 
Entretiene pero es un poco larga, innecesariamente larga. Le sobran veinte minutos.

domingo, 9 de febrero de 2025

§ 3.686. Nosferatu, vampiro de la noche (Werner Herzog, 1979)

 
Me ha gustado mucho. Tiene ese punto artesanal que gusta uanto en la película inglesas. Parece una edición cuidada por un productor británico.. Los encuadres y los planos son ortodoxos, sencillos y naturales, nada artificiosos.
Los actores parece muy compenetrados. Sobre todo Klaus Kinski y su desquicie mental, al borde del consumo de drogas tóxicas automáticas y la revelación social con armas de destrucción masiva. El un actor que ya de por sí provoca miedo, aversión, asco.  Para estos papeles de demente peligroso, enfermo mental y asesino psicópata funciona a la perfección. Su caracterización está muy lograda, con el tono de piel blanquecina, las uñas afiladas, los ojos inyectados en sangre, las orejas y los dientes desmedidamente desproporcionados. Encorvado, flaco, espigado, apestoso, con la lengua fuera. Verdaderamente brillante.
Le acompaña un jovencísimo Bruno Ganz que está espléndido. Sobrio, sereno, apocado y algo frio. Pero con el transcurso de la película va cogiendo temperatura, calor, razón de ser. 
. La chica es Isabelle Adjani, que parece tan frágil y delicada que tiende a considerarse de carácter enfermizo.
Supongo que la cinta está a medio camino entre el homenaje a Mornau por parte del director, la admiración por su técnica y el impacto monstruoso que causó en la cultura europea en general y alemana en particular tanto la novela como la película original.
Me han gustado mucho las escenas a campo abierto y la música (compuesta por un grupo musical llamado Popol Vuh), moderna pero muy bien ensamblada en la dinámica del miedo que pretende la película. Utiliza los sonidos habituales (aullidos, viento, estridencias, etc.) para provocar la sensación de incertidumbre, desasosiego, maldad. Muy lograda.
Recuero bien la original, lo larga que era y cómo pasa en un suspiro. Pero esta cinta no le va a la zaga, tiene recorrido y se expresa muy bien. Me parece que el remake es tan buena película como su original. 
Me ha parecido una película verdaderamente brillante. 

§ 3.685. La esclava blanca (Jesús Franco, 1985)

 

Éste Franco no es el la primera época. Tienen imaginación, emplea buenos medios, pero abusa de los tópicos y de lo que yo en el aprecio y puede llamarse como "filmar por filmar". Tiene escenas largas a las que claramente le sobran minutos. No aportan nada, pero hace que sume minutase en el contador. No son, además, tomas gozosas, de descanso o virtuosas. Son tomas que sobran, sin más. 
Cualquier otro director contaría lamisca historia con media hora menos de metraje. Y no se notaría nada. Además, en esta en concreto, como está filmada en la selva (o eso pretende) podría haber implementado planos virtuosos de árboles, ríos, yo qué sé... pero no. Insiste en el morbo como principal motor e interés dela historia. Incluso los fotogramas de animales se nota que son de zoo. Se nota mucho la precariedad de medios y la falta de punch a la hora de construir la historia. Es lo de siempre con él. Pin, pan, pum... y ya tenemos 80 minutos que colocar en el mercado. Un cineasta singular, qué duda cabe. 
La idea de la cinta es sugestiva, y funciona. Pero cansa, llegando a aburrir a medida que avanza. 
Tengo una teoría con Franco. Era un gran cinéfilo y no tendí empacho alguno en coger ideas de otras películas míticas. En esta, por ejemplo, puede deducirse, por la fecha y la temática, que acababa de ver "Holocausto caníbal" (Tuggero Deodato, 1980). Era la época de las películas de "cintas encontradas" que es un término muy sugerente y que ha dado mucho juego. 
Una más de Franco. Del Franco ya entrado en años  por tanto en vicios en la forma de rodar.

§ 3.684. El pájaro de las plumas de cristal (Darío Argento, 1970)

 
Un poco lo que se esperaba. Un 'fantaterror' con clase, cuidado, con estilo, guión y algo de profundidad emocional. Añade un punto mágico, una especie de predestinación hacia el resultado. Como si fuese inevitable. Quizá lo sea, no lo sé. Interesante, algo sofisticada, evolucionado. Me gusta.
Primera película suya que veo y no ha decepcionado. Es lo que tenía presente.

sábado, 8 de febrero de 2025

§ 3.683. Las orgías inconfesables de Emmanuelle (Jesús Franco, 1982)

Pues dentro de la vulgaridad que rodea la obra de esos años del tío Jess no tiene el peor de los comienzos. Es cuidado, de los más estándar, con su voz en off que explica la trama y una presentación de personajes de lo mas habitual. 
Pero a los diez minutos, sin embargo, la película se va ensuciando, poco a poco, no sólo desde la perspectiva de los desnudos o del sexo, más o menos explícito, sino, sobre todo, del sentido de la cinta. El guión es de él, y eso se nota. Tiende a la dispersión, a ensalzar los momentos mórbidos haciendo perder frescura al trasfondo del asunto. Se recrea en los planos de los desnudos una barbaridad, con metraje y metraje que nada aporta. De una simpleza y una vulgaridad exasperante.
Pasa sin solución de continuidad de intentar ser una cinta semipolicíaca, con sus "desnudos y sus días" si se quiere, a ser simplemente una cinta de porno soft que se enlata en una historia que podría tener recorrido con otro tratamiento.
No tiene gracia, ni garbo, ni tensión, ni estilo. Es ver, por ver. Estar delante de la pantalla al igual que podrías estar viendo una serie de la televisión o escuchando un postcat. Desnudos sin gracia, carne por carne, sin pizca de imaginación, o estilo. De esta fase del tío Jess se salvan pocas cosas. 
Le pasa muy a menudo en las películas de esta época. Un buen propósito, un comienzo salvarle y luego un naufragio en el mar de la mediocridad. 
Al igual que las primeras cintas de Franco tenían un pase, a partir de un momento, probablemente muy pronto, se aburrió de hacer un tipo de cine más delicado y de calidad y se dedicó a filmar como churros, película tras película hasta poner a su nombre más de ciento cincuenta películas, lo que es una auténtica barbaridad, una bestialidad. Naturalmente, rodaba por rodar, porque lo que le interesaba, seguramente, era eso: rodar.
Estoy convencido que si Jess hubiera elegidos 25 películas para rodar y le hubiera dedicado el tiempo que ha empleado en rodar cinco cincuenta hubiera sido un cineasta notable, incluso brillante.
Pero optó por otro tipo de carrera, con más títulos pero de peor calidad.

§ 3.682. Crimen de doble filo (José Luis Borau, 1965)

La segunda película de Borau . Muy en la línea de las cintas de cine negro de la época. Supongo que era lo que se demandaba, y que la taquilla manda, sobre todo para los productores que ponían  el dinero y corrían con los gastos.
Un estupendo blanco y negro y una puesta en escena como si se tratase de un escenario teatral.
Un tono realista, que no escatima detalles del levantamiento del cadáver y que pretende mostrar el caos -multitud de persona moviéndose en un espacio muy reducido, gente hablando a la vez, algunos sugestionados, otros fríos como mármoles, etc.- que acontece en una investigación criminal. Una vez que se presenta la policía, los curiosos se agolpan, los sanitarios llegan, los comisarios sospechan, los vecinos recelan...
Los miedos, las angustias por ocultar información a la policía, esa sensación que se tiene siempre de ser culpable, incluso de las menores penas, es propio de la cultura católica, en donde el mal forma parte de nosotros. Y los remordimientos por lo hecho, lo dicho o incluso lo pensado, persiguen al ciudadano por siempre. 
La culpa, el pasado, y la inacción  parecen generar una especie de predestinación hacia el futuro. Todo eso se refleja en la cara de Carlos Estrada, que hace un papel excelente. Tiene ese punto de Henry Fonda, también haciendo de músico, en Falso culpable (Hitchcock , 1956).
Qué magnífico es el cine español...!!! Qué de obras verdaderamente notables ha filmado.
Ésta en concreto me ha parecido soberbia, verdaderamente notable.

§ 3.681. Pista de carreras (Edwin L. Marin, 1948)

 
Otra de Edwin L. Marin (del que ya he visto algunas cosas, bastantes) con George Raft, un actor poco expresivo. Con pinta de duro, y esa racionalidad varonil típica de los años veinte y treinta. Teo blanca, pómulos marcados, pelo negro lacio peinado hacia atrás, nariz prominente, bocas pequeña y pinta de tener mala leche, mal carácter, mal genio. 
La actriz se llama Marilyn Maxwell, que no recuerdo haberla visto en película alguna, aunque es la chica de El ídolo de barro (Mark Robson, 1949) y también le vi en otras de Bud Boetticher de 1953: "Al Este de Sumatra". El cualquier caso, no la recuerdo.
La historia es un poco la de siempre. Venganza, amigo deshonrado por el que se clama acción, chica guapa que espera, policía de buen corazón y, en este caso, un par de número musicales.