sábado, 28 de noviembre de 2020

§ 2.135. Death Proof (Quentin Tarantino, 2007)

    La última de Tarantino que me quedaba por ver. Todas las demás tienen algo, esta también. La evocación de un género, el exploitation, que evoca a películas de ficción que se caracteriza por la presencia regular o explotación de temas relacionados con el comportamiento sexual humano, la violencia, las drogas y otros elementos que resaltan los intereses lascivos.
    El resultado es magnífico, aunque no es lo que más me ha gustado de él. Los cambios de guión, los giros emocionales, son brutales. La escena del choque de los coches es impresionante, estupendamente rodada.
    Llama la atención la insistencia del policía en seguirle la pista, porque intuye que el accidente no ha sido accidental, sino provocado, que el especialista de cine que interpreta Kurt Russell, tiene un complejo sexual, al satisfacer su pulsión únicamente con este tipo de violencia.
   Las dos partes claramente diferenciadas de la película bien pudieran evocar a las sesiones dobles de los cines de los sábados, o al tipo de formato en el que se enlataba este género de cine. Ese tipo de rememoranzas cinematográficas son muy suyas.
    Está bien la película, pero no es de las mejores suyas, o por mejor decir, no es de las que más me gustan. A Rodrigo, que las ha visto todas conmigo tampoco es la que más le ha gustado.

viernes, 27 de noviembre de 2020

§ 2.134. Dark Water (Walter Salles, 2005)

   No me gustan las películas de miedo. Pero esta tiene algo, la mezcla de nicho y terror siempre en sugestiva, funciona bien, provoca desasosiego e inquietud.
   Una madre divorciada con una niña se muda a New Jersey justo en el período en el que se está divorciando. 
   La casa nueva que ha alquilado tiene una mancha en el techo. Una mancha de agua sucia que se extienden en el techo, una gotera que parece que no es capaz de ser arreglada. El ascensor tiene también una mancha en el display del número 9, el botón del ascensor. Ruidos en el piso de arriba, movimiento de muebles, etc.
   Cosas raras empiezan a sucederse en la casa, como si estuvieran viva, sele agua sucia de las cañerías. Todo parece indicar que en el piso de arriba se ha desbordado el agua de la bañera, se ha roto alguna cañería, o algo similar. Ella sube arriba y aprecia que todo el piso está inundado de agua. Ve una foto del matrimonio con una niña. Es un piso habitado, con cortinas, etc. Según le dice el mantenedor del edificio lo que sucede es que los niños del edificio -del 3º y el 7º- se meten en el décimo, el que está encima suyo a trastear, hacer cosas, porretes, drogas, etc... Pero ella no ha visto a ningún niño en el edificio, entendía, porque así se lo había dicho el propietario, que no había niños en el edificio.
    La madre de la niña comienza a revivir su pasado, cuando su madre la abandonó. Lo sueños de la madre se entremezclan con la amiga imaginaria de su niña, que se llama Natacha, igual que el nombre de la niña del décimo piso abandonado. Culpa, remordimientos, soledad, abandono. Sentimientos encontrados y dispares que provocan desarreglos emocionales de importancia.
  El juego del miedo y el agua es interesante, que además sea sucia es perturbador. No es agua abierta, mares, ríos, lagos, es un agua interior, la que todos tenemos en casa, la que utilizamos para ducharnos, para beber...
  La madre empieza a tener desequilibrios importantes. La niña tiene un pequeño incidente en la escuela, relacionado con su amiga imaginaria. Ella llega tarde y la niña ha sido llevada a la escuela, pero ello se va a casa y allí se desquilibra totalmente. Comienza a tener alucinaciones sobre la niña del vecino de arriba, confundiendo ambas niñas. Perturbadora e inquietante.
   Es una remake de una película japonesa de 2002 de Hideo Nakata, director también desconocido para mi, como este, del que no he visto ninguna película.
    Veo este tipo de películas sin mucha atención. Cuando me concentro mucho en este tipo de historias de terror me sobreexcito demasiado, me sofoco, me llegan muy dentro, me hacen daño. Seguramente es lo que quiere la cinta, el director y el productor, pero a mi me alteran demasiado. 

jueves, 26 de noviembre de 2020

§ 2.133. Llamad a cualquier puerta (Nicholas Ray 1949)

   Clasicazo de cine negro con conciencia social. Un chico es acusado de comenter un crimen, matar a un policía.
   Se encarga de su defensa un abogado que procede del mismo barrio, del que consiguió salir gracias a su tesón y determinación.
   Buen papel de Humphrey Bogart en el cenit de su carrera, con John Derek, sí el marido de Bo Derek,  y actores menos conocidos, al menos por mi: George Macready, Allene Roberts, Candy Toxton, Mickey Knox,  y Barry Kelley. Bogart es capaz por sí mismo de llenar una pantalla, de sostener una película. Una auténtica estrella del cine, una de las más grandes de todos los tiempos.
   Al abogado la firma para la que trabaja le comenta la inutilidad de aceptar el pleito y la conveniencia de no dedicarse a asuntos penales. Delincuencias juvenil, reformatorios, cárceles, ley dura contra los necesitados. Quizá sea de esta película la frase de: "Vive deprisa, muera jóven y tendrás un bonito cadáver". Desde luego es el canon de película de delincuencia juvenil.
   Ray es un director magnífico, con auténticas obras de arte. Cine en estado puro, cine auténtico, del clásico.

miércoles, 25 de noviembre de 2020

§ 2.132. An American crime (Tommy O´Haver, 2007)

    Medio oeste americano, ruralidad y prejuicios, todo un coctel de frustración y mediocridad propicio para que acontezcan incidentes, e incluso crímenes.
    La mediocridad de la historia hay que verla, no basta con que te la cuenten. Es una historia real, que aconteció. Una mujer que tiene seis hijos y un amante más joven que ella, casi de la edad de la hija mayor, se hace cargo de otro dos niños, de un señor que le deja a cargo dos niñas por veinte dólares a la semana mientras hace una 'gira' con su ex-mujer, no se sabe si de música, de circo o algo parecido. La hija mayor se ha quedado embarazada.
    Como el cheque de la manutención de las niñas no llega las baja al sótano para pegarlas con un cinturón. Parece que así se calma y canaliza su ira y su frustración. Obviamente las niñas acusan el maltrato. Lo que comenzó como una cosas puntual y esporádica se consolida de manera permanente, ejerciendo abusos y torturas de manera constante sobre una de las niñas.
   Se intercalan imágenes del juicio y de los intervinientes en los escenarios del crimen. Una historia sórdida, real y brutal. Un tipo de crimen que sólo nace y tiene su caldo de cultivo en ese tipo específico de sociedad rural y mediocre, ignorante y empobrecida. 
    Este tipo de películas con temática tan ruda no me agradan, me ponen de mal humor y me irritan, sobre todo si están basadas en hechos reales, como es el caso.
    El director es desconocido para mi, y tampoco conozco a los actores. Catherine Keener es la actriz principal, muy conocida y con muchas películas, nominada a los Oscar en dos ocasiones. Su papel de mala lo borda. Ellen Page es la niña martirizada.

§ 2.131. Madadayo (Akira Kurosawa, 1993)

  Última película de Kurosawa. Un canto al maestro, a la reverencia que se debe sentir por un maestro.
   Se me ha hecho muy pesada, me ha costado mucho seguirla. Es demasiado empalagosa, azucarada, almibarada... Tampoco se sabe qué ha hecho en la vida el profesor, o cuál es su obra. Decenas de alumnos rinden tributo durante minutos y minutos de metraje a un profesor de Universidad. Beben, fuman, pero tampoco mantienen unos diálogos profundos o unas relaciones más allá de lo superficial.
   Viendo la película me pregunto cómo la hubiera hecho Bergman. Y probablemente hubiera sido muy diferente, más recogida, con relaciones bis a bis, entre dos, no el tipo de relaciones que plantea esta cinta, siempre entre varias personas, sin hablar de nada concreto, simplemente pasando cosas entre ellos.
    El episodio de la venta del solar de la casa de al lado de la del profesor sí es una buena muestra práctica de respeto, pero me parece que queda deslavazada en la maraña de consideraciones que se tiene con el profesor. No se sabe si es una crítica a la sociedad 'inmobiliaria' que seguramente en el Japón de aquella época se vería como una amenaza. Que los alumnos compren el solar para que no le quite el sol a la casa del profesor quizá pueda leerse como una alegoría de las dificultades, del desarrollo colectivo de los proyectos, pero su tratamiento es tan simple que no se sabe qué pretende decir.
   La consideración del profesor y su mujer con el gato quizá puede verse como un guiño a la paternidad, pero es difícil de apreciar. Su desaparición le hace llorar y su búsqueda se convierte, no sé muy bien cómo decirlo, en 
   Supongo que cuando has hecho en el cine lo que has hecho te puedes permitir rodar esta cinta y sacarla al mercado. Dudo mucho, sin embargo, que tuviera buena acogida de público o crítica, ni siquiera los más devotos del maestro pueden decir que esta es una gran película. Porque si esta película se considera una obra de arte, supongo que todas las demás de él se encuentran fuera de categoría, "out of order". Comparar esta cinta con sus últimas obras de arte: Ran o Derzu, pues como que no... Para nada además.

martes, 24 de noviembre de 2020

§ 2.130. Scorpio (Michael Winner, 1973)

   Tengo esta película gravada en VHS. La vi hace mucho años, más de veinte con toda seguridad. No me acuerdo de nada de ella. Es como si la viera por primera vez, pero estoy terminando ya el proyecto de sustituir las películas que tengo gravada en VHS por DVD originales. Eran películas que gravaba en casa de mis padres, cuando compraba decenas de cintas para gravar una cada noche. Era antes de inaugurar la casa en la que actualmente vivo, que está al lado de aquella. Seguimos viviendo juntos, al lado pero juntas.
   Y me van quedando pocas, la verdad, no más de 15 ó 20. Quizá este año no, pero al siguiente seguro que acabo con esto. Es probable que luego sustituya los VHS originales que tengo por DVD, poco a poco, la verdad.
   Añoro mucho cuando iba al comercio de la esquina, a aquel chico para comprar el periódico los sábados y compraba esas películas en VHS que vendían con ElMundo. Fueron unos años preciosos.
   De esta película no me acordaba. Pero sí recuerdo que era intensa, muy intensa, con dos muy buenos actores: Burt Lancaster, y Alain Delon.
    El primero es un agente del que la CIA sospecha que se ha pasado al enemigo. El segundo es un asesino a sueldo contratado por la propia agencia para asesinarle. Es una especie de ajuste de cuentas entre el maestro y el alumno, entre la forma clásica y de toda la vida de acometer el espionaje y sus intrigas y los modernos, los nuevos, los que acaban de llegar, que evidentemente son más fuertes, pero no queda claro que sean más listos. Llama la atención, y es obviamente un efecto provocado por el director, que no sabemos las razones o motivos por los que la CIA quiere eliminarlo, aunque sí es cierto que quiere cambiar de lado, o al menos eso parece.
   Las escenas por Viena son magníficas, las calles mojadas, la luz de las farolas de las calles, no sé incluso si no son por las mismas calles que "El tercer hombre", de Carol Reed. Se recupera así la idea de que Viena era el centro del mundo de los espías.
    Insisto en mi idea de que las películas de este tipo si no son especialmente buenas, como es esta, no deberían dudar más de 90 minutos. Se salen de metraje, se repiten las ideas y todo se convierte en una especia de parodia de sí misma, una reiteración argumental y estética que no va a ninguna parte.
    El director está especializado en películas de acción, de los años setenta y ochenta, recordado por darle una nueva vida a Charles Bronson, siempre de justiciero de la noche y de la verdad.

§ 2.129. Al rojo vivo (Raoul Walsh, 1949)

    Clasicazo negro, negrísimo. Director espléndido, actores monumentales: un James Cagney absolutamente imperial, una Virginia Mayo guapísima como femme fatale, y unos actores de estudio que sería capaz de rodar cualquier cosa, principalmente Edmond O'Brien y  Steve Cochran, John Archer, Wally Cassell, Fred Clark.
    Una banda liderada por Cagney atraca un tren y consigue 300.000 dólares. Después de una semana recluidos en las montañas deciden salir de su refugio aprovechando la llegada de una ventisca, de una borrasca. Dejan herido a un bandido  en el refugio de las montañas, pero no le dan muerte, como quería el jefe, porque quien se tiene que encargar de ello no lo hace. Pero muere y es encontrado por la policía.
    Parece que le ha salido bien el golpe. Aunque la policía sigue a la madre del jefe de la banda. 
    Me ha llamado la atención lo guapísima que brilla Virginia Mayo. Sí es cierto que es una grande del cine, una diosa, pero al igual que en otras películas la he visto menos resultona, en esta cinta está maravillosa. Probablemente tenga que ver con la altura de sus parejas. Recuerdo, por ejemplo, que al lado de Burt Lancaster en el Halcon y la Flecha quedaba como pequeña, pero con Cagney está en su mismo registro. Un pelazo, una figura de vértigo, una cara preciosa.
   La historia es magnífica, un guión perfectamente desarrollado por Ivan Goff y Ben Roberts sobre una historia de Virginia Kellogg. La música es de Max Steiner, toda una garantía.
 La coartada del jefe consiste en entregarse a la policía por un robo que se había cometido el mismo día en otro lugar. Eso supone una condena de dos años pero, sobre todo, limpiar su presencia en el robo importante, el del tren. Su mujer, naturalmente, tiene que esperarle, haciendo compañía a su madre, que es la única persona en quien confía.
    La idea de la policía es sencilla. Meter en prisión a un policía para que le sonsaque y le confiese a quién vende el dinero que ha robado para blanquearlo. Edmond O'Brien lo borda, no es, en realidad, un actor secundario sino uno principal que comparte película, quizá no cartel. La idea básica es que la información se la comunique a su mujer en los días de visita. Pero el jefe mafioso tiene a su servicio a un preso que es capaz de leer los labios. Al policía le es difícil hacerse con la confianza del jefe, sobre todo porque es muy desconfiado, pero la ayuda que le brinda cuando sufre un atentado y cuando le sobreviene uno de los dolores de cabeza que tiene desde la infancia -y que le provocan locura- le allana el camino, convirtiéndose en alguien de confianza, en un tipo de fiar. El trabajo está hecho, solo queda que caiga como fruta madura. Se escapan y ya está todo el lío montado, echándolo todo a correr...
    Es un clásico en toda regla. Un canon del género, una película que marca los márgenes por los que, posteriormente, discurren otras cintas del género.
    El blanco y negro y el sonido de la película es magnífico, con una claridad diáfana. Setenta años tiene la película, y puede verse, tanto en el fondo como en la forma como si fuera recién rodada, con un música de acompañamiento imprescindible para la progresión de la acción, como si de un elemento más de la trama se tratase.

$ 3.975. Ashanti (Richard Fleischer, 1979)