Retrato de un piso de vecinos de los años cincuenta. Una visión demasiado idílica de una realidad inexistente y, por momentos, desagradable.
La vida no era así, las angustias por sobrevivir eran muy superiores a lo que la película plantea, y la perspectiva vital era más recortada.
No es exactamente un cine político, pero sí (creo que) el que le gustaba al régimen. Exangüe de críticas al poder, al sistema social o a los poderosos. Ni la más remota crítica. Ni un obre respondón, ni un sindicalista, ni una queja a la vida, ni a la autoridad, a la policía o al poder.
Pretende ser una visión feminista de la sociedad y de la realidad. Y desde el punto de vista del reconocimiento a las mujeres de su época es interesante. Incluso comprometida, pero políticamente inaceptable. Además de mentirosa. No creo que las mujeres de la época fuesen así.
Los singular es que la perspectiva femenina de la vida es siempre agarrarse a situaciones reales. La casa, los niños, la comida, las cosas reales.
Y, sin embargo, los hombres son una especie de soñadores que se dedican a cosas ilusas, nada operativas, nada funcionales. Inventores que no inventan, músicos que tocan fatal, actores de teatro que no tienen trabajo, obreros sin trabajo que no tienen oficio ni beneficio. Pintores que en vez de lienzos pintan tonterías y no son capaces de vender un solo cuadro.
Los hombres son seres ilusos, necios, incapaces de organizar la vida práctica. Y las mujeres estructuran la vida de toda la familia. Desde ese punto de vista sí es un canto a la potencia femenina. Porque frente a la necesidad de gloria de los hombres, se confronta la solidez familiar que patrocina la mujer.
Lo más interesante de la historia es que esas mujeres no necesidad adquirir conciencia de sí mismas. Ellas son. Sin más. El hombre necesita el aplauso, el reconocimiento, el público, la platea, el escenario. La mujer no necesita nada de eso. Con ser quien es funciona.
Ellos tienen embustes, ellas realidad.
Y la pregunta que surge en todo esto. ¿Quién juega el papel más importante en la sociedad?
El de las mujeres, que son invisibles. No es el de los hombres, que es visible.
Además ellas son un “batallón” un conjunto de individuas que cultivan la solidaridad entre ellas y de esa solidaridad se nutren y se alimentan.
El mensaje es profundamente “feminista”.
Es un mensaje verdaderamente revolucionario. Se mire como se mire. Estamos en 1957, no en 1967 ni en 1977.
Es el franquismo más duro, arrumbado ya los sinsabores de la guerra, y con una sociedad ya acostumbrada a la vida dura y con únicas perspectivas de supervivencia.
Lev Stepanovich era un contador de historias ciego que la abuela de León Tolstoy tenía a sueldo en la casa familiar. Era legendaria su capacidad para contar cuentos... manipularlos, hacerlos una y otra vez de manera diferente... Eso pretende este Blog, contar cuentos... de manera creible.
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§ 4.185. El batallón de las sombras (Manuel Mur Oti, 1957)
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