Me gusta Saura. Sabe lo que tiene en sus manos, y domina el lenguaje y el discurso cinematográficos como nadie.
Memoria, recuerdo, pasado, culpa, perdón, redención. Intimismo, contención y reflexión.
Me ha gustado mucho. Sobre todo el tono pausado, discreto, nada alacaroso, tranquilo y reflexivo.
Intentar reconstruir la vida sentimental de tus padres tiene que ser doloroso y seguramente nunca se conseguirá del todo. Es estéril, porque nadie puede vivir en primera persona experiencias de otras personas, y no creo que se llegue a comprender del todo. Hay matices, sutilidades, emociones, que no pueden explicarse, que pertenecen al yo interior.
Es una película difícil de rodar, y, sobre todo, de montar. Ejercicios retrospectivos de vivencias que mezclan el pasado con el presente, y que sitúan al protagonista de hoy en el pasado.
Difícil de montar. Muy difícil. Y difícil de ver y seguir con coherencia. A veces no sabes si es el niño o el adulto quién vive las experiencias que muestra.
Me gusta Saura. Un director capital en nuestro cine.
Lev Stepanovich era un contador de historias ciego que la abuela de León Tolstoy tenía a sueldo en la casa familiar. Era legendaria su capacidad para contar cuentos... manipularlos, hacerlos una y otra vez de manera diferente... Eso pretende este Blog, contar cuentos... de manera creible.
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§ 4.098. Dulces horas (Carlos Saura, 1982)
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