Bien rodada, pero bien rodada de verdad. No sobra un minuto del metraje. Todo sirve para explicar las cosas, todo es necesario. Un blanco y negro que se ve precioso, con una fotografía brillante, con planos iluminados de arriba a abajo de manera certera para enfatizar algunos aspectos del discurso y subrayar otros: la tragedia, la pena, la angustia, el amor.
Me ha gustado mucho todo lo que he visto de Mur Oti. Director quizá más reconocido ahora que en su momento, pasa por ser un gran director en estos momentos, pero no tengo claro que tuviese gran predicamento en su momento.
Me ha gustado mucho, mucho de verdad. Es una gran cinta.
Los actores principales son María Esquivel, una cubana preciosa, pequeña pero muy sugerente, y Javier Armet, actor algo hierático y con poca naturalidad y expresividad, que rodó muy pocas películas, únicamente doce y que sólo he visto en una de Jesús Franco: Labios rojos, una de sus primeras cintas.
La pasión y el deseo funcionan perfectamente en una subtrama que sabes que va a ser la principal a medida que avance la cinta.
Esa pasión que se torna en rivalidad cuando pretende sustituirse esa pasión y ese deseo en otra mujer.
También hay algo de rivalidad entre dos mujeres, de lucha por el amor de un hombre rico, de dos mundos enfrentados: la mujer pobre bella y racial, y la niña buena pero no tan atrevida, no tan bella, no tan mujer.






