martes, 18 de febrero de 2025

§ 3.698. Los encantos de la gran ciudad (Arthur Hiller, 1979)

Pues de Hiller he visto solamente tres cosas, pero las tres me han gustado mucho: La americanización de Emily (1964);  Tobruk (1967), y Anatomía de un hospital (1971), especialmente la primera y la última.
Ésta es una comedia, y no es mi género favorito. Es caso el que menos me gusta. Tiene que ser una trama muy brillante para que verdaderamente me guste. 
Las veo, claro, pero más por hábito y necesidad de cambiar de aires que por convencimiento. 
Jack Lemmon es un genio, y sabe darle a las comedias un tono muy especial, en ese punto entre la serenidad y el asombro. La chica es Sandy Dennis, actriz que no me suena de nada, aunque la vi en Esplendor en la hierba (Elia Kazan, 1961), que era su primera película.
La verdad es que las peripecias del matrimonio dan lugar a emociones fuertes y a situaciones cómicas que el director explora con gallardía y soltura.
La cinta se deja ver, tiene su gracia. Pero no es mi estilo.
Está rodada con esmero, con tino, con energía y con una indudable maestría: el movimiento de la cámara, los diálogos, los encuadres, la sensación de prisa atolondrada que organiza. Verdaderamente entretiene. 

lunes, 17 de febrero de 2025

§ 3.697. Nadie vive para siempre (Jean Negulesco, 1946)

Un buen 'noir' clásico, tanto en la trama como en el fondo. Con un gran John Garfield, una muy guapa Geraldine Fitzgerald y el gran secundario que es Walter Brennan.
La historia de una estafa, de un enredo, de una falsificación, pero con un tratamiento tan ortodoxo, tan clásico, tan 'de siempre' que verdaderamente alegra el día.
Es un 'noir' singular. No hay la violencia característica de otros "negros", siendo el engaño moral, enlatado en una historia de amor, el motor de la historia.
Es dura, pero no áspera. Te araña, porque es evidente que hay un engaño detrás, una estafa. Pero no lo hace desde planteamientos vulgares, ni estática ni moralmente.
Terminar la noche con una película de estas características es toda una garantía de que vas a dormir bien, de que el recuerdo de la cinta ta va a agradar, porque ésta es de las que se recuerdan, y de las que se recuerdan con agrado.
El blanco y negro se aprecia a la perfección, y el sonido es perfecto. Una copia espléndida.

domingo, 16 de febrero de 2025

§ 3.696. Noche de pesadilla (Basil Dearden, 1962)

Mucho Jazz, en una pel´cula sobre el Jazz, en una sesión de Jazz, en una exponención acídele Jazz.
Me encanta, claro. Aparece Charlie Mingus, indudablemente un hombre completo de Jazz. Malhumorado, grande, excesivo, brabucón, iracundo, y todos los tópicos que uno pueda enlatar en una persona de por sí magnífica y un genio en lo suyo. 
También interviene, y también fugazmente, Dave Brubeck, un músico superlativo, quizá algo estandarizado, muy apegado a la dinámica escolástica, me le imagino sin romper un plato en toda su vida.
También aparecen más músicos de Jazz, entre ellos, según he copiado de la Wikipedia: John Dankworth (saxo alto); Bert Courtley (trompeta); Keith Christie (trombón); Ray Dempsey (Guitarra); Allan Ganley (batería); Tubby Hayes (Saco tenor); Barry Morgan (bongos); Kenny Napper (bajo); Colin Purbrook (piano); John Scott (saxo tenor y flauta) y Harry Beckett (trompeta).
La película se sostiene por la música, porque el guión no puede tener más desarrollo. Cuatro ideas estiradas pero de una manera muy digna.
Gran conjunto, equilibrado y sincero. Con mucha música, que está a cargo de Philip Green. Supongo que cuando los créditos le hacen el responsable de la música es de la elección de la banda sonora, porque la ejecución es llevada a cabo por músicos de verdad. Que salgan tantos Jazzman, supongo, es una licencia del Director. Seguramente porque le admiraba, y quería inmortalizarle. Tiene frases incluso. 
Me gusta porque me gusta el Jazz, pero no es una película notable. Se deja ver, tiene su gracia, es interesante, enlaza muy bien la música y la trama y tiene un metraje muy razonable. 
Un blanco y negro un poco decaído para un "Neo-noir" británico de esos que tanto me gustan. Un film interesante, pero no notable.
Seguramente lo recordaré mucho, pero quizá no estrictamente por su valía cinematográfica. Intentar meter en un escenario de Jazz una historia de celos y manipulación emocional no es fácil. Es muy difícil. De una manera u otra parece que no pueden darse en un mundo tan libre.
Me gusta mucho Dearden, tiene cosas muy valiosas.

§ 3.695. Las chicas de Copacabana (Jesús Franco, 1981) 

Franco tiene cosas buenas, mediocres, malas e infames. Este película pertenece a la última categoría. Tiene el interés, indudable, de ver Copacabana, los edificios, la playa, las gentes, los colores, los hoteles, etc. Peo poco más. Es una auténtica estupidez. Una trama de los más mediocre, que sirve como excusa para que funcione la máquina de picar carne, es decir, chicas medio desnudas con poses sugerentes en un poro soft  que visto desde el primer cuarto del Siglo XXI causa un poco de risa, cuando no pena.
Lina Roman, como siempre, unos chicos venidos de Paris, uno de los cuales está redactando una Tesis Doctoral sobre Voltaire, otro toca la guitarra y el tercero -una chica- se acuesta con los dos.
Infame donde las haya. No hay de dónde tirar.

§ 3.694. Los novios búlgaros (Eloy De la Iglesia, 2003)

 

Última película de Eloy, un verdadero grande del cine español. Un director creativo, comprometido, fantasioso, irreverente, sucio, feo, contradictorio, guapo, alto, bajo, suyo...!!!
Al parecer la rodó después de la Estanquera de Vallecas (1987) tras recuperarse de su adicción a la heroína, y superar la muerte de Manzano, amante suyo, actor fetiche, musa por momentos y actor poco dotado, nada polifacético, sí muy encasillado y nada sutil en sus manifestaciones artísticas. Aunque en la última cinta sí se le apreciaba una vena cómica que no pudo, o quizá no supo, explotar.
Eloy en esta película había perdido totalmente su gracia, su crédito, su arte, su garbo, su creatividad. No es que no sea una gran película, es que es mala. No puede decirse de otra manera. Explora un terreno en el que ya había transitado, pero ahora sin gracia. Lo que antes era transgresor, ahora es estereotipo, argumento manido...
Puede leerse como una alegoría de su historia de amor con Manzano.
No es una buena película. Mala despedida para De la Iglesia.

sábado, 15 de febrero de 2025

§ 3.693. La casa de la colina (Robert Wise, 1951)

Qué bien construye las películas Wise. Es un mago. Un auténtico mago. 
La historia que nos muestra tiene "tintes" europeos. Parece un cuento de navidad, o si se prefiere una historia de princesas y príncipes, de sueños encontrados después de mucho infortunio, de muchas dificultades personales. 
A pesar de ello el ser humano tiende a desparramarse, a buscar lo que no tiene, a encapricharse con cosas que no tiene pero que no necesita, que incluso le hacen mal, le perjudican y le perturban. Cosas que no deberían ser tenidas en cuenta, en consideración, que deberían dejarse de lado.
Richard Basehart y Valentina Cortese son los personajes protagonistas. Excelentes ambos, especialmente Cortese, que me ha parecido una excelente actriz, delicada, sensible, fina y sugerente. De esas que se mueven suavemente, con elegancia, con delicadeza, a las que le sientas bien los trajes de Gucci, de Givenchy, de Dior, de Chanel, de alta costura. Italiana, con cara de porcelana, inalcanzable, sofisticada, de las que "las matan callando".
Basehart es otra cosa, un americano en Europa. Actor sencillo, sin matices, rudo y con cara marmórea, ideal para una película bélica.
Los secundarios son: William Lundigan y Fay Baker. Firmes ambos, con sentido, sabiendo qué hacer. 

§ 3.692. Brandy (José Luis Borau, 1963)

Debut cinematográfico de Borau. Un espagueti western español de los del montón. Y, sin embargo, está bien rodada. 
La redención por el peligro, por realizar algo heroico, por hacer aquello que nadie puede, sabe o quiere hacer. 
Seguramente rodada en Almería, al calor de la música utilización de los estudios naturales de los estudios allí montados.
Tiene su gracia, aunque no soy capaz de ver en ella unos rasgos identificadores como de un autor concreto. Desde luego me gusta Borau. Muy bien Crimen de doble filo (1965) y Furtivos (1975). También Hay que matar a B (1975). Río abajo (1984) también me gustó, y Leo (2000), su última cinta. Pero sobre todo me encantó Tata mía (1986)
Suyo sólo me queda por ver suyo: La Sabina (1979) y Niño nadie (1996).