miércoles, 3 de mayo de 2023

§ 3.027. Cualquier día en cualquier esquina (Robert Wise, 1962)

 

Una historia de amor adulto, en un mundo de Jazz, estética de cine negro y barrios Neoyorkinos. 
Un antológico Robert Mitchum y una muy decente Shirley MacLaine componen el plantel principal. A él le tengo por un actor espléndido, a ella por una mujer vivaz, de mundo, capaz de llevar a buen puerto personajes sencillos y vivarachos. Mitchum tiene el poso clásico y la hombría y virilidad escrita en la cara y en el cuerpo, en los movimientos, en las miradas, en el peso de la culpa por no se sabe muy bien qué. MacLaine pertenece a otro mundo, a otras formas, otros interesantes, el yoga, la meditación, amores extraños y más psicoanálisis que introspección, pero es una actriz impresionante, convincente y con muchos registros.
Tengo a Wise como el último estilista, el artesano final, el hombre que une a la industria clásica con el cine de los años ochenta, que une a John Ford con Scorsese, por decirlo gráficamente.
Esta cinta no es de las más célebres del director. Una historia de amor convencional sobre seres solitarios. Estoy por apostar algo a que José Luis Garci la tuvo muy presente cuando rodó Asignatura aprobada. Y también me recuerda a la historia de Pollack que más me ha gustado: Tal como éramos.
El estudio de los personajes es algo pretencioso, algo simple y poco verosímil, pero interesante. 
Me ha gustado mucho la música, de Andre Previn, con una canción que se repite como banda sonora en acordes de Jazz absolutamente maravillosa. También es noticiable la fotografía de las calles de un Nueva York nocturno y algo crepuscular.
Los diálogos están muy trabajados, son profundos e inspiran sinceridad y cordialidad.
La historia de amor evoluciona con verdadero interés, poco a poco y sin prisas. Por momento es enternecedora, a veces cruda, otras ingenua. Se me ha hecho un poco larga, dos horas para dos personajes quizá es demasiado.

lunes, 1 de mayo de 2023

§ 3.026. Scaramouche (George Sidney, 1952)

 

Un clásico de capa y espada, probablemente uno de los más célebres. Lo tiene todo para ello. El galán, el lujo, la chica guapísima, los duelos, la trama, el color y todo lo que se espera de una cinta de aventuras en el siglo XVIII francés.
Notable la interpretación de Stewart Granger con un punto de cinismo y locura de lo más divertido, y la guapísima Eleanor Parker, más guapa que nunca, siempre sospechosa de estar en el mundo del cine por su belleza, no por su talento.
Ver a Mel Ferrer haciendo de malo no es gratificante, me da un poco de mal fario. Janet Leigh tiene un papel discreto, sencillo, un poco amanerado, lo que se esperaba.
El contexto político sirve de excusa para la trama, pero no tiene un tratamiento directo. No es exactamente un MacGuffin, pero se le parece. Es una película de aventuras, no política. 
La música acompaña, pero lo que verdaderamente merece una nota especial es el vestuario, todo un repertorio de colores, formas, estilos. Un dispendio absoluto.
No se hace pesada, a pesar de durar dos horas. 
Quizá fue el éxito más grande de su director, que no le tengo por un director imprescindible, aunque ésta sí fue una obra redonda. También había rodado unos años antes una versión de los tres mosqueteros.

sábado, 29 de abril de 2023

§ 3.025. El Dorado (Howard Hawks, 1966)

 

No sé cuantas veces la he visto. Quizá 12 ó 15, o quizá 20. Me da igual, es una cinta que hay que ver una vez cada año, mínimo.
Sinceramente, es una de las películas de mi vida.

viernes, 28 de abril de 2023

§ 3.024. Alemania año cero (Roberto Rossellini, 1948)

 

Las películas con niños no suelen gustarme, y aquellas en las que los seres humanos sufren, menos aún. Por otro lado, las de Rossellini hay que verlas con cierta cautela, porque tienen una profundidad emocional que me queda destrozado. O tienes un cuajo tremendo o te hacen verdadero daño. Me ha pasado con todas ellas. Las recuerdo, me asaltan por la noche, me hacen verdadero daño. Y esta no es diferente. 
¡ Ese realismo tan crudo !, Esa manera de contar las cosas, de ver sufrir a un niño, a una familia. 
Es evidente que la guerra produce estas consecuencias, es más, es precisamente lo que quiere, pero me gustan más las películas clásica americanas que me mienten y me dicen que todo es posible, que los seres humanos somos buenos (aunque todos sabemos que no es así), que la vida tiene un sentido positivo y razonable. En definitiva, me gustan más las películas que los documentales.

jueves, 27 de abril de 2023

§ 3.023. Boogie Nights (Paul Thomas Anderson, 1997)

La vi hace muchos años, probablemente más de veinte, y me pareció magnífica. Siempre que he visto alguna cinta de Anderson me acordaba de ésta. Por varias razones: la temática, por Burt Reynolds, que tiene una actuación magnífica, y también por Julianne Moore, que está más guapa que nunca.
La decadencia de la industria, la democratización del video y la llegada de las drogas al negocio es la bóveda sobre la que se sustenta toda la película. 
Muy interesante también la actuación de Mark Wahlberg, en un papel muy difícil. 
También sirve para dar un repaso a las estéticas, vanguardias y mitos de los años setenta. Un repaso nada crítico, meramente expositivo. La sociedad funcionaba así, la cultura era como era y la industria del porno servía a lo que servía.
Interesante también Don Cheadle, y Heather Graham como una chica más del asunto.
Si yo hubiera sido el director hubiera "colado" en algún cameo a alguna celebridad del porno de la época, alguien épico y perfectamente reconocible. Hubiera sido un puntazo.
La pretensión del director es el verdadero motor intelectual del asunto. Intentar convertir el cine para adultos en algo más que lo que es. En esta pretensión Burt está espléndido. Fue nominado como mejor actor, pero no le dieron el Oscar, lo consiguió Robin Williams por el Indomable Will Hunting, una película verdaderamente buena.
La educación estricta que recibe el muchacho también tiene mucho que ver en su decadencia y bajada a los infiernos, especialmente por la madre, una auténtica histérica y mal bicho que maltrata al marido y al hijo.
Es muy buena película, al menos a mi me lo parece. No es que me guste, que también, y mucho, es que creo que está bien hecha, bien rodada y bien trazada.

miércoles, 26 de abril de 2023

§ 3.022. La campana del infierno (Claudio Guerin, 1973)

 

Película singular, de un director que, en realidad, sólo hizo esta cinta y ni siquiera la terminó, porque falleció en el rodaje en un accidente preparando una toma y tuvo que terminarla Juan Antonio Bardem.. Más que interesante propuesta la suya. Ubicada, sin lugar a dudas, en la Galicia de interior, es una cinta muy de la época, tanto en la estética libertaria que propone -moto, pocas palabras, seguridad en uno mismo-, como en la temática general de la misma -ocultismo, pasado negro, reencuentro con uno mismo, antipsiquiatría-, con un resultado más prometedor que otra cosa.
Le cuesta entrar en materia, y no sabes muy bien cuál es hasta bien entrada la cinta, y aunque puedes prever de qué va la cosa.
Me llama la atención el empleo de actores extranjeros: el  francés Renaud Verley, célebre por la Caída de los Dioses, de Visconti, y Viveca Lindfors, sueca, que intervino en Tal como Éramos, de Sidney Pollack, en una producción tan pequeña de un actor con poco recorrido todavía en la filmación de películas.
Ruralidad, locura, Galicia, sexo y toda una amalgama de bromas pesadas y juegos macabros. Interesante, pero sin demasiado recorrido.

martes, 25 de abril de 2023

§ 3.021. Nuestro hombre de Milán (Fernando Di Leo, 1972)

 

"Milán Calibre 9", de este mismo director me pareció espectacular. Ésta no tanto. 
Aquella tenía la frescura de no saber nada de cómo funcionaba y en esta estaba 'prevenido'. Los giros, los retos, los comentarios, incluso la manera de contar la historia, de ir de una secuencia a otra, ya me eran, sino reconocibles, si previsibles. El montaje es similar, dos historias que se van acercando y convergen con el discurrir de la cinta. 
Interesante es que te pone los títulos de créditos al principio, como por otra parte copió Tarantino para decir que es célebre hacerlo así.
Mario Adorf (que sólo hace películas de este tipo, aunque trabajó muchísimo) es el mafioso, el inconfundible Henry Silva y Woody Strode son los mafiosos. La guapísima Luciana Paluzzi es la directora del hotel y la guapa Sylva Koscina es la mujer del mafioso.
Papeles estereotipados, ademanes conocidos, poses clásicas, chulerías de baja estofa, y demás recursos cinematográficos más que conocidos sirven de canal de comunicación para transmitir un mensaje más que conocido.
El abuso de la estética 'setentera' es otra de las señas de identidad de esta cinta, que junto con las comentada y Secuestro de una mujer (1973) componen la llamada trilogía de Milán.
Mientras que en la citada película no se le daba al espectador ni un minuto de respiro, esta cinta es más 'tranquila', hay más tiempos muertos, planos para cambiar de escena, algo más de relax para contar las cosas. Pero es infinitamente peor película, a mi modesto juicio.