martes, 1 de diciembre de 2020

§ 2.143. Balas vengadoras (Samuel Fuller, 1949).

    Primera película de Fuller. Se ve rara, con un formato pequeño y como encuadrado en una  cinta gris que rodea la película, como si fuera un cuadro. Hoy va de primeras películas, pues he visto la primera de Siegel, que me ha encantado.
    Esta me ha gustado menos. Por el formato, el visionado y la escenografía. Aun así se aprecian algunas cosas de Fuller, básicamente esos primerísimos planos de la cara de los protagonistas, que tan bien funcionan en las películas de guerra: A bayoneta calada y Cascos de acero.
    Lejos, con todo, de sus mejores cosas, cuya cumbre es, sin duda, Manos peligrosas, que hace muchísimos años que vi, por primera y única vez. Tengo ganas de volver a verla, segundo que me gusta incluso más que la primera vez. 
    Narra las aventuras del asesino de Jesse James, Bob Ford, que traicionó a su amigo para conseguir el indulto del gobierno y casarse con su novia Cynthy. Pero una cosa son las pretensiones y otra la realidad. La vida no siempre es lo que se espera de ella. La culpa del pistolero se acrecienta por la necesidad de tener que teatralizar el asesinado una y otra vez en el teatro como forma de ganarse la vida. Culpa, alcoholismo, marginación, mezquindad. El abandono de los proyecto que tenía cuando traicionó a su amigo se tornan por el sueño de conseguir plata en una minas, abandonando a su novia, que sólo rescatará más tarde si consigue hacer dinero para cuidarla. Pero en otros sitios también han oido hablar de él, y su fama, con lo que ello conlleva, le persigue.
    El reparto: Preston Foster es Jesse James, Barbara Britton es Sidney, la chica del asesino de Jesse, John Ireland como el asesino Bob Ford. Los demás son: Reed Hadley, J. Edward Bromberg, Victor Kilian, Tom Tyler, Tommy Noonan, Eddie Dunn, Margia Dean, Byron Foulger, Jeni Le Gon, Barbara Woodell, Phillip Pine,  y Robin Short.

§ 2.142. El veredicto (Don Siegel, 1946)

 Primera película de Don Siegel como director. Magnífica. Realmente estupenda. Cine negro de verdad, del bueno. Música, escenografía, atrezzo y diálogos de verdad negros, en un guión que no deja respiro alguno.
    Un jefe de policía, al parecer, ha cometido un error al investigar a un acusado de homicidio, pues no ha tenido en cuenta el testimonio exculpatorio de un sacerdote que dice que pasó la noche del crimen con el acusado, luego ajusticiado.
   El crimen que se cometió fue la muerte de una señora mayor con dinero. Su sobrino es un poco "vive la vida" y rápidamente el policía despedido, en realidad jubilado, centra en él sus pesquisas. Pero el sobrino ha sido asesinado, y nadie parece entender qué ha ocurrido. Ha sido asesinado en una habitación cerrada con llave, sin evidencias de violencia en la puerta o ventanas, solamente hay una chimenea, demasiado pequeña para que deje pasar a un hombre. El nuevo jefe de policía no sabe por dónde tirar, no tiene indicios ni sospechosos, pero aunque habla con él no le pide ayuda en sentido estricto. La chica es detenida porque dice que buscada un reloj en la habitación del fallecido por su valor sentimental. Cuando abren la tumba y descubren el cadáver ven que tiene guardada una fotografía de la mujer que regenta la pensión dedicada por ella misma. Ya no se sabe quién es sospechoso y quien no. Las amenazas que profirió un primo del fallecido adquieren ahora toda su dimensión.
 Reparto de superlujo en los papeles protagonistas el inolvidable Sydney Greenstreet, acompañado por el también característico Peter Lorre, Joan Lorring es la chica, la novia del fallecido, George Coulouris es el nuevo jefe de policía, Rosalind Ivan es la entrometida casera en donde se ha asesinado al joven. Los demás papeles son para: Paul Cavanagh, Arthur Shields, Morton Lowry, Holmes Herbert, Art Foster, y Clyde Cook.

§ 2.141. El fugitivo (John Ford, 1947)

No pensé que en la filmografía de Ford encontrase una película religiosa. No parece un hombre que practicase religión alguna. Su forma de ser, su personalidad, su hombría desaforada, sus vicios con el tabaco y el alcohol presagian un hombre alejado de las trascendentalidad que proporciona la religión y su ritos.
Pero es una película religiosa, con un título además muy Western, que puede inducir a engaño al espectador, esperando ver una cosa y encontrarse con otra.
En todo caso parece como si Ford se 'quitase' con esta película un peso de encima: soy católico, punto. No se hable más. Creo en Dios, a mi manera, parece querer decir con la elección de este tema. Más allá de la iconografía intuitiva de los Tres Padrinos con los Reyes Magos pocas temáticas religiosas recuerdo en Ford. No es que sea un descreido, o un irreverente, menos aun un faltón o provocador. Simplemente no le agradaban los temas religiosos.
El guión es de Dudley Nichols sobre una novela de Graham Greene, que desconozco cuál es, quizá El poder y la gloria, que se editó en 1940.
La trama es sencilla. En un país en que está proscrita la religión un sacerdote desafía las reglas imperantes y continúa ejerciendo su sacerdocio. La película comienza con un bautismo.
Los regentes instigan al jefe de policía para que le persiga y de caza, tarea a la que corre solícito, causando daño en la población civil con el propósito de que le sea entregado el sacerdote. 
    Aunque está rodada en México y los actores y escenarios son claramente mexicanos, ya advierte al comienzo de la película una voz en off que la temática no es exclusivamente mexicana, sino que podrían desarrollarse en cualquier parte del mundo. El ambiente es claramente revolucionario, tanto en la iconografía como en el vestuario de los militares. El lenguaje y las proclamas también son claramente revolucionarias.
   El sacerdote pretende huir del país, llegando con una mula a Puerto Grande. Le ayuda a huir la mujer y en el camino se encuentra con un paisano que, obviamente, pretende robarle la mula y el maletín que lleva, que a los ojos del paisano se le antoja lleno de dinero. Cuando está a punto de subir al barco un niño le llama padre y le pide que acompañe a su madre que está a punto de morir.
   Los actores son: Henry Fonda como el sacerdote, Dolores del Río la mujer india que acaba de dar a luz; Pedro Armendáriz como el policía obsesionado con darle caza y matarlo; y Ward Bond como el Gringo buscado por la justicia mexicana.

lunes, 30 de noviembre de 2020

§ 2.140. Tres forajidos y un pistolero (Richard Fleischer, 1974)

    Un Western distinto, de los setenta, con música singular, temática diferente a la clásica, en este caso la relación entre un bandido y tres chavales de tres ranchos vecinos. Herido como está le recogen y le cuidan hasta que se vale por sí mismo. Recuperado de las lesiones se marcha, pero ellos se quedan prendados de él, de las cosas que les ha contado, de su forma de ser.
    El padre de uno de ellos se casó con otra mujer y entre él y  el padre hay problemas evidentes de convivencia e incompatibilidad de caracteres. Decide escaparse después de que el padre le propinase una paliza por haberle regalado el caballo al forajido y arrastra en su camino a los otros dos chicos. Una especie de road movie en el oeste, un viaje iniciático que necesariamente les va a llevar a contactar con el bandido, un Lee Marvin mayor y avejentado, probablemente ya alcoholizado sin remedio.
    La inocencia de los niños está muy bien retratada, cómo sudan y los nerviosos que se ponen al actuar, al asaltar el banco, por ejemplo. Matar a un vecino después de atracar un banco es una buena prueba de fuego. Un comienzo muy prometedor para la vida adulta. Después de ser detenidos y encarcelados en México son liberados por el bandido, y una vez puestos en libertad comienzan a desarrollar varios trabajos, poco edificantes. En el último encuentro con el bandido éste les propone trabajar para él. Son niños que están aprendiendo a ser hombres, ese es el mensaje de la película, que necesariamente tiene que salir mal. No puede salir bien.
  Me gusta mucho Fleischer, siempre me ha gustado. Un maestro, un artesano, alguien que es capaz de mirar de manera diferente, de contar historias con solo mirar a través de la cámara. Más de cuarenta películas en una carrera larga y llena de éxitos.

§ 2.139. Kinjite: prohibido en occidente (J. Lee Thomoson, 1989)

    Jo, qué malas son las películas de J. Lee. no tienen nada, y son todas iguales. Y me gusta J. Lee, tiene cosas realmente valiosas, pero supongo que llegó un momento en que lo más fácil era hacer siempre lo mismo, sobre todo si en taquilla funcionaba, y todo paree que era así, porque repetía, una y otra vez, la fórmula: policís viejo, honesto y asqueado de su trabajo policial sufre algún acontecimiento traumático que lograr desestabilizarle y convertirle en una especie de justiciero de la verdad y de la venganza. Pero no son escabrosas o sexualmente explícitas, nada de eso. Tampoco son rudas o violentas. Es una especie de subgénero que tuvo mucho éxito en su momento y que todavía lo tiene, siendo la máxima estrella del género Charles Bronson, en sus épocas más crepusculares.
    Es la última películas de J. Lee, que tiene cosas, como digo, que me parecen muy decentes: Los cañones de Navarone (1961), Taras Bulba (1962), Una llamada a las doce (1965), La sombre del zar amarillo (1969) y El oro de Mackenna (1969), estando en otra división: La rebelión de los simios (1973), El griego de oro (1978) y El Pasaje (1979). Las dos últimas son de ese tipo de películas que no son especialmente brillantes y, sin embargo, me gustan mucho, se dejan ver y pasas el rato un par de hora.
    Argumentos simples, pero que funcionan. Es un cine que no me gusta especialmente, pero seguro que tiene su público, y todavía deben seguirse viendo, porque se reeditan en DVD de manera constante.

domingo, 29 de noviembre de 2020

§ 2.138. Ausencia de malicia (Sydney Pollack, 1981)

  La vi hace muchísimos años, y la recuerdo vagamente. La tenia en VHS y ahora la he comprado en DVD, en ese proyecto que tengo de sustituir las cintas antiguas grabadas por DVDs.
   Una crítica brutal al periodismo y a los conexiones con la policía, los políticos, el poder. Una joven periodista, ambiciosa y con conexiones con el FBI deja que le filtren una información de dudosa credibilidad sobre la imputación del hijo de un mafioso en la desaparición (y probable muerte) de un líder sindical. No se comentan los motivos por los cuales los policías creen que el sujeto es quien ha ordenado su desaparición. No sólo es hijo de un mafioso, sino también el sobrino de otro. La policía no tiene nada. Por eso filtra que le están investigando a la prensa, que pica y publica que le están investigando. Nada es cierto, pero es lo de menos. Lo importante es mover el avispero para ver qué ocurre. Todo parece indicar que el sujeto investigado es un honrado comerciante de licores al por mayor, importador y demás. No tiene, al menos que se aprecie, conexiones con la mafia. Simplemente el hijo de quien es.
    La clave del asunto es el título de la película: ausencia de malicia. Para demostrar que la prensa no ha cumplido fielmente sus deberes deontológicos debe acreditarse que había malicia en sus artículos. Es decir, lo único que evita la responsabilidad del periodista y el periódico es que exista "ausencia de malicia".
  Paul Newman, y Sally Field, acompañados de Melinda Dillon, Bob Balaban, Wilford Brimley, Barry Primus, Luther Adler.
  Director para mi antes idolatrado, ahora ya no tanto. Después de los Walsh, Wise, Tournier, Fleischer, Aldrich, etc., los que llamo clase media Pollack queda en un segundo plano.

sábado, 28 de noviembre de 2020

§ 2.137. Viento en las velas (Alexander Mackendrick, 1965)

    Un director del que he visto pocas películas porque pocas películas tiene, sólo once. Son realmente pocas y además no parece que su poco prolífica carrera tenga algo que ver con su calidad: todas son muy buenas. Desde luego Chantaje en Broadway es una auténtica maravilla, y por lo que veo en Filmaffinity las notas siempre son muy brillantes, todas ellas además. Un perfeccionista del cine, que aprendió el oficio con Rossellini en Roma, ciudad abierta y que fue despedido de alguna película por la meticulosidad de sus proyectos. Refugiado a veces en la televisión y finalmente en la docencia en una universidad americana. Era Bostoniano pero trabajo también en Inglaterra, donde falleció.
    Una película de aventuras de las de toda la vida. Niños, piratas del mar, inocencia y crueldad. Buena mezcla. Excelente cinta, aunque a veces los niños no actúan demasiado bien, son poco expresivos, muy planos. Aunque, la verdad, al lado de Anthony Quinn cualquiera queda diluido. En realidad cualquiera queda diluido.

$ 3.974. Él (Luis Buñuel, 1953)