domingo, 3 de marzo de 2019

§ 1.574. El honor del Capitán Lex (André De Toth, 1952)


Cine, esto es cine. No es arte o ensayo, no pretende ser la mejor película de todos los tiempos, no quiere pasar a la historia del cine, no es más que una historia contada con cariño, con actores reales, con una dirección que va en una linea. Me encanta el Wester y me encanta De Toth, y, por supuesto, me encanta Gary Cooper, que está espléndido, magnífico de verdad, con ese velo en la mirada de tristeza y amargura, por algo que paso pero que no conoces, algo antiguo que le atenaza y presiona, y no le deja ser feliz.
Esta película la he visto ya, hace años, pero no la recuerdo de Cooper. Además la recuerdo muy bien, pero distinta. Puede ser que tenga alguna nueva versión. Es una historia poderosa y sincera. Gran cinta, buena de verdad.

§ 1.573. Más dura será la caída (Mark Robson, 1956)


La última película de Bogart, tan impresionante en esta como en todas las demás. Hacía muchos años que la vi por primera vez, y esta me ha gustado mucho.

§ 1.572. Andrei Rublev (Andrei Tarkovsky, 1966)


Pues una pretenciosidad sin genio ni gloria. No dudo que su obra sea extraordinaria, tanto desde el punto de vista fílmico como técnico, pero no es lo que más me gusta del cine. No creo que tenga grandes seguidores, más allá de los que gusten de decir que entienden de cine y gozan de cosa raras.

sábado, 2 de marzo de 2019

§ 1.571. La chaqueta metálica (Stanley Kubrick, 1987)

La he visto ya varias veces, y, la verdad, me parece su peor película. Pretende algo difícil, un alegado anti belicista pero con mimbres de auténtica cinta de guerra. No creo que la crítica la considere ni una buena película de guerra, que no lo es, ni una de sus mejores cosas, que tampoco. Es casi su peor cinta.
Pretenciosa, estridente, ruidosa, confusa... No me merece un gran crédito. 
Seguro que tiene muchos seguidores, claro. Peor como gran película no es.
La crítica feroz a la institución militar es evidente, y también a todo lo que tenga que ver con disciplina, sometimiento y educación. Falta la música de Pink Floyd, con aquello de "Profesores, dejen en paz a los niños". Las escenas de guerra no son tan intensas como pudiera parecer, ni creo que tengan parangón con otras películas clásicas del género (El día más largo; Tora, tora, tora; La batalla de las Ardenas, etc) ni tampoco con las nuevas (Salvar al soldado Ryan, Banderas de nuestros padres, Caras desde Iwo Jima). Al igual que es evidente que otras cintas suyas son prodigios de técnica cinematográfica, en esta, la verdad, lo genial brilla por su ausencia. Pero hay que recodar que este director filmó antes de que esto lo siguiente: El beso del asesino (1955); Atraco perfecto (1956); Senderos de gloria (1957); Espartaco (1960); Lolita (1962); Teléfono rojo ¿volamos hacia Moscú? (1964); 2001: Una odisea del espacio (1968); La naranja mecánica (1971); Barry Lyndon (1975) y El resplandor (1980). Esta fue su última gran película. La chaqueta metálica (1987) y Eyes wide shut (1999) no son grandes cosas, todo lo contrario, son obras pequeñas comparadas con las anteriores.

jueves, 28 de febrero de 2019

§ 1.570. Los intimidadores (Jacques Tourneur, 1958)

Una película estupenda, estupenda de verdad. Crítica, mordaz, dura, y que pone a caldo a las empresas de opinión, de esas que hacen encuestas para los políticos.
Es un claro antecedentes, además, de Manchuria Proyect, un clásico del género: The Manchurian Candidate, de John Frankenheimer de 1962. Y con uno de mis actores favoritos, Dana Andrews.
Es rápida, directa, muy inteligente y profunda. Pone en juego todo el valor de las empresas de opinión y abiertamente critica sus métodos de funcionamiento, sobre todo cuando se ponen al servicios de intereses políticos. En aquella época algo oscuros; tiempos de amenaza comunista, guerra fría y terror rojo.

§ 1.569. Cita en Sundown (Budd Boetticher, 1957)


Excelente producto de Serie B, de un Director más que notable dentro de la industria. Budd Boetticher es un gran oficiante, un artesano, alguien que no pide mucho para hacer una buena película, para hacer ganar dinero a los estudios. Director formado en este tipo de cintas, con un actor fetiche -Randolph Scott- que encarna, en sí mismo, el Oeste como género.
Me llama la atención la capacidad de esconder cuál el secreto oculto de la trama, aquello que motiva el comportamiento del personaje. En este caso la razón del pistolero que persigue al jefe del pueblo que se va a casar es que provocó que su mujer se suicidara, con la que mantenía un romance. Pero hasta el minuto 48, de los 77 que tiene la cinta no se desvela el asunto, y no se hace totalmente, algo falta, algo no se explica del todo, hay algo más... y no se sabe qué es. No tiene sentido, y la lógica de la propia venganza pierde fuerza cuando faltan datos en la exposición del tema.
De lo que no cabe duda es de la cantidad de entretenimiento que pone en juego. Metraje contenido, gran estrella que tiene tirón en pantalla, historia emotiva, juego de tensiones sexuales entre los personajes, trama encubierta, y resultado previsible pero efectista. 
Buena película, en definitiva.

martes, 26 de febrero de 2019

§ 1.568. La balada de Cable Hogue (Sam Peckinpah, 1970)

No me parece la mejor película de Peckinpah, pero es notable. A mi me gustaron más La Cruz de Hierro, Perros de paja y, sobre todo, Grupo salvaje.
Los Westher crepusculares, o las raras, las marginales, aquellas que se ambientan en el Oeste pero no son del Oeste no me agradan demasiado. Y esta no es una excepción. 
El ambienta decrépito, la lucha emocional de la chica entre el amor de quedarse o cumplir su sueño frente al deseo irrefrenable de venganza de él.
Los actores están magníficos, Jason Robards y Stella Stevens en los principales y David Warner como el predicador Joshua, tan peculiar como inolvidable.
Tiene más de película de amor que de auténtico Westher. La soledad sentida de él como comino a la venganza y la huida de ella como forma de vida, como proyecto de vida. Dos formas de vivir, contrapunto de otro tipo de vida en el Oeste.
Peculiares en su forma de rodar son esas imágenes a cámara  rápida y eso planos sobrepuestos.
Llama la atención que no se prodigara en la violencia de otras cintas. La rodó entre Grupo Salvaje y Perros de paja, dos de las películas que más han hecho por favorecer la crítica fácil a la apología de la violencia, con razón.
Me ha encantado Jason Robards, me parece un actor magnífico. En un papel muy similar, por cierto, del eu hizo en Hasta que llegó su hora.