La broma de la página 112 es suficiente para dar por acabada una novela que no tuve que empezar. Es insufrible por Dios, que horror de delirio de escritura automática, sin medida, sin mesura, sin ningún tipo de análisis de personajes, sin auténtica trama, sin ritmo, sin pulso... Nada... Y lo de la página 112 es para cerrar el libro y no volver a leer nada suyo nunca más. Así lo haré. Lo de Elegía para un americano, bueno, tiene un pase, esto no. Ni mucho menos. No dudo que para un determinado público le guste saber qué va a suceder con La Pausa, pero es que no lo cuenta ni siquiera con gracia.
Lev Stepanovich era un contador de historias ciego que la abuela de León Tolstoy tenía a sueldo en la casa familiar. Era legendaria su capacidad para contar cuentos... manipularlos, hacerlos una y otra vez de manera diferente... Eso pretende este Blog, contar cuentos... de manera creible.
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