Lev Stepanovich era un contador de historias ciego que la abuela de León Tolstoy tenía a sueldo en la casa familiar. Era legendaria su capacidad para contar cuentos... manipularlos, hacerlos una y otra vez de manera diferente... Eso pretende este Blog, contar cuentos... de manera creible.
viernes, 27 de marzo de 2026
§ 4.018. Abismo de pasión (Sam Wood, 1942)
Un poco amanerada, especialmente en la primera de las tres partes, dedicada a narrar la infancia de los protagonistas.
Niñas “repipis”, niños vestidos de primera comunión, escenarios naturales
Los diferentes tipos de personas aparecen mostrando las cualidades y características notables de cada forma de ser. Son diferentes en cada forma de ser, pero todos ellos están dentro del mismo cosmos social, la misma estructura cerrada de una ciudad provinciana del este de EE.UU. Todo un mundo ideal al que
Un reparto encabezado por la siempre guapa Ann Sheridan, el estirado Robert Cummings, un buen actor pero muy encasillado, el inefable Ronald Reagan, en el decir de muchos en su mejor película, y Betty Field.
También intervienen Charles Coburn, Claude Rains, Judith Anderson y la entrañable Maria Ouspenskaya. Un reparto en toda regla. Y bastante adecuado. Parece que los personajes están hechos para esos actores.
Mención aparte merece el director, Sam Wood, un director que pareciera que pasa de puntilla en la historia del cine y que, a decir verdad, es más importante de lo que parece. A la sombra de los monstruos de la época, aquellos salvajes con decenas de obras maestras, pero alejado de las medianías comerciales. Pero tiene cuatro o seis obras verdaderamente notables.
§ 4.017. Los amantes crucificados (Kenji Mizoguchi 1954)
Quien interprete el cine japonés clásico como frio, deshumanizado o poco pasional, no sabe lo que dice. Es exactamente, todo lo contrario. Es fuego, contenido y poco expresivo, pero calienta y hace arder las pasiones humanas básicas como cualquier otro cine. Hay que entenderlo en su justo punto, en su medida, en su contexto. Es intenso, violento, incluso salvaje y brutal.
Aquí no hay la más mínima duda: violencia contenida, venganza, sordidez pasional,
sexo como motor y desencadenante de las vivencias y todo una subtramas que imaginas o intuyes de pura animalidad poco virtuosa.
Las proposiciones indecentes son igual de sórdidas en todas partes, en cualquier tiempo y circunstancias. No hay forma alguna de apreciar su modulación.
No es exactamente una road movie, porque prácticamente no se sale de un mismo escenario (en la primera parte), pero tiene ese espíritu, la huida, la marcha, el escape por la libertad propia, por la vida (en la segunda).
Hay mucha claridad narrativa en su exposición fílmica. Lineas puras, luces y sombras bien definidas, encuadres ortodoxos. Calma y sencillez en los diálogos, tempo nítido en su recorrido temporal, emoción contenida y nada de saturación emocional. Un plano, un sentimiento; varios planos, varias emociones.
miércoles, 25 de marzo de 2026
martes, 24 de marzo de 2026
§ 4.015. Dulces sueños (Karel Reisz 1985)
Interesante biopic sobre Patsy Cline, una cantante americana de Country de los años cincuenta de carrera fulgurante pero breve. Murió a los 31 años en un accidente de aviación.
Su influencia en la música es, al parecer, descomunal. Cambió del Rockabilly al Country, y desde aquí al Pop. La clásica versión del sueño americano: éxito, influencia, dinero, amor, y muerte siendo un cadáver joven.
No me sueña especialmente, pero la música de la película en la que canta verdaderamente la protagonista, no la actriz, desvelan una voz característica, algo nasal pero con mucha fuerza, tono y tino. Verdaderamente un gran cantante. Lo que se denomina una voz prodigiosa.
Millones de discos vendidos, influencia colosal en cientos de cantantes y músicos, una mujer verdaderamente impresionante. No he escuchado nada de ella. Pero no es extraño, sólo escucho Jazz.
La película está muy bien rodada, y los dos protagonistas están estupendos. La siempre eficaz Jessica Lange, sonriente y atractiva y Ed Harris como su segundo marido, quien la hizo feliz y también desdichada, alejándola de la vida familiar hacia terrenos inhóspitos de amargura, alcoholismo y resentimiento.
El director es Karel Reisz, un director muy interesante, un virtuoso del cine británico, que se fue alejando progresivamente del movimiento del nuevo cine británico para incorporarse a una comercionalidad cada vez más acusada. A medida que avanza su carrera se difumina en película más mediocres, quizá gane público, pero pierde personalidad y atractivo.
Su carrera es corta: - Sábado noche, Domingo mañana (1960), - Night Must Fall (1964), - Morgan, un claro clínico (1966), - Isadora (1968), - El jugador (1974), - Nieve que quema (1978), - La mujer del teniente francés (1981), - Dulces sueños (1985) y Todo el mundo gana (1990)
Me gusta como director, además de tener una vida personal de lo más peculiar.
lunes, 23 de marzo de 2026
§ 4.014. Mishima: Una vida en cuatro capítulos (Paul Schrader 1985)
Desconocía quién era Mishima, su potencia, su estilo y la influencia de su obra. No digo nada ya de su muerte, de la locura de su intento de Golpe de Estado, de la polémica que le acompañó, etc.
Una película interesante, bien rodada, con pretensiones, con propósito. Algo ampulosa, alambicada, y con una cierta cadencia que la aleja de las cintas más notables de Schrader.
Producida por Francis Ford Coppola y George Lucas, dos cineastas que por sí mismo llevaría un estadio de críticos y público a favor de su obra.
Entiendo que Schrader ya era un director consolidado, quizá desde el comienzo de su producción. Blue Collar fue un éxito inconmensurable, tanto de público como de crítica.
Esta incursión en culturas distintas tiene su atractivo, pero no es, ni por asomo, una cinta “japonesa”, ni en los temas que toca, ni en la estructura formal o estética, ni en la cadencia de sus planteamientos. Nada que ver.
Me ha gustado, pero esperaba otra cosa. Es interesante, está bien rodada, pero no profundiza en el personaje, me parece fría por momentos, académica y ortodoxa pero heladora. Le falta el pulso y la tensión que le sobra a Aflicción, que por supuesto es muchísimo mejor obra.
Y se aleja de la morbosidad de El placer de los demás, que es también una gran obra, en donde se explora con mayor determinación aspectos que le interesan a Schrader.
La pérdida de valores japoneses a lo que se oponía Mishima no se ven del todo reflejado en la película. Los personajes se comportan como si fuesen occidentales, americanos. Carecen de la gestualidad japonesa, de la seducción que imprimen sus caracteres, de la atracción de su carácter. No consigue profundizar en la ideación de lo japonés.
Está bien, pero no me ha sorprendido. Hay algo de usual, de trillado, de conocido.
La idea de hacer avanzar la película exponiendo las obras claves de su trayecto es brillante. Para un desconocedor absoluto de su obra es una forma muy interesante de acercarse al autor.
lunes, 16 de marzo de 2026
domingo, 15 de marzo de 2026
§ 4.012. La edad de oro (Luis Buñuel, 1930)
El primer Buñuel. Su segunda película, realmente mediometraje.
Surrealimo en estado puro. Ideas que se encauzan a través de un potente desarrollo visual, engarzando hechos, circunstancias y sucesos que no tienen un desarrollo lógico, ni siquiera racional.
Vidas y costumbres de los alacranes, obispos rezando en un acantilado, bandidos agotados de caminar (no parece que huyeran de nada) y circunloquios varios que es estructuran más como un ensayo fílmico que como una película.
Adoradores de esqueletos, peregrinos de las rocas, amantes apasionados, lujuria encubierta, pasión no consumada…
Las memorias de Buñuel, que les el mes pasado, conceden mucha importancia a sus primeras películas, y, sobre todo, al hecho de no ser considerado como un abandonado del surrealismo. Se nota que el apego que sentía por el movimiento era algo más que una identificación grupal, o la rememoración de su identidad a través de la recuperación de su memoria. Además de eso, que probablemente también, el surrealismo es para Buñuel una fuente de inspiración, un lugar al que acudir para recoger la siembre de su cosecha intelectual.
No es mi tipo de cine. Puedo verlo, naturalmente, y creo que se puede prender mucho de él, pero no es mi cine. Hay algo oscuro y perverso en la contemplación de imágenes sin hilaron, en una sucesión de emociones dispares que no conducen a ningún sitio y que se encadenan únicamente por el capricho del autor. Podría estar montada la película de otra manera y sería exactamente la misma.
Seguramente es una película fructuosa, pero no es mi tipo de cinta.
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Otra versión más de uno de los mitos americanos de siempre. Una versión clásica, frente a la de Sam Peckinpah de 1973 y a la de King Vidor ...
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La vi hace muchísimos años, en Cabueñes, en Asturias, en un campamento juvenil que organizaba el Injuve (el Instituto Nacional de la Juventu...
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Última de Clint, que ayer cumplió 95 años. Y sigue rodando. Dicen que tiene entre las manos otra nueva cinta. Esta es, sencillamente, una p...





