viernes, 25 de diciembre de 2020

§ 2.195. Tarde de perros (Sidney Lumet, 1975)

    Clásico sementero que vi hace muchos años y no recordaba especialmente bien.
    Empieza saco la película, en el minuto tres ya está el atraco en marcha.
    Una de las pocas de John Cazzale con un Al Pacino tan neurasténico como siempre... moviéndose compasivamente, nervioso y poco eficaz. El policía es Charles Burning, que borda su papel de tipo (duro y muy vivido) que comprende perfectamente lo que es la ciudad y su delincuencia. La carrera de Cazzale es una de las cortas y exitosas del cine. El Padrino, La Conversación, El Padrino II, Tarde de Perros y El Cazador, que sería su última película. Pocas carreras tan exitosas como esta. Prometía muchísimo, pero el cáncer se lo llevó en el momento en el que estaba explotando.
    El atraco es un desastre, todo calle mal y se convierte en un circo para la televisión. Es, tanto una película de robos como de crítica a la televisión. Es una historia real, acontecida en Brooklyn en 1972, un caloroso día de agosto. Ser capaz, como hace Lumet, de meterte dos horas de atraco sin pausa para respirar. Un lio tremendo, porque lo que era un atraco sin importancia se convierte en un secuestro con rehenes, cosa mayor, más peligrosa y con mucho más recorrido penal.
    También puede leerse como una crítica a la actuación policial, al principio especialmente patosa. El despliegue de medios para solventar el problema es espectacular, sobre todo teniendo en consideración la dimensión del atraco, que no deja de ser a una sucursal pequeña de barrio, en donde ni siquiera había mucho dinero. Todo está mal, todo sale mal: el planteamiento del atraco, su ejecución, la pista que les dieron, el plan de la policía, el de la prensa, todo...
    El atraco es retransmitido en televisión prácticamente en tiempo real. El atracador juega a que la televisión le de cobertura, y el juego consiste en apreciar cómo es capaz de sacarle rendimiento a su situación.
    Un tema parcial que no explora es la relación entre los delincuentes -la delincuencia- y los exmilitares de Vietnam
   El guión es prodigioso, obra de Frank Pierson (que ganó el Oscar) sobre un artículo de P.F. Kluge, y Thomas Moore, y un libro de Leslie Waller. 
    Lumet es un director más que solvente, con películas estupendas. Las que yo he visto son estas: Doce hombres sin piedad (1957), Piel de serpiente (1960), Punto límite (1964), La colina de los hombre perdidos (1965), Llamada para un muerto (1968), Serpico (1973), Asesinato en el Orient Express (1974), Tarde de perros (1975), Network, un mundo implacable (1976), Veredicto final (1982), A la mañana siguiente (1986), Distrito 34: corrupción total (1990), El abogado del diablo (1993), La noche cae sobre Manhattan (1996), y Antes que el diablo sepa que has muerto (2007).

§ 2.194. El señor de los anillos: Las dos torres (Peter Jackson, 2002)

Seguimos... Cada vez me cuesta más seguir la serie.
Está bien, pero es una gesta larguísima.

jueves, 24 de diciembre de 2020

§ 2.193. Tener y no tener (Howard Hawks, 1944)

Una película estupenda, clásica, de toda lavada, de las que no se olvidan. Una especie de Casablanca en la Martinica, en 1944 en vez de 1942.
Me ha gustado mucho. Es la cuarta o quinta vez que la veo, y siempre le he sacado más de lo que a primera vista puede verse. Es muy buena película.

§ 2.192. Testigo hostil (Ray Milland, 1968)

    La primera película que vi de Milland como director me gustó mucho. Lisboa llevaba por título y era de 1956. Mejor dicho: la recuerdo mucho. La recuerdo mejor que lo buena que es.
    Vamos a ver cómo se presenta esta, la que su quinta y última película. Parece que tiene muy buena pinta.
    Un prestigioso abogado es acusado de asesinar a un magistrado, porque éste fue, según un investigador privado, el causante de la muerte de su hija. Todo parece indicar que ha sido el abogado, aunque en ese momento, en el preciso momento del asesinato dormía en casa de un amigo, lejos de allí. El problema es la credibilidad de este testigo, su coherencia, su credibilidad.
    Un guión perfecto, un tempo magnífico, una historia muy convincente.
    Juicios, testigos, venganzas, cine ingles de gran factura. Me gusta mucho Milland, un gran actor, con múltiples éxitos que no llegó a cuajar del todo como director.
    Milland no es que fuera un gran actor, un actor espléndido. Era solvente, certero y fiable. No tiene ese punto dramático con acentuado en algunos actores británicos, galeses especialmente, le falta es punto de drama en lo que hacen, esa forma de interpretar como si fuese la última posibilidad. Aunque pueda parecerlo no son actores de método, sino estruendosos copiadores de su misma actuación. El prototipo, al menos para mi, es Richard Burton. Cierto es que podría tener varios registros, pero siempre parecía que se desaforaba en su actuación, como si fuese el último de su vida.