jueves, 3 de abril de 2025

§ 3.745. Spione (Fritz Lang, 1928)

Una auténtica y rotunda obra de arte, del séptimo.
Qué guión más asombroso, qué planos, qué manera de contar una historia, qué eficacia en los contenidos, qué arquetipos de buenos y malos tan bien caracterizados, qué ritmo, qué capacidad para imponer un tempo a las secuencias. Y, sobre todo, qué disfrute visual, qué blanco y negro tan nítido (producto, soy consciente, de la restauración), y qué bien se acompasa el sonido (la música, en realidad) con la imagen.
Me sorprende lo bien estructurada que está la cinta, la profundidad de lo que cuenta, de cómo lo cuenta, de la intensidad dramática del asunto.
Y tres cosas más que me han encantado. En primer lugar, el arquetipo de villano, auténtico precursor del tipo de malo de las películas de James Boon. En segundo lugar, la música. Un piano repetitivo hasta las saciedad que va variando la melodía. El auto es Werner R. Heymann, que luego pondría música a varias películas de Ernst Lubitsch.
Y, en tercer lugar, la actriz principal. Se llama Gerda Maurus, y es de una belleza arrebatadora. Una profundidad en la mirada y un pelo precioso.  Me gusta cómo se mueve, la libertad que encarna, en esos años 20 locos en los que se podía ser feliz sin sentimiento de culpa. Es su primera película, y según cuentan fue la causa del divorcio de Lang y Thea von Harbou. Luego hizo una mujer en la luna, se pasó al sonoro, se casó con un director de cine alemán, fue amante de Goebbels, y murió bien entrado los años sesenta.
Me parece maestra de verdad.

§ 3.744. Los Nibelungos II: la venganza de Krimilda (Fritz Lang, 1924)

Pues me parece una continuación bárbara. Comencé las dos películas un poco escéptico. Naturalmente, tienen que entrar en ellas, hacer por verlas, prestar mucha atención y concentrarte en que no se te vayan las ideas centrales, los personajes, etc. Pero una vez que sigues la trama el disfrute visual es verdaderamente interesante.
Lo que más me ha llamado la atención, como cuando lees La Odisea o La Iliada, o otros clásico griegos del teatro, esquí las pasiones humanas que gobiernan el mundo no son muy distintas ahora que antes. Celos, amor, sexo, venganza, poder, dinero, envidia, traición... son las pasiones que mueven el mundo. Antes y ahora.
La potencia visual es, verdaderamente, inusitada.  Un estudio de los personajes a través exclusivamente de la imagen es jugar con elementos limitados. Porque partimos de la idea de cine actual, en donde la voz es un elemento trascendente para la conformación del personaje.
Más carga de misticismo tenía la primera parte, esta segunda parece más pueril, menos mítica, más dedicada a pasiones humanas más cercanas, menos trascendentes. 
En la primera, el eje fundamental era la admiración a lo mítico, a lo irreal. En esta segunda, lo que mueve la pasión es la venganza, una emoción más bastarda, menos elevada, menos trascendente. 
La venganza desde la pasión amorosa y sexual. La bellísima Brunilda es capaz de casarse con el Rey Atila para vengar la muestre de su marido Sigfrido a manos de su hermano Gunter. Todo un folletín.
Esta segunda parte es algo menos agradecida. Lo mítico, que es lo bonito de la historia, pasa a un segundo plano para dar protagonismo a lo real, a lo cierto. Un cambio de perspectiva difícilmente inapreciable. Me gustaba más el dragón, el enamoramiento del héroe que la venganza y la sangre.

miércoles, 2 de abril de 2025

§ 3.743. Los Nibelungos I: la muerte de Sigfrido (1924)

Mitos ancestrales alemanes. De esos que componen la identidad nacional. 
Bella, interesante, pero no entretenida. Es un esfuerzo verla completa.
Es difícil por tres razones. En primer lugar, porque la historia no llega, no es cercana y no provoca emociones por sí misma. Al no formar parte de nuestras leyendas, se aleja del imaginario individual y del colectivo y se adentra en terrenos ignotos. En segundo lugar, porque , se mire como se mire, es demasiado larga. Dos horas y veinte minutos es una barbaridad de metraje, con un cansancio visual importante. Y, en tercer lugar, porque la forma de rodar es muy antigua. En planos, siempre medios, sin un zoom, sin un tráveling, sin un encuadre distinto. En decorados, evidentemente acartonados, deficientes y pobres, como no podía ser de otra manera. Pero también el color influye. Un verde pálido que para Las tres luces era interesante, pero que aquí ya aburre una barbaridad. La veo, única y exclusivamente porque es de Lang, y porque al estar convaleciente tengo tiempo y espacio. Estoy sólo en casa muchas horas -no hay nadie, por tanto, que pueda quedar ver la televisión- y este es el momento de adentrarme en esas cosas de Lang que no he visto. Me queda esta, Spione, y La mujer en la luna. Todo lo demás lo he visto, algunas (muchas) varias veces. Recientemente dos: Encuentro en la noche y Secreto tras la puerta. Esas no las voy a ver en esta revisión de todo Lang que pretendo. Tampoco Metropolis, que la visto hace relativamente poco, año y medio, más o menos.
No dudo, ni por un momento, que es una obra de arte. Muy trascendente para la historia del cine. Por su capacidad de evocar, por sus características técnicas, por sus innovaciones fílmicas, por lo copiada que ha sido o por lo inspiradora que ha resultado para la historia del cine. Digo, como ocurre con otras muchas películas, también incluso del Lang más 'moderno', que es difícil de ver, y que por momentos es tediosa y aburrida. Repetitiva e insistente. Llevo mucho Lang en el cuerpo en muy pocos días. En dos días he visto sus ocho primeras películas.

§ 3.742. El Dr. Mabuse [El infierno] (Fritz Lang, 1922)



Segunda parte. 114 minutos más. Demasiado Mabuse.


§ 3.741. El Dr. Mabuse [El jugador] (Fritz Lang, 1922)

 
Me llama la atención la desmesurada duración de la película. Sin consideramos que es sólo una película son 270 minutos. Si consideramos que son películas, esta primera parte serían 156 minutos, y 114 la segunda parte. Muchísimo metraje. Hay series cortas que no tiene mucho más. 
Tiene interés, me gusta, pero realmente le falta propósito. Sabes que Mabuse es malo, peor no sabes para qué es malo. Falsifica moneda, manipula la bolsa para que se hunda, etc. Pero no se sabe para qué. No hace falta que sea un propósito real o cierto, puede ser una elucubración o un sinsentido, pero tiene que tener un propósito, aunque sea cruel, absurdo o inviable (dominar el mundo, interrumpir el curso de la naturaleza, crear a un hombre...)
Desde luego la cinta es de una modernidad sorprendente. En el primer diálogo Mabuse reprocha a su asistente, lacayo o persona del servicio, que "tiene el cuerpo lleno de cocina". Más tarde diserta en una conferencia sobre el psicoanálisis. Luego manipula la bolsa, más adelante hace jugar a una mujer un papel entre  espías femme fatale para engatusar a un rico y que pierda a las cartas una fabulosa suma de dinero...
Los estereotipos funcionan a la perfección. El rico orondo con chistera que no deja de comer y beber, siempre contando dinero en billetes enormemente grandes. Enfrente los pobres son retratados como menesterosos a los que hay que salvar de sí mismos, con oficios vulgares, repetitivos, marginales.
Mabuse es interpretado por Rudolf Klein-Rogge, un actor fetiche de las principales películas mudas de Lang. Ésta, las tres Luces, Metrópolis, Los nibelungos y El Testamento del Dr. Mabuse de 1933, que es un última cinta. Tiene un aire perverso, como de ido, de 'volao'. Ojos saltones, mirada fría, como si careciera de sentimientos.
Me ha gustado, me ha parecido interesante, pero no me ha impactado. Me gustan mucho los muebles, la decoración, la ropa, el estilo en general de la película. Por momentos me recuerda a El malvado Zaroff (Irving Pichel, Ernest B. Schoedsack, 1932), seguramente porque esta última copia el estilo expresionista de la obra de Lang.
Y seguramente ha sido muy importante en la historia del cine, pero no me ha llegado tan profundamente como otras e Lang también mudas: Las tres luces, o la Imagen errante, por ejemplo.

§ 3.740. Las tres luces (Fritz Lang, 1921)

También conocida como "La muerta cansada", y como "Destino".
De una fuerza visual descomunal, desmesurada, majestuosa, moderna incluso.
En esta película sí veo yo ya las líneas directrices de la obra de Lang. Los personajes malvados, insanos, morbosos, con un pasado turbio y solitario. No es que hayan perdido la razón, es que funcionan con otro tipo de estructura mental, con otros razonamientos, tienen otros intereses y no se esconden en ocultarlo. No esconden que tienen otros intereses, aunque no dicen cuáles son éstos.
La muerte, tal y como está mostrada, el personaje de la muerte, ha tenido que influir necesariamente en El séptimo sello, de Bergman. No creo que también en La carrera fantasma, que es del mismo año, aunque vaya usted a saber. Desde luego, la idea de mostrar a la muerte viva, como un personaje más, es no sólo interesante, sino novedosa en estos albores del cine.  De negro, con sombrero, capa y bastón. Muy reconocible actualmente. Aunque supongo que en su momento debió causar hasta miedo y pánico. 
Hay un dominio perfecto en la unión del guión con las imágenes, como luego también lo habrá con el sonido. En las anteriores de Lang que he visto, los intertítulos parece que intentaban explicar cosas que no cuadraban con lo que estaban sucediendo en las imágenes. Ahora ya no. Ahora existe un acompañamiento entre imágenes e intertítulos.
Otra vez el protagonismo lo tiene una mujer aguerrida, dura y determinada en encontrar su propio destino.
No es que se pase "volando", pero no se ha hecho larga. Verla en pantalla grande, en su momento, tuvo que ser toda una experiencia. Planos inolvidables, sensaciones imperecederas. Es una película que recordaré con los años. Y que volveré a ver con seguridad. Si Dios me conserva los ojos, claro. Que espero que sí.
La idea de que la vida es una luz,  que se va consumiendo con el tiempo hasta que se apaga, con la muertes, es todo una alegoría de la propia vida. Un símil muy utilizado, que no creo que fuese la primera vez. Probablemente venga de la literatura antigua y seguramente se recuperó con el romanticismo
El gusto de Lang por los lugares exóticos ya se muestra muy a las claras en esas primera cintas. La primera luz es en el ramadán,  en un país de fe musulmana.
Me ha gustado mucho.

martes, 1 de abril de 2025

§ 3.739. Corazones en lucha (Fritz Lang, 1921)

Otra mujer aguerrida, independiente, dura. Seca y femenina. Sin concesiones. La mano de la guionista se nota. Thea von Harbou juega un papel capital en toda la obra de Lang, especialmente en la alemana de su inicios. Desde el comienzo hasta 1933. A partir de su huida a Alemania el matrimonio naufragó y no tuvo más recorrido, divorciándose cuando Lang emigró a los EE.UU. Por aquellos momentos era mucho más brillante y con más reconocimiento que el Director.
La historia está mucho más trabajada desde el guión. Aunque la historia es algo confusa. Probablemente por la pérdida de metraje. Es otra de esas cintas de Lang "encontradas" en Sao Paulo, restaurada y expuesta ya bien entrados los años ochenta del siglo pasado. Qué cosas. A lo mejor algún día se encuentran las dos primeras, que siguen perdidas. De Ford supongo que habrá perdidas muchas más, e incluso hay alguna perdida de Hitchcock. Las que me faltan de Anthony Mann o William Wyler no es que estén perdidas, es que no están editadas en DVD en Europa, que es distinto.
La historia no me conmueve, a diferencia de la anterior, que sí me pareció notíciable. Aquí se abunda en amaneramientos, planos estáticos, trama enrevesada con personajes muy parecidos.
Sin embargo el color es mucho más nítido. El proceso de restauración o bien ha sido más fructuoso, o sencillamente la copia encontrada estaba en mejor estado de conservación.


§ 3.745. Spione (Fritz Lang, 1928)

Una auténtica y rotunda obra de arte, del séptimo. Qué guión más asombroso, qué planos, qué manera de contar una historia, qué eficacia en l...