miércoles, 20 de septiembre de 2023

§ 3.121. La gata negra (Edward Dmytryk, 1962)

 

Es lo que denomino una película de gran formato. Pretenciosa, ampulosa, mayestática, grande, con música de cámara, actores característicos, una historia potentísima, un blanco y negro lindo y una trama dura y seca, difícil para la época, todavía actual.
En definitiva, con todos los triunfos en la mano para ser un gran éxito. Y, sin embargo, supongo -no sé por qué- que no tuvo gran éxito de público. Seguramente la crítica pensó otra cosa. E intuyo que con el paso de los años ha ido ganando adeptos y seguidores.
Con la pléyade de actores es difícil que la cinta no funcione. Nada menos que Laurence Harvey, tan sólido como siempre, aunque algo hierático; Capucine, una actriz rara y hermosa, pero que está sobrepasada en el papel; Jane Fonda verdaderamente guapa, lozana y hermosa, Anne Baxter en un papel raro y desacostumbrado en ella, y Barbara Stanwyck, en un rol de gran dama pérfida y sofisticada hecho para el tipo de mujer que era. Un reparto sensacional, rodeado de extras estupendos.
El drama existencial que expone suele dramatizarse de manera menos virulenta en la realidad que en esta película. No es una elección consciente y real con toda la información encima de la mesa. El acceso a la prostitución siempre es obligada, o casi siempre. Y las explicación que suministra el director para hacernos una idea de qué ha pasado y por qué ha llegado a ejercer la prostitución. 
El encuadre de la trama en el Sur en el período de la gran depresión tiene su explicación, probablemente en el propia novela de la que parte la cinta, pero no aporta nada singular a la trama.
La fragilidad del personaje principal está excesivamente amanerado. No tiene mucho sentido en la lógica interna de la trama y hace que el soporte que patrocina no sea suficiente para sustentar la viga maestra de todo en conjunto arquitectónico. 
Interesante los títulos de crédito, de Saul Bass, nada menos, que muestran desde el principio cuál es el sentido de la cinta y cuál su propósito.
Me ha gustado bastante, aunque sus pretensiones de obra maestra no se consolidan, especialmente por la dificultad de apreciar lo que está oculto: el lesbianismo de la protagonista y la Madamme del burdel.

martes, 19 de septiembre de 2023

§ 3.120. Sábado noche, Domingo mañana (Karel Reisz, 1960)

 

Debut cinematográfico de un director interesante, con una vida realmente de 'película'. Judío salvado de los campos de la muerte por Sir Nicholas Winton, siendo unos de los 669 niños que rescató de la muerte. Sus padres murieron en Auschwitz, emigró a Inglaterra. Director intelectual, amigo de Tony Richarson. Creador de revistas de cine, y gran referente del cine independiente británico, denominado "Free Cinema". 
La cinta pretende ser una exposición de una realidad muy vivida por la clase proletaria de Inglaterra de los años sesenta.
Una especie de exposición de la realidad de un nihilista, tan de moda todavía actualmente. Trabajar de lunes a viernes y viviendo el fin de semana borracho perdido, con enredos de faldas con todas aquellas que se dejan embolicar con su piquito de oro.
No me gustan las películas 'realistas'. En especial las francesas, que no las soporto, ni las italianas. Pero este realismo inglés tiene algo distinto. No sólo la exposición de las realidades, que es parecida a cualquier otra, sino el tratamiento tan teatral, tan nítidamente inglés. Es lo que le da empaque y frescura.
Una especie de fresco realista al estilo de las italianas tan reconocidas. Me recuerda, y mucho, a "La soledad del corredor de fondo". Muy interesante también es la presentación en sociedad de esa gran actor que es Albert Finney, realmente un grande del cine británico.

lunes, 18 de septiembre de 2023

§ 3.119. El fantasma del paraíso (Brian De Palma, 1974)

 

Cine ensayo, experimental, de culto. Colores, formas, modas, música técnica y arrogante. No me gustan las películas musicales. Las encuentro poco entretenidas, que rompen demasiado la dinámica de la acción principal. Raramente encuentro continuidad entre el desarrollo de la trama y esta cinta no es una excepción. Seguro que tiene muchísimo seguidores, incluso fanáticos de ella. Pero no es mi tipo de cine. Es original, tiene gancho, pegada y es sugestiva, pero no es mi cine. 
Indudablemente es entretenida, muy distinta a todo lo usual y fresca. Esa es, probablemente, su gran virtud, la inocencia de su planteamiento, la sencillez de su música y la versatilidad de su lectura. La puedes ver como una película musical, como un thriller, o incluso como una película de terror, porque, en realidad, es un poco de las tres cosas. 
No pierdes con ella el interés en ningún momento. 

domingo, 17 de septiembre de 2023

§ 3.118. Delito de pasión (Gerd Oswald, 1947)

Interesante propuesta, que mezcla el clásico problema de cine negro, un crimen, con el papel corrosivo de la prensa. Guapa y fina Barbara Stanwyck, como siempre, pero algo menos espectacular que en otras ocasiones. Sterling Hayden tan varonil como siempre, y Raymond Burr como policía acompañan a la estrella del momento. 
La pareja no funciona del todo. Por lo menos en esta cinta. Quizá ella estaba ya algo mayor, pero él está como cansado, aburrido, quizá el papel que jugaba era precisamente ese, pero, la verdad se hace raro verlos juntos. 
Intenta ensayar un mensaje feminista. La vida de una mujer independiente, aunque algo entrada en años que se enamora de un policía que tampoco ha tenido especial suerte con las parejas a lo largo de si vida. 
Pero la cinta va derivando hacia una película de cine negro clásico, ortodoxa: ambiciones desmedidas, sueños irreflexivos, imposibilidad de asumir el papel que cada uno ha sido capaz de labrarse. Una falsa perspectiva de la valía de cada uno. Y, sobre todo, la necesidad de crecer, de avanzar, de que la vida es algo más que lo que se ha vivido. En el fondo retrata los problemas de una mujer fuera de lugar, incapaz de adaptarse a las situaciones que vive, porque experimenta una desazón por dentro difícil de manejar consigo misma. A veces es mejor renunciar a las aspiraciones que continuar aferrado a ellas. En todo caso el desequilibrio que experimenta es casi patológico. No sabemos nada del pasado de la protagonista, pero sí intuimos que arrastraba una maleta cargada de lluvia.
Primera película que veo del director. Los primeros minutos parecen mutilados, parece como si pasaran demasiadas cosas en poquísimo tiempo. 

§ 3.117. El aullido del diablo (Paul Naschy, 1987)

 

Una más de la factoría Naschy, con sus cosas. Algunas buenas y otra no tanto. Verle haciendo de Rasputín supera todo umbral de credibilidad. Destape, miedo y toda falta de escrúpulos al rodar hacen de este singular producto patrio una cinta atrayente.
Todo parece conducirnos hacia los crímenes de un 'aparecido', pero la realidad es algo más compleja.
Hay un punto de desquicie del guión, que, se mire como se mire, está fuera de lugar. Fulanas, destape, miedo y resentimiento. Un cockel muy difícil de manejar. Intenta salir de él de manera airada, pero naufraga irremisiblemente, porque, probablemente, no pretende otra cosa que entretener. Lo que ocurre es que una vez vista una de Naschy, vista todas. Con todo respecto y con todo el cariño, porque es un género más que interesante que construyó el director junto con unos pocos.

§ 3.116. El manantial (King Vidor, 1949)

 Muchas veces vista, una de las películas de mi vida.

Extraordinaria, desde cualquier perspectiva que se analice. Me encanta. 

jueves, 14 de septiembre de 2023

§ 3.115. El otro amor (André De Toth, 1947)

 

Melodrama clásico de un director luego experimentado rodador de Western. Novela de Eric María Remarque, que desconocía que tuviera un relato de este tipo, casi melodramático.
Clásico triángulo amoroso en el que el vértice es la mujer. Bien tratado, bien narrado, un melodrama ortodoxo lleno de emocionalidad y energía.
Ver a Bárbara Stanwych es toda una delicia, una mujer guapa de verdad, con esa belleza clásica pero atrevida, grande ante las cámaras como ninguna otra, con una sonrisa de fuego, angelical pero peligrosa. Está soberbia, frágil y vulnerable pero de un encanto arrollador.
David Niven tiene esa galanura de hombre maduro con un pasado lleno de vida, de experiencias. Incluso joven parecía un hombre pasado de años, con experiencias vitales y siempre con un pasado dolorosa en las relaciones amorosas. Le tengo por el galán al que la chica deja plantado por otra mejor opción, como sucede en esta película.
Richard Conte en su papel de siempre, viviendo al límite, en el filo de la vida, Don Juan arrebatador, racial y con una fisicidad muy peculiar, no es musculoso, ni siquiera estaba fuerte o era grande. Ni siquiera era alto, pero tenía una magia especial con la cámara.