domingo, 15 de abril de 2012

FRITZ LANG La casa del río (1950)

      Buena película de Lang, que narra el asesinato de una criada a manos de su señor. Éste invadido por la angustia acude a su hermano que, enamorado de su mujer, le ayuda a sumergir el cadáver en el río, probablemente el Mississippi o alguno parecido, muy caudaloso. El sur manifiesta todas sus debilidades: hombre bebedores, mujeres superficiales, sirvientes solícitos. Curiosamente no aparece ni una sola persona de color, lo que no deja de ser significativo, porque las ropas, la trama, las casas y el río hacen visualizar un característico sur Norteamericano.
     La esposa, también enamorada de su cuñado, aunque con menos vehemencia que éste, sospecha de su marido. Las explicaciones que cuenta sobre la desaparición de la muchacha no son verosímiles, tiene pocas soltura al contar cuándo se fue la chica, se pone nervioso al hablar de ello, etc.
     En el juicio todo carece indicar que el hermano, que únicamente ha colaborado en el ocultamiento del cadáver, pero no ha sido artista principal en su muerte va a ser condenado. Finalmente sale absuelto, y la policía sospecha del verdadero asesino, su hermano. Éste, finalmente, en un ataque de enajenación, intenta matar a su propio hermano y a su esposa, con el objetivo de ocultar su primer asesinato y darse publicidad como escritor.
     Porque la ironía de toda esta trama radica en que el asesino es un escritor, mediocre y bastante amargado, qué únicamente empieza a vender sus obras antiguas tras la desaparición de la muchacha y la recuperación de su cadáver. Precisamente lo que le lleva a idear el asesinato de su hermano y esposa es la necesidad de publicidad adicional para poder vender su nueva novela: Muerte en el río, de claros tintes autobiográficos con respecto al episodio anterior. No sabemos cuál era la opinión que tenía Lang de los escritores de bestseller, pero no debería ser demasiado buena. Aquí se nos presente, en definitiva, un asesino psicópata cuya motivación para el homicidio compulsivo no es el dinero, el sexo o la fama, sino únicamente la necesidad de notoriedad indirecta para vender sus libros.

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