jueves, 1 de noviembre de 2012

KUBRICK, Stanley. El beso del asesino (1955)

     Muy buena película, inicio de una filmografía de leyenda. Es su primera película, y aunque muy corta en su metraje, sólo 64 minutos, demasiado poco, apunta manera interesantísimas. En primer lugar la luz y la fotografía, ambas magistralmente tratadas, y sobre todo el ritmo y el tempo de la obra, la elección de las escenas y el montaje final.
     La historia es una más de cine negro. Mal boxeador, buscavidas más que profesional, observa desde la ventana cómo un hombre (de parecida complexión física a The Duke [Ellington, claro]) abusa físicamente (no sexualmente) de una chica situada junto enfrente, en un edificio gemelo al que se accede también desde el tejado. Vertiginosamente va hacia ella y la ayuda. Antes la había conocido en el zaguán de las viviendas y habían compartido miradas y quizá algo más. Ella es bailarina, pero no profesional, sino de las que se alquilan para tal menester en una casa, quizá algo más que de baile, aunque no se insinúa siquiera.
     Él es un boxeador sin suerte, y sin mandíbula, que no consigue convencer ni a promotores ni a público. No es exactamente un paquete, pero se le parece bastante.
     Las historias corren paralelas hasta el momento en que interviene, en el que empiezan a vislumbrar un futuro mejor en una granja de un tío suyo. Oferta que no podían dejar pasar. Sólo hay un problema. El matón está enamorado de la chica y no la quiere dejar marchar.
     Dinero, persecución, asesinato de otra persona (el manager del boxeador), secuestro de la chica, intervención del boxeador, pelea memorable en una tiende de maniquíes, que recuerda muchísimo además a otra muy parecida en El fotógrafo del miedo, diría que basada ésta en aquella.
     Al final escena de reencuentro en el estación del tren, justo antes de comenzar lo que parece que será una nueva vida para ambos.

martes, 30 de octubre de 2012

FRITZ LANG. Los verdugos también mueren (1943)



Hay que hacer un esfuerzo de empatía para situarse en la época en la que se rodó la película y quién la hizo: en plena guerra mundial, un alemán exiliado a Estados Unidos. Lang se lo debía todo a su país natal. Había sido un niño mimado de los estudios y de la industria germana, había tenido libertad total para hacer lo que quería, se le había consentido todo, incluso una oscurísima muerte de su mujer, probablemente por su propia mano, había sido tapada. Pero ello no era suficiente para taparle la conciencia. Se posiciona como nadie a favor de los únicos con quien el bien podía estar, y aporta su granito de arena a esa fabuloso maquinaria de propaganda bélica que aquellos años hizo de la oposición al régimen nazi todo un subgénero, como luego los problemas de espías en la guerra fría.
Parte de un hecho real, el asesinato por parte de la resistencia Checa del protector Nazi de Bohemia, Reinhard Heydrich.
Este oficial, al parecer todo un sicópata, amigo muy personal del propio Hitler, era quien había ideado, junto con su mujer, los casas de descanso para el alto mando Nazi. Putas, alcohol, juegas,  y probablemente estupefacientes corrían en estos burdeles higt sociaty de manera regular. En los sótanos de los mismos se grababan todas las conversaciones que estos jerarcas tenían con sus amantes, regulares o esporádicas, y conocías todas sus debilidades, gustos sexuales, sevicias, y demás ‘virtudes’ que luego utilizaban convenientemente en los juegos estratégicos de poder dentro del régimen. Ideado como mecanismo para reprimir la oposición interna dentro del régimen, se convirtió en un fabuloso artefacto de represión a los no absolutamente fieles a Hitler. Hay una película que relata bien esta historia, se llama Salón Kity, pero no me acuerdo ahora de quién es.
Luego, cuando es asesinado, su mujer cae en desgracia en el régimen, prácticamente es escorada del todo, dada la cantidad de información que posee de todo el mundo y el resentimiento que contra ella se había generado por esa circunstancia.
Tampoco su asesinado, como se aprecia en la película, se esclarece del todo; se da por buena la versión más factible, pero no se continua con la represión brutal con la que comienza la película: asesinar a 40 civiles todas las mañanas hasta que aparezca el asesino.
La película es buena, sin ser extraordinaria. Es de Lang, sobre todo por el tratamiento de la luz, los encuadres y la expresividad, muy contenida, de los actores. El ambiente opresivo que crea no es demasiado abigarrado, y tampoco se regodea en los aspectos más sórdidos. Hay escenas violentas, pero no crueles. O al menos la crueldad se insinúa, pero no se muestra.
Un pelín larga para mi gusto, aunque esa idea muy de que a las películas, también a algunos libros, le sobra cantidad, a lo mejor la tengo que dar otra vuelta de tuerca…

VERNEUIL, Henri. El Clan de los sicilianos (1969)



Pues sinceramente, no sé dónde está la película de culto que anunciaba la portada, los protagonistas y la trama. No me ha gustado nada. Nada de nada. El único punto de la película interesante se comprobar cómo Lino Ventura tiene la misma pose, exactamente la misma pose e interpreta el mismo papel, exactamente el mismo papel que en Ascensor para el cadalso.
Lo demás es prescindible. Incluso el sobrevaloradísimo Alain Delón. Plano como él sólo, con esa mirada que parece necesitar gafas, ese entrecerrar los ojos un poquito para enfocar, esa tensión artificial que propone, esa pose entre pijoaparte parisién y golfillo de Nápoles. Malo, malísimo actor. Qué hubiera sido de él en el cine si no viésemos siempre a Schneider con él, eso ya son palabras mayores, muy mayores, bellezas clásicas, intemporales, mujeres con caras de porcelana.
La película, pues una más de robos de mafiosos en varios países, con cuernos de por medio y tiros al final. Entretenidilla, sin más, pero nada recomendable, al menos para el tipo de película que me gustan. Comparar, por ejemplo, este bodrio con la que musicó Miles Davis es un insulto a la inteligencia de lo tres: Male, Verneuil y el que les escribe.
En definitiva, un producto comercial poco edificante, aunque seguramente muy vendido en su momento.

MALE, Louis. Ascensor para el cadalso (1958)



Maravillosa banda sonora. Más famosa pasados los años que la propia película (para mi, muy Jazzero), cosa que no le sucede a Anatomía de un asesinato y la melodía de Duke Ellington que la rodea, mucho más profunda en extensión y en riqueza tonal.
Es una auténtica película de cine negro: asesinato pasional, huida, engaño, escapismo, confusión, policía, detenido, etc.
El tema parece claro. Un trabajador de una gran empresa asesina en el despacho profesional a su jefe, porque se entiende con su mujer. Pero, de manera incomprensible queda atrapado en el ascensor… Ella, su amante y mujer del fallecido ve pasar su coche, que ha sido robado, con una mujer dentro y comienza a buscarle toda la noche. Quien robó el coche, a su vez, se encuentra con dos turistas alemanes que conducen un SLS AMG… Les mata, les roba el coche y entendiendo que todo esta perdido se intentan suicidar con pastillas, cosa que no consiguen.
La policía recupera el coche robado del asesino del ascensor y le culpa de la muerte del los turistas alemanes.
A todo eso al ascensor se le ha dado corriente y consigue salir del mismo sin que nadie le vea. Eso, curiosamente, le rompe la coartada real que tenía. No pudo matar a los alemanes porque estaba en el ascensor, pero ello le sitúa demasiado cerca del muerto en la oficina…
Muy buena estética negra, buenos planos, muy buen empleo de color. Buena película muy recomendable.

WELLMAN, William A. El telón de acero (1948).




La encantadora pareja protagonista es el mejor reclamo de la película. Sobre todo ella, tan etérea, elegante e intemporal. Dana Andrews no es el actor que se merecía esta película. Ambos están sublimes en Laura, de Preminger, pero este registro dramático les queda fuera de su órbita natural. Y se note, vaya si se nota.
Según dice la voz en off los hechos acaecidos son verídicos, cosa que no dudamos, pero la imperturbabilidad de Andrews le resta autenticidad al personaje, naturalidad. Fuerza una pose interesante poco acorde con una persona que se encuentra angustiada, sometida a la lucha interior que provoca traicionar a tu país y abandonarlo para siempre. A esto debe sumársele que no sabes si tu mujer va a poder entrar en el de acogida… En definitiva una potencialidad dramática de la que carece.
Ella es otra cosa. En realidad le va cualquier papel. Esa cara de porcelana, tan suave, tan misteriosa, tan rodeada de una bruma, incluso existencial, la enmarcan en el tipo de mujer que siempre gusta en el cine. Incluso en la vida.
Buena película, muy de la época de la guerra fía, pero bien dirigida, buenos diálogos y alguna escena realmente interesante.

domingo, 28 de octubre de 2012

PAUL VERHOEVEN: El libro negro (2006).

     Una más de las centenares de películas de nazis completamente prescindibles. En este caso versus holanda, su opucación y la traición de quienes se enriquecieron con la promesas de trasladar a los holandeses pudientes a Bélgica para huir del terror. Chica guapa enamorada de un oficial alemán, traidor amigo de su padre sin ningún tipo de escrúpulos y solución de toda la trama en los últimos tres minutos.
     Ni siquiera entretenida. Demasiado metraje, largísima, 148 minutos, una barbaridad. La verdad, muy prescindible.

viernes, 26 de octubre de 2012

ALBERT CAMUS: Cartas a un amigo alemán.


     Bueno, pues sigo con el proyecto de leer a todo Camus, de releer también son colosales dos obras geniales: El extranjero y La peste. Además estoy con su biografia escrita por Oliver Todd, en Andanzas, solamente de 1000 folios.
     Las cartes deben leerse con un gran esfuerzo de empatía, de situarse en el momento en el que fueron escritas y sabiendo para lo que lo fueron. La propaganda bélica siempre ha jugado un importante papel en las artes, especialmente en la segunda guera mundial. Thomás Mann fue muy activo, John Huston por supuesto, qué decir de Lang... Cada uno en su especialidad, en su arte, en su forma de vivir. Todos contra la opresión del moustro que en aquel momento era bélico, ahora parece económico... pero sigue siendo el mismo moustro.
    Su valor literario es escaso, por no decir nulo. Pero constituyen un interesante documento de formación pasional y vivificadora del espíritu. Es, desde luego un rearme moral el que propone. Se va a ganar la guerra porque nosotros somos los buenos. ¿Podría mantenerse este buenismo actualmente?. Dependiendo de la respusta que propongas así será tu perspectiva sobre el género humano y su capacidad de sobrevivir a sí mismo.