viernes, 31 de agosto de 2012

J. LEE THOMPSON: El pasaje (1979)


     Lo que se supone un gran duelo interpretativo entre Quinn y Mason se queda en un par de dialogos cruzados entre ellos. El resto es casi un argumento de serie B. Un científico necesita escapar de Francia cruzando hacia españa a través de los Pirineos... Necesita la ayuda de un guia que conozca las montañas y no tenga miedo al peligro. Son perseguidos por un fanático nazi un tanto desquiciado que pretende cumplir su función a cualquier precio.
     Las aventuras y desventuras de todos ellos se relatan de forma más o menos acertada, por lo que la película resulta entretenida y amena. Se deja ver. No es una gran película, pero resulta fácil recordarla como interesante.
     Lástima que los personajes secundario no acompañen demasiado a los principales.

jueves, 30 de agosto de 2012

PHILIP ROTH: Sale el espectro, Debolsillo, Barcelona, 2009

     Al premiarle con el Principe de Asturias acudí a Pléyades a adquirir algún volumen del autor.  Quizá no escogí bien, o quizá es que no me guste demasiado Roth, pero no me ha parecida buena novela. Se deja leer, sin duda, e incluso en algunos momentos emociona, pero no trasmite la potencia y la fuerza que imaginaba, no me arraca de dentro esa emotividad que sí consiguen otros autores americanos, especialmente, estos último años, Auster.
    Las tres tramas que concurren en la obra me agotan un tanto, no me dejan respirar, no me dejan profundizar. Desde luego es una imaginación portentosa, pero soy incapaz de seguirlas adecuadamente, como se merecen. Más que nada porque no me dicen nada y me parecen intrascendentes. Sé que hay lectores que Roth les parecerá excelente, y por eso tengo que leer más cosas de él, pero a mi esta novela, que quizá no es de las suya mejores, me ha dejado un tanto frio.

FRITZ LANG: Encubridora (1952)


     Me gusta Lang. Me gusta mucho. Todo lo que hizo. Incluso lo intrascendente, como este Westter, bien narrado pero con poco contenido. Desde luego lo que más brilla en él son las grandes películas de cine negro. Es lo suyo, su territorio, su forma más gráfica de transmitir un mensaje, siempre moral y ético. Las del Oeste también valen para este fin. Hay críticos incluso que ven en este género el más cinematográfico de todos. Quizá junto con las películas de guerra forman un estupendo modelo visual.
     Sea como fuere la película no es buena, sin ser de las peores. Trama simple, diálogos muy directos y poco enrrevesados, plasticidad clásica, rápidos pistoleros y mujeres fatales.
     Un buen Arthur Kennedy interpreta a un vaquero cuya novia ha sido asesinada por un ladrón. Le sigue por buena parte del pais hasta dar con él. Se esconde en "La Rueda de la Fortuna", un rancho lindando con méxico que regente Dietrich y que sirve de guarida a ladrones y maleantes, que pueden salir pitando a méxico cuando son perseguidos. Al final lo consigue, da caza al asesino de su novia, pero en el tiroteo muere la regente de la "Rueda"... y tiene que calbagar con Mel Ferrer, que también estaba enamorada de ella.
     Me llama la atención la buena disposición de las canciones en la película. Son dos o tres, pero dan mucho contenido y forma a la película, con letras que necesariamente deben escucharse para entender la trama.

viernes, 24 de agosto de 2012

DAVID MILLER: Miedo súbito (1952)



     Buena película, realmente valiosa, muy típica de la época, con una Joan Crawford sublime y un actor que empezaba que luego dio mucho que hablar, Jack Palance, sobre todo en España y aquellas películas de Jesus Franco que tanto comenta Javier Marías en sus artículos periodísticos.
     El argumento es muy sencillo. Una mujer muy rica por herencia de su padres se dedica a dirigir y montar obras de teatro. Rechaza a un actor para una de ellas que es un éxito, como todas las suyas, pero se encuentra en un tren días después... se enamoran, se casan, descubre que es una ficción su amor y que intentan asesinarla entre ella y su amante, e idea un sistema para enredar a los dos: marido y amante en un asesinato, el del marido a sus manos para culpar a la amante...
     Aunque a mitad del metraje la película parece un poco tediosa, el final, los últimos cuarenta minutos finales es una auténtica obra de arte. Cómo va tramando el plan e imaginándose como resulta, de qué manera el director nos muestra sólo una parte del enredo, y como al final plan varia ante la imposibilidad de ella de cometer el crimen. Él la descubre en la casa de ella, que era donde se iba a cometer el crimen, y mientras ella corre por la calle él pretende atropellarla con el coche, mientras la amante, vestida de manera muy parecida -esa ha sido una de las ideas de la mujer- vuelve a casa y es asesinada por el marido con el coche, en cuyo accidente también parece morir él, aunque no se muestra. La última escena de la película, dejando ella caer el pañuelo a un charco para que se lo lleve la corriente mientras sube una calle empinada está muy lograda.
     Buena ambientación, buenos diálogos, muy buen desarrollo de las escenas, y soberbios actores, especialmente Crawford, que aunque sobreactúa en algún momento consigue dar a las escenas auténtica veracidad.

jueves, 23 de agosto de 2012

HOWARD HAWKS: El Sargento York (1941)


     Pilar Miró hizo una película que se titulaba "Gary Cooper que estás en los cielos"... Nunca entendí cuál era la gracia del comentario, pero la verdad es que después de seguirle durante una decenas de películas lo entiendo perfectamente. Encarna, junto con James Steward el prototipo de hombre americano. Medio, trabajador, afanado en sus tareas que nadie sabe cómo o por qué las circunstancias de la vida lo convierten en un héroe. Anónimo, héroe anónimo.
    Me llama la atención que la película se considera bélica, cuando es, probablemente, un grandísimo alegato contra la guerra y sus desastres. Narra, al parecer la vida real, de un granjero, bastante amargado por la imposibilidad de conseguir sacar buenas cosechas de su tierra. Vive con su madre y hermanos, y es un poco pendenciero, especialmente cuando mezcla resentimiento social con alcohol. Pero algún acontecimiento por él interpretado como divino hace que su sino se desenfoque. Deviene en trabajador, amable, afable y así conoce a la vecina, de la que se enamora perdidamente. Es un tirador de leyenda y gana un concurso de tiro de su pueblo con cuyo premio en metálico pretende comprar un pedazo de la mejor tierra del valle. Pero no pudo ser, determinadas circunstancias lo impiden... y llega la Gran Guerra, la llamada a filas, el reclutamiento.
     Él se opone, vivamente además, porque su religión, no reconocida por el ejército le impide matar a seres humanos. Pero no se le acepta la exención. Va a Europa y al campo de batalla. En un habiente infernal, por medio de su legendaria capacidad para tirar al blanco, mata a unos cuantos alemanes, y el resto de éstos, creyéndose rodeados por varios tiradores, deponen las armas y se rinden... Él se convierte en un héroe. Aclamado por la sociedad al acabar la guerra vuelve a los Estados Unidos, y pronto se harta de la publicidad, de la salida del anonimato, del mercado de la victoria. Rechaza proposiciones para publicidad que le daría dinero, mucho dinero.... Y vuelve a su casa, con su familia y su novia, con al que pretende casarse si consigue el pedazo de tierra. Para su sorpresa el condado en el que vive le ha regalado la tierra y le edificado una casita para él y su novia.
     Algo de Capra hay en este film, y, aunque sea una exageración, en algunos momento me recordó a Viva Zapata, probablemente por el peso de la interpretación del protagonista principal. Es capaz él sólo de mantener la expectación y llevar todo el peso de la película, de metraje considerable (128 minutos). Es cierto que tiene ese puntito de yankada horrible y un tanto desafortunada en su desarrollo, pero es buena, entretiene y por momentos es capaz de revivir el sueño americano, esa meritocracia que en este país hemos abandonado, y así nos va...

martes, 21 de agosto de 2012

JAVIER MARÍAS: Aquella mitad de mi tiempo. Al mirar atras, Debolsillo, Madrid, 2011


     Me encanta el Javier Marías novelista, no tanto el publicatólogo semanal que me abruma con su elocuencia anti Esperanza Aguirre y su aguerrida defensa del estados Socialdemócrata... Me es indiferente cómo piense un autor, pero me carga sobremanera su adoctrinamiento, sea de JM o sea de quien sea...
    Por ello no suelo comprar los múltiples libros (alimenticios) de relatos que publica al autor, aunque soy consciente de que al final me los voy a leer todos... pero en fin, qué le vamos a hacer. Lo cierto es que me quedé sin material que leer en verano y me fue a Ayamonte a ver si encontraba una librería... y la encontré, aunque dedicada a literatura infantil y a libros de texto. Había no obstante un reten de libros de bolsillo, y el más potable era éste. Esta es la razón por la que lo adquirí, no otra...
    Y no me ha parecido tan pedante como en otras ocasiones... Al contrario, me ha dado en la fibra sensible y le he encontrado alguna gracia al culto a la personalidad que plantea el compendio de relatos que se agrupan. En realidad el autor de todos ellos no ha tenido nada ver en ello, pues no ha tomado arte ni parte en dicha compilación, que ha corrido a cargo de Inés Blanca con un prólogo del hermando del autor, de uno de sus hermanos, Miguel Marías
    Varios tipos de relatos se agrupan en esta obra. Aquellos muy personales, dedicados a familiares (muchos a su madre) y amigos muy cercanos, realmente entrañables; los referidos acontecimientos que marcaron su vida, infantiles, juveniles y adulto... Los que hblan de personas cercanas y queridas por él: muy bonitos los dedicados a Juan Benet y a Cabrera Infante, y, por último, dos añexos: una especie de diario, y una entrevista traducida al castellado que originalmenete fue dada a una revista extranjera, en donde relata cuál es su forma de escribir, su procedimiento de ataque de una obra nueva.
     Componene, en definitiva, una imagen de JM. Parcial como todos, pero razonableme acorde a la persona que intenta retratar.

martes, 14 de agosto de 2012

SOMERSET MAUGHAM, W.: La esposa imperfecta, Clásico Zeta, Barcelona, 2011

     La lectura de El Fijo de la Navaja me descubrió u un autor maravilloso, imprescindible diría yo. Genia,  ácido, corrosivo a veces, con una lírica descollante. Servidumbre humana fue la consolidación de un autor gigantesco. Las demás obra, la verdad, no me convencen demasiado. Esta en concreto me parece pueril, como edificante y muy,  muy cotilla. Me da la impresión de que puede ser una vendata personal contra algún autor no muy querido por él.
     Es una crítica mordaz, sobervia y a veces descarnada de un escrito dominado, de principio a fin, por su mujer, que además resulta ser una mujerzuela de la calle.
     Puede no leerse esta obra. Es más debería no leerse si se quiere  seguir conservando una buena imagende Somerset como escritor.