miércoles, 19 de julio de 2017

FORD, John. Tres padrinos (1948)


Qué bonito es Ford cuando es Ford y no pretende ser otra cosa que Ford. Esta es una de Ford de verdad. No como Un crimen por hora, que la verdad no me gustó nada, nada de nada.
Pero esta es cosa distinta. Auténticamente reveladora. Un cuento de Navidad en toda regla. Una película de Frank Capra pasada por el tamiz de Ford, en su escenario favorito, el Oeste, y con su actor fetiche, John Wayne. Con otro actor, Pedro Armendariz que es magnífico. Y un Harry Carey Jr también muy bueno. Además está lleno de sus secundarios más característicos, los de siempre en sus películas, el de la mecedora, la mujer que da a luz... el Sheriff. En definitiva, una más de Ford en su industria, en su propio imaginario personal e individual, pero de una alegría visual, de una potencia emocional realmente muy importante.
Es la redención por el nacimiento de un niño. A veces Ford utiliza como espoleta otros acontecimientos de la vida diario. La derrota ante los indios en Ford Apache, por ejemplo. Acontecimientos de la vida como la caída por la escalera en Escrito en el cielo. O en Cuna de Héroes.
En este caso es claro que los ladrones, no demasiado malotes, ven el acontecimiento del nacimiento del niño como una oportunidad única para rehacer sus vidas, para darse una nueva oportunidad, de hacer las cosas bien, de no caer en los mismos errores. Y funciona. Sale bien. La emocionalidad funciona, también para hombres rudos y duros.
Siempre pensé que la cinta era en blanco y negro, pero no, es en color. Me ha gustado mucho Pedro Armendariz, actor muy conocido en su época, supongo que encasillado en papeles de mexicano, que cubría ese hueco tan típico que siempre hay que cubrir en la industria para actores mexicanos que faciliten el tirón en la taquilla en el mercado hispano.
Siempre acabo llorando con las películas de Ford. No sé qué tienen pero la verdad, siempre tengo la lágrima en el ojo. 

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