martes, 20 de junio de 2017

LOSEY, Joseph. El sirviente (1963)


    Maravillosa. No la tenía por tan importante, tan intensa, tan sugestiva. Las relaciones de dominación clásicas de la política, del poder, del mando, en el ámbito doméstico, en una sociedad tan particular como la británica.
    El sirviente consigue dominar al que manda, se impone en las complejas relaciones de dominación que sutilmente se establecen en la casa, en la cocina, en lo que se vive en el día a día.
   Me ha encantado Dirk Bogarde. Me parece de una sobriedad inquietante, sofisticada, tenebrosa. No es de fiar. Da un puntito de miedo. Esa tensión que provoca su distancia, su frialdad, la falta de conexión emocional, la ausencia de empatía. Es un actor oscuro, probablemente bisexual en su vida personal, que siempre se le recordará, al menos yo, por Portero de Noche, papel, por cierto, similar a éste en algunos aspectos. No sonríe en toda la película hasta que no tiene el poder completo sobre la vida del amo, sobre la casa y todo su devenir. El mundo gira según su voluntad, las mareas se paran cuando contiene la respiración, es capaz de hacer que el mundo deje de rodar. Utiliza el alcohol de manera sistemática para embotar a su amo. Y probablemente algún tipo de droga, que la película no deja ver, pero que la actitud del amo no deja duda. Cómo va escorando a la novia del amo, hasta hacerla desaparecer de la escena y que pierda todo tipo de ascendiente sobre el amo es sutil pero firme. Luego todo viene rodado...
   Está guapísima una Sarah Miles que borda su papel de guarrilla, de busconilla, de putita al servicio del mejor postor. Tiene esa lozanía en la cara de las jóvenes que sabes que no vuelve pasado un tiempo. Le van bien esos papeles de mala, de torturada, de sofisticada, de retorcida.
   James Fox está espléndido. Es un actor que me encanta, siempre me ha gustado, siempre he entendido que no ha gozado del favor del público como quizá se merecía. No es uno de los que más repercusión en el mercado del cine. Es muy joven en esta cinta. Esos papeles de aristócrata venido a menos, algo decadente, con vicios ocultos y formas de vivir poco edificantes le van como anillo al dedo. Transita por el papel de forma solvente, sin esfuerzo, con gran credibilidad.

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