jueves, 23 de febrero de 2017

ROSSELLINI, Roberto. Roma, ciudad abierta (1945)

La primera vez que la vi me pareció magnífica, novedosa, muy realista, una película muy distinta, muy creativa, muy valiente. Mítica, eje sobre el que gira todo un nuevo movimiento creativo, Ingrid Bergman se enamoro de ella, y luego de su creador, todo vida. Un hombre muy singular, un torrente Mediterráneo de vida...
Muchos años después, cientos de películas después, no me ha impactado tanto. Es cierto que la recordaba muy bien, no tanto las escenas sino en tono, el color, el desarrollo, y eso hace que no impresione tanto, no al menos de la misma manera.
Se comenzó a rodar antes del fin de la guerra, en plena refriega, y probablemente los escenarios sean totalmente reales. Los actores son muy realistas, me gusta mucho Magnani, pero no recordaba que tenía tan poco metraje. Me recuerda a Simone Signori, ese tipo de mujeres un tanto escondidas para el estrellato de los focos y la atención mediática, pero actrices impresionantes. 
Aldo Fabrizi muy en su línea, en un papel que es claramente para él.
El metrajes es suficiente, el final previsible, el tempo adecuado y sólo se echa de menos la calidad de la cinta. El DVD no es una buena copia, seguro que hay alguna de mejor calidad.
Hay una especie de remix que se llama Muerte en Roma, de Cosmatos (1973) que no tiene nada que ver en calidad.
De todas manera, a pesar de la dureza de determinadas imágenes, muy dura y desagradables, no es una de las películas que más me han gustado de Rossellini, no me provoca el vacío que me provocó Stromboli, o Te querré siempre. Tengo que ver más películas de Rossellini.

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