viernes, 20 de enero de 2017

RAY, Nicholas. Nacida para el mal (1950)

Ver a Joan Fontaine, con esa cara de mujer con clase, guapa y poco trabajada por la vida haciendo de mala es un poco contradictorio. Pero cuando va avanzando la cinta descubres que es su hábitat natural. Es pérfida, es una arpía, es una precursora de las femme fatale ahora mucho más espectaculares en su belleza salvaje pero mucho menos inteligentes en el desarrollo de sus propósitos.
La trama es, simplemente perfecta, su guión más que aceptable, excepto al principio, que es un poco confuso, porque no se explica del todo bien cuál es la razón de la llegada de Christabel a la casa de su prima Donna. Ni tampoco se expone bien la relación con su tío, para el que trabaja Donna. El millonario ya estaba allí cuando ella llegó, pero no se expone como ha llegado, y cual es la profundidad de su relación con Donna.
El millonario es un, para mi desconocido (ligeramente me suena de alguna película de capa y espada) Zachary Scott, y no lo hace mal.
Pero el que está salvaje, el que doma el papel y es capaz de darle entidad en sí mismo es Robert Ryan. Es un actor inmenso, capaz de interpretar cualquier tipo de hombre, con intensidad en su interpretación, con matices, no se hace plano, incluso en cintas como esta en donde tiene que hacer algo para él no acostumbrado, de galán despechado.
Me ha gustado.
En realidad de Ray me gustan más las antiguas que aquellas que le encumbraron (y seguramente le hicieron ganar dinero). Me gusta más, por ejemplo, Llamad a cualquier puerta (1949); En un lugar solitario (1950), ésta o Infierno en las nubes (1951), que: Más poderoso que la vida (1956), Amarga victoria (1957), Los dientes del diablo (1960) o 55 días en Pekín (1963).
Aparte quedan sus dos películas más conocidas: Johnny Guitar (1954), y Rebelde sin causa (1955).

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