domingo, 18 de enero de 2015

EASTWOOD, Clint. Gran Torino (2008)

A lo mejor EE.UU. es ya así, como lo muestra, y no queremos darnos cuenta. O no sabemos apreciar o que ocurre, ver con otra mirada, como decía Ortega. La verdad es que muestra una forma de vivir diferente, para él desagradable. Un americano de verdad, de los de siempre, con la bandera en el patio, en el porche, y al lado se instalan una familia de 'amarillos', al lado de su casa, de la casa de él, que ha luchado en Corea.
Las relaciones humanas, y este es el mensaje, tienen más que ver con la afinidad personal, con el trato y el afecto que se despliega que con la sangre, la afinidad o los vínculos parentales. El coche se lo regala a su vecino, simple y llanamente, porque tiene más afinidad y afecto hacia él que para con su propia nieta, que lo esperaba ansiosamente.
En algunos momentos algunas mirada, escenas, situaciones, me han recordado a Sin Perdón, ese pistolero llevando su vida a remolque de sus propios errores, y encarrilada por una mujer, la propia, extraordinaria, en ambos casos venerada y querida hasta la adoración, probablemente porque hay en ambos casos sufrimientos emocionales intolerables a ambas.
Me llama un poco la atención la desmedida crítica favorable que tiene la cinta y la interpretación del protagonista. No es una mala película, pero desde luego no la situaría entre sus mejores trabajos. Y Clint, pues bueno, cumple, pero no da una talla excepcional. Siempre he creído que más allá de unos papeles de vaquero vengador de la pradera, es mucho mejor director que actor. En este caso incluso no es exagerado afirmar que utiliza muchos tics de su etapa de cowboy, incluso de El Sargento de Hierro.
En definitiva, hay que verla, pero no es la mejor de sus películas, ni  como actor, ni como director.

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