miércoles, 25 de diciembre de 2013

FRITZ LANG. Los sobornados (1953)


   Absoluta obra maestra, de uno de los mejores directores de todos los tiempos. Es simplemente, junto con Deseos Humanos, probablemente aquella mejor que esta, las obras cumbre de un director en un género. Y digo bien, de este director en este género.    
   De cine negro hay más, muchas más. De este director y este género estas dos son las mejores.
   El bueno pero honrado inspector de policía que encarga Glen Ford, que sí me parece un actor razonable, se enfrenta a un caso muy difícil: averiguar si verdaderamente el policía que se ha suicidado tenía algún tipo de 'ayuda' para obrar así. Y claro, la hay. Estaba pringado por el rey del hampa de la ciudad, que lo controla todo y lo compra todo. 
   A través de una serie de peripecia descubre que el punto débil de la organización es la chica del lugarteniente del Rey del Hampa (Lee Marvin, guapísimo, por cierto), una rubia explosiva pero algo ingenua, Gloria Grahame, a la que le gustan mucho los vetados caros, los abrigos de visón y el dinero, pero que odia el café, especialmente cuando está hirviendo.
   La mujer del policía fallecido está intentando chantajear a la organización, pues su marido dejó una carta en la que explicaba cómo se hacían las 'pringadas' y quién del departamento de policía estaba 'impregnado'.
   El desenlace es fácil de analizar: muere la mujer del policía a manos de la novia del lugarteniente, que se ha queda sin cara por el café hirviendo. Antes, lógicamente, se ha vengado de su novio, con la misma medicina.
   Es una extraordinaria trama, con una puesta en escena impresionando, unos diálogos cuidadísimos, un metraje, si me apuras, un poco escaso: diez minutos más no hubieran sobrado, y un punto de candor en el desenlace característico de las películas del género. Son de esas, en definitiva, que pasan quince minutos y piensas: "madre mía, qué de cosas me ha contado este director en tan poco tiempo", frente a otras películas, en las que miras el reloj, ha pasado una hora y dices: "qué horror, me queda media hora y no me ha dicho nada, nada de nada".
   Un delicia, en suma, que merece la mejor nota posible.






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