domingo, 24 de febrero de 2013

SIRK, Douglas. Ángeles sin brillo (1958)


Muy buena película, para mi de un conocido pero no visto Sirk. De la escuela que gusta.
Hudson muy bien, mejor actor del mito que se instaló en vi después de verle, comedia tras comedia, con Doris Day y demás fauna blanca.
La chica, la femme fatale es una Doroty Malone que no me suena de nada, de nada. Es guapa, bonitas piernas, y un pelo de rubia platino muy de la época ya pasado. Guapa y lista, pero no tonta. Lo de las pupilas de los hombres maduros en la rubia platino de Sabina le pega bien, sin ser exactamente como dice.
El aviador, héroe de guerra al terminar la contienda viaja de pueblo en pueblo, como si de un feriante se tratase, haciendo exhibiciones aéreas y carreras de aviones. La chica salta el paracaídas. Tiene un hijo en común. 
Un periodista pretende hacer un reportaje de toda esta trup y se queda fascinado por el modo de vida, la capacidad del ser humano de adaptarse, la poca consistencia que le damos a las relaciones humanas, la falta de entidad y constancia en los afectos y en las relaciones.
Lógicamente entre el periodista y la chica hay algo más que pasión soterrada, hay una complicidad de ella hacia él que hace que toda la perspectiva del artículo periodístico cambien, se racionalice, se vuelva más humano.
Al final el aviador muere, y ella se echa en brazos del hombre maduro con las pupilas ávidas de rubias platino y el papo lleno de whisky de calidad relativa.
El periodista toma cartas en el asunto y consigue que la chica vuelva con su hijo a su casa. La entidad de la honradez del héroe de guerra se merece un final así.
Muy buen retrato de una realidad pocas veces asumida: los héroes son seres humanos, que ademas en EE.UU. tuvo que tener una faz realmente cruel. Soldados encumbrados como dioses cuando la bestia de la guerra funciona, arrinconados en el ostracismo cuando políticamente conviene. El otro día decía el periódico que el soldado que disparó, y acertó, a Bin Laden había dejado el ejercito... no tenía ni prestación por desempleo, ni ningún tipo de ayuda social de ninguna clase...

sábado, 23 de febrero de 2013

FORD, John. La legión invencible (1949)

Buena película del maestro de maestros. Aunque yo no soy muy "fordiano" me parece que rueda magníficamente, trata las imágenes con delicadeza y caracteriza personajes con maestría. No creo, sin embargo, que esta sea su mejor película. Wayne soberbio, como siempre. No puedo comprender cuál es la razón para que progresía bienpensante entendiera que Wayne era mal actor. Facha al parecer lo era, y mucho, como la clase media americana de la época, pero actor era un pedazo de actor.

viernes, 22 de febrero de 2013

LEONE, Sergio. Agáchate, maldito (1971)


Prescindible película muy mejor de Leone, con un metraje excesivamente largo, y con la curiosidad que tengo que preguntar a algún experto en el tema de si la música es la misma que en "Hasta que llegó su día", que esa sí es un obra de altura.

sábado, 16 de febrero de 2013

Siri Hustvedt: El verano sin hombres, Anagrama, Barcelona, 2011, 218 págs.


La broma de la página 112 es suficiente para dar por acabada una novela que no tuve que empezar. Es insufrible por Dios, que horror de delirio de escritura automática, sin medida, sin mesura, sin ningún tipo de análisis de personajes, sin auténtica trama, sin ritmo, sin pulso... Nada... Y lo de la página 112 es para cerrar el libro y no volver a leer nada suyo nunca más. Así lo haré. Lo de Elegía para un americano, bueno, tiene un pase, esto no. Ni mucho menos. No dudo que para un determinado público le guste saber qué va a suceder con La Pausa, pero es que no lo cuenta ni siquiera con gracia.

CURTIZ, Michael. Ángeles con caras sucias (1938)


Magnífica película del género, o mejor decir, subgénero de chicos malos de la calle redimidos por un padre muy de la calle. Un Pat O´Brian casi tan bueno en el papel como Karl Malden en las típicas de Elia Kazán, y un Cagney soberbio, frente a un apocado Bogart.
Cine en estado puro, setenta y cinco años después de haberse rodado. Cine del bueno, del único, del intemporal. Cierto es que te tiene que gusta el género y no es de los más agradables.

domingo, 10 de febrero de 2013

FLEISCHER, Richard. [Co-dirigido con Kinji Fukasaku] Tora!, Tora!, Tora! (1970)


     Magnífica película bélica, rodada con todos los cánones del género, una estupenda ambientación, un vestuario adecuado, unos planos en abierto en el mar y en el aire limpios, diáfanos, escenas largas, de varios minutos, una recreación histórica muy precisa, y sobre todo una fidelidad a lo acontecido que engrandece la cinta.
     Dos cosas me llaman mucho la atención de esta cinta: lo bien que está construido el ejército nipón, con actores muy sobrios, y lo impresionante que se ven los portaaviones en el mar. De la historia me queda muy claro dos cosas. Que los EEUU había sacado días antes los grandes buques del puerto de Pearl Harbour, lo cual indica que preveían algún ataque, y que a pesar del relativo éxito de la cruzada japonesa, para el devenir de la guerra fue una escaramuza más. Ni siquiera muy importante. La falta de concreción de un segundo ataque nipón restó eficacia destructiva al mismo.
     Una reflexión general puede hacerse sobre la visitación que hacen los directores de cine americano a las diferentes guerras que han vivido. Sólo por comparar, ¿cuales son mejores películas, estas de la segunda guerra mundial, junto con primera victoria, el día más largo, la batalla de Midway, etc, o las que veinticinco años después hicieron sobre Vietnan?. A mi no me cabe ninguna duda, siendo más espectaculares las actuales, la potencialidad visual y las tramas auténticas de las antiguas están muy por encima del resto.

sábado, 9 de febrero de 2013

LUMET, Sidney. A la mañana siguiente (1986)

     Buena película, entretenida mejor dicho. Muy de verla y ya está, sin pretensiones, sin mucho que ofrecer pero muy digna. Bien hecha, bien filmada, metraje correcto, actores en su línea, mejor Bridges que Fonda, a mi juicio.
     Una chica se despierta completamente bebida en una cama de no se sabe qué habitación, a su lado hay un hombre asesinado, un puñal en el centro del corazón así lo atestigua.
     Huye despavorida, de nada se acuerda, el alcohol no le permite recordar qué ha pasado. Acude a su ex marido, un peluquero de buena fachada con el que mantiene una extraña relación de amistad y protección por parte de él. Peripecias varias, encuentro con el ex policia dado de baja permanente por un problema médico en un hombro que sospecha que es inocente, vuelta a ver a su ex marido que va a casarse con otra mujer... y desenlace más o menos esperado: a la novia de su ex le hacía chantaje el fallecido por lo que urdieron su muerte, pretendiéndosela colgar a la chica. Última escena más o menos tierna en donde ella decide quedarse con él en el hospital para curarse de las heridas sufridas en el violento encuentro que han tenido los cuatro. En realidad se queda por ella misma, pues lleva días sin beber y necesita continuar en la senda de la tranquilidad  que en este sentido le da el ex policía.
     Muy de Lumet, aunque no es de sus mejores cintas.

domingo, 3 de febrero de 2013

DMYTRYK, Edward. La mano izquierda de Dios (1955)

Un sacerdote con una pistola es una imagen muy gráfica de lo que es la película. Aparece en el pueblo en la China de mitad de siglo y todo el mundo le supone sacerdote cristiano. Actúa como tal, delante de toda la comunidad, escucha a los niños y les enseña a tocar el piano, trabaja con todos, evita los abusos de los mascas locales...
Evidentemente no era sacerdote, había huido de un cautiverio más o menos forzado al que le sometía un mafioso local. Era aviador y su aparado había sido derribado. Secuestrado por el mafioso para convertirlo en su mano derecha en la extorsión que practica habitualmente entre las gentes de la zona.
Todo va bien, sólo hay un problema, una enfermera local se enamora de él, del sacerdote, es Gene Tierney, con esa belleza enigmática tan suya. Al final tiene que abandonar la comunidad porque llegan otros párrocos, pero se decide no desvelar su engaño: ha actuado como un auténtico sacerdote y no merece la pena destrozar a la comunidad. Sin embargo él sí le dice la verdad a la enfermera, que finalmente no se va con él.
Buena película, de un director interesantísimo...

sábado, 2 de febrero de 2013

DMYTRYK, Edward. A siete millas de Alcatraz (1942)

  Película claramente propagandística pero muy bien rodada. De trama fácil y concreción de las bondades y maldades de los protagonistas con total rapidez.
   Dos presos se acaban de escapar de Alcatraz y se refugian en un faro que se encuentra a medio camino entre la playa y la prisión. Allí viven un retirado militar con su hija y un ayudante. Uno de los presos es aficionado a los crucigramas y detecta un mensaje en clave que un submarino alemán ha mandado a sus contactos en tierra. El desembarco en la bahía de San Francisco es una realidad. No. No tan deprisa, pues aunque los alemanes de tierra han desembarcado en el faro y retienen a sus tres ocupantes y los dos presos, éstos son capaces de desembarazarse de los nazis, detenerlos, avisar a tierra del pastel y abortar la misión. Por ello reciben el perdón de la sociedad.
     De las primeras películas de Dmytryk pero muy bien estructurada. Realmente muy bonita de ver. Gran entretenimiento.

PARRISH, Robert. Destino Budapest (1952)

     La colaboración de Parrish con Phil Karlson (el auténtico rey de la serie B), también director de esta película, y dos muy buena interpretaciones de Dana Andrews y George Sanders (para mi después de esta película y Mientras Nueva York Duerme siempre jefe de redacción de un periódico) hicieron una muy buena cinta.
     La historia es sencilla. Un periodista norteamericano afincado en París trabaja para la edición europea del New York Times. De Budapest se ha escapado un preso político, y el corresponsal allí sufre un infarto. Dana se encamina tras el telón de acero por dos razones, para comprobar qué ocurre allí y cómo transcurre la enfermedad del corresponsal pero también porque una oriunda de allí ha salido del telón de acero y no quiere volver.
     Peripecias varias, el primer ministro empeñado en fastidiar al corresponsal hacen que se le acuse falsamente de espionaje y se falseen las pruebas de una confesión que no ha hecho. Al final sólo queda intercambiarle por el auténtico preso escapado de allí, cosa que se hace, para regocijo de todos menos del que vuelve a Hungría, que curiosamente trabajaba en el periódico.
     Buena película, entretenida y sumamente agradable de ver. Dana Andrews para tener la expresividad de una caracola, la versatilidad de un caracol, y la profundidad emocional de una berenjena, es un gran actor. Es curioso cómo determinadas caras, sólo por sí mismas dan buena perspectiva delante de la cámara, y otras más expresivas en principio, no tanto.