domingo, 9 de diciembre de 2012

PHILIP ROTH: El animal moribundo, Modadori, Barcelona, 2012


     Efectivamente, la anterior obra de Roth que leí (Sale el espectro) no estaba bien escogida. O no representaba fielmente al autor, o no era de sus mejores escritos, o yo no fue capaz de entenderle en términos literarios.
     Sin embargo esta me parece mayúscula, muy lograda, muy estructurada, realmente muy buena. Me afilio a Roth, del que leeré más cosas con seguridad.
     Al hilo de un enamoramiento de un profesor de 61 años con una alumna de 24, lo cual ya es echarle imaginación, nos va esbozando  un retrato sobre el declinar sexual de un hombre, muy activo por cierto, y de toda una generación, la suya, de gran promiscuidad sexual.
    Hay dos momentos especialmente brillantes. La relación con su hijo, veinticinco años menor, que mantiene una perspectiva respecto al sexo completamente diferente de la suya, y quizá por eso de la misma misma, de sus concepciones políticas, de sus opiniones, de su propio caminar en el mundo.
    Es, desde luego, un mensaje muy interesante de explorar: si te comportas en la vida como follas, o al revés: te comportas de determinada manera y de esa follas. Cómo la identidad sexual modifica comportamientos lo sabemos desde hace siglos, que sea capaz de trasformar toda una forma de vida generacional no está del todo tan claro, aunque él lo cree firmemente. Sería muy interesante leerle una historia de la sexualidad en américa en esos años, los que van de los 60 a los 90, tres décadas de revolución sexual que se vieron machacadas por el Sida, seguramente invento industrializado para la contención de la moral, y el resurgimiento de políticas neocom, que nos han llevado hasta donde estamos ahora.
     En definitiva, lo que he pensado siempre, quien tiene mala leche o es retorcido en su vida es porque es un mal follao...
     El otro momento estelar es cuando la chiquita cubana le llama ocho años después de su encuentre sexual y le hace partícipe de su cáncer de mama. Quiere no sólo compañía en ese trance tan duro, sino, sobre todo, que alguien la recuerde bella como era antes de la operación, y necesita encontrar la aprobación personal y sexual del hombre probablemente más hecho del que ha disfrutado en la cama. Necesita afirmar su belleza para poder asumir el tratamiento de quimioterapia y la posterior amputación de un pecho. Es, desde luego, un momento de una tensión dramática espectacular, y es lo que cierra la novela de forma tensionada: el comienzo de libertad sexual lleva a la enfermedad y la postración...
     Mensaje desde luego demasiado fuerte para tomarse literalmente...

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