viernes, 21 de diciembre de 2012

HOWARD HAWKS: Rio Rojo (1948)


   Nuevo mil cabezas de ganado, dos mil millas, lo que separa Texas de Missuori, dos hombres, GIGANTESCA PELÍCULA.
   Descomunal interpretación de Wayne, y, sobre todo de Clift. Impresionantes escenas de la marcha de las reses, paisajes en pura naturaleza de escándalo, tensión emocional desde el primer minuto, divertimento sin pausa.
     El agua se acaba en Texas y el ganado se muere. Después de construir un rancho allí durante 14 años, trabajando día a día, haciendo suyo en sueño americano, el agua no llega. El ganado tiene que beber, y hay sólo una elección: marchar con él. Dos posibilidades se abren pare llegar a Misuori, donde sí hay agua y pastos sufucientes. Hacer todo el camino galopando y a pie, o torcer hacia un pueblo donde ha llegado el ferrocarril. Desde luego si se equivoca la opción, las posibilidades de que el ganado fallezca son enormes.
     La determinación del patrón y su fe en la encomienda mueve a las capataces, y estos a los hombres. No hay nada más seguro que su empeño en llegar, cada día unas millas más. Más de diez millas al día es una conquista. Hay que hacer dos mil. Su ahijado, en realidad desconocido pues le encontró literalmente en el desierto tras ser asesinados todos los integrantes de la caravana en la viajaba, es un gran tirador, pero, sobre todo, sabe tratar a la gente. No tiene el empuje ni la virilidad, no tiene el empaque, la potencia y la fuerza de su padre, pero es consciente que los hombres necesitas ser tratados correctamente. Atravesar desiertos, pelear contra los apaches, recuperar el ganado que se escapa, tiene que hacerse con tacto. Una noche un hombre se dirige al carro de la cocina para tomar un poco de azúcar, provoca la caída de las cacerolas y cacharros de cocinar haciendo mucho ruido y las reses se escapan... Toda la noche trabajando llega a la conclusión de que la imprudencia es grave. El patrón quiere conocer de qué color se pone la espalda del muchacho tras golpearla con su látigo. Su hijo se opone, abierta y totalmente. Es una imprudencia, sí, pero ya han atravesado el Rio Rojo, queda poco tiempo para decidir y se continua caminado en línea recta, o se desvía uno hacia el tren para llevar el ganado en tren a Misouri, y no va a permitir que un hombre que ha trabajado lealmente sea golpeado.
    Coge el mando, es apoyado por los muchachos y decide apostar por ir hacia el tren. El padre queda atrás, herido en una pierna, recuperándose y mascando su venganza...
     El hijo no pretende apropiarse del ganado, sino llevar a buen puerto la empresa, y el padre no pretende llevar a buen puerto la empresa, sino llevar razón. La escena final es memorable, dos tiros, dos heridos, una pelea a puchetazos, y la intervención con un revolver de una mujer a la que el hijo había salvado, junto con las personas que viajaban con ella en la diligencia, de una pelea con apaches, que dispara entre ellos y les dice que verdes las han segado... que ya está bien de chilipolleces... El padre le mira y le dice, a partir de mañana nuestro hierro sobre el ganado tendrá dos iniciales, la de siempre, la mía, y la nueva, la de tu nombre.
   A veces me recordaba a Ford, no solo por la temática, que obviamente, sino por la forma de rodar, planos abiertos, mucho tráveling, intensidad en la presencia de la cámara en el plano del personaje.
     Ya, para siempre, junto a Centauros del Desierto figurará en mi imaginario de películas ideales, esta de Rio Rojo.
     


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