martes, 30 de octubre de 2012

WELLMAN, William A. El telón de acero (1948).




La encantadora pareja protagonista es el mejor reclamo de la película. Sobre todo ella, tan etérea, elegante e intemporal. Dana Andrews no es el actor que se merecía esta película. Ambos están sublimes en Laura, de Preminger, pero este registro dramático les queda fuera de su órbita natural. Y se note, vaya si se nota.
Según dice la voz en off los hechos acaecidos son verídicos, cosa que no dudamos, pero la imperturbabilidad de Andrews le resta autenticidad al personaje, naturalidad. Fuerza una pose interesante poco acorde con una persona que se encuentra angustiada, sometida a la lucha interior que provoca traicionar a tu país y abandonarlo para siempre. A esto debe sumársele que no sabes si tu mujer va a poder entrar en el de acogida… En definitiva una potencialidad dramática de la que carece.
Ella es otra cosa. En realidad le va cualquier papel. Esa cara de porcelana, tan suave, tan misteriosa, tan rodeada de una bruma, incluso existencial, la enmarcan en el tipo de mujer que siempre gusta en el cine. Incluso en la vida.
Buena película, muy de la época de la guerra fía, pero bien dirigida, buenos diálogos y alguna escena realmente interesante.

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