sábado, 21 de julio de 2012

OTRO PREMINGER: El rapto de Bunny Lake (1965)

Nunca he ocultado mi predilección por Otto Preminger, ni aquí ni en ninguna parte. Me parece el mejor director de películas de cine de todos los tiempos, con serías dudas con respecto a Billy Wilder, que es Dios. Como en la anécdota del periodista que viaja a argentina y le pregunta a un taxista quién es el mejor jugador de futbol, y le dice que Walter Mathaus, y el periodísta alucinando le pregunta que por qué no dice Maradona, y el taxista le replica que le ha preguntado por un jugador de futbol, pero que Maradona es Dios.
Tiene diálogos siempre acertados, discretos, pero muy afilados. Planos y secuencias muy bien encarriladas, tramas espectatulare.
En esta película se supera a sí mismo. Me parece una de sus mejores obras. El tratamiento del color, la suavidad con la que el comisario de policia pregunta, etc. Sólo le veo un defecto, el poco desarrollo y recorrido que realiza con la niña, que dice ser de cuatro años pero que está muy grande para eso. En una de las preguntas le interrogan acerca del peso de la niña, y responde que 18 kilos. Grandecita era. Sin embargo en la pantalla aparece una niña algo mayor. El caso es que no actua la niña, sólo está parada a merced del balia de los personajes que están a su alrededor.
En las últimas escenas sobre todo, cuando juegan madre, hija y tío a la gallinita ciega, y al escondite.
No sé porque, si por haber visto alguna saga de esta pelicula, etc, pero el desarrollo de la trama hubiera estado más logrado en vez de en un guardería, en un hotel. Hubiera sido más compleja, con más personajes y planos, pero seguramente más díficil de justificar la actuación sicópata del tio, enamorado de la madre de la niña, seguramente por algún tipo de trastorno sexual, no explicado en la película.
Otra peculiaridad que se atribuye generalmente a Hitchot es la capacidad de ir incrementando la tensión emocional para descargarla en los últimos fotograma. Pues bien, nada tiene que envidiar esta película a esa pretensión. Está perfectamente calibrado cúando y cómo se va increscendo en la intesidad emocional. Quizá alguna escenita de arrepentimiento del sicópata al final hubiera añadido algún tipo de explicación a lo sucedido. Pero es evidente que el director quiere que dicha explicación se la encuentre el espectador.

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