viernes, 20 de julio de 2012

EDMUND GOULDING: El callejón de las almas perdidas (1947).

Buena película. Ambientada en un circo narra la astuta aventura de un guapísimo Tyrone Power como ladino seductor de mujeres. Comienza entrometiéndose en un matrimonio, ella estrella decreciente de la adivinación, él alcohólico sin redimir. Ella le mantiene como vestigio de su pasado juntos, pero Tyrone tiene otros planes: apoderarse de la clave que ambos idearon para adivinar las preguntas del público. Una vez fallecido el marido, por un error en la ingesta de alcohol, de quemar en vez de ginebra, a causa de una intervención del Tyrone, el camino está expedito. Obviamente, después de unos cuantos escarceos la abandona por la joven del circo, con la que se casa obligado por las circunstancias.
Con ella monta un espectáculo empleando la clave y todo parece irle bien: progresa, tiene un buen número en un hotel (separado del circo), gana dinero, está situado socialmente... Pero la ambición pierde a las personas. Conoce a una socióloga que grava las conversiones profesionales con sus paciente y entre ambos idea una fórmula para estafar a los más ricos del pueblo. O eso cree él, porque en realidad la chica lo que pretende es ayudarle profesionalmente.
Convertido en una especie de gurú seudoreligioso intenta estafar a un ciudadano que necesitaba ver a su amante muerta hace tiempo. Idea una aparición pero sale mal. Su sufre le delata y el abandona el proyecto, regresa a hablar con la socióloga y todo estalla de nuevo. Corre, se abandona, y... vuelve al circo, a realizar el número que siempre temió, el de monstruo alcoholizado que corre la vida tras la botella que le ofrece el dueño del circo.
Buena película, a ratos entretenida, muy bien rodada, de metraje cometido, con buenos secundarios y una buena historia que contar de ambición y maldad. 

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