sábado, 30 de junio de 2012

DAVID FINCHER: Zodiac (2007)

Estupendo thriller sobre un asesino en serio en los años 70 en california. Basado en una historia real relata los intentos de un policía y un periodista por descubrir un asesino que se caracterizaba por no tener móvil en absoluto para atacar. Mandaba una cartas a los periódicos con diferentes criptogramas para indicar determinadas cuestiones. Se sospecha de un individuo concreto y coincide además que cuando está en prisión por otros delitos Zodiac ni escribe cartas, ni actúa, ni realiza acción alguna.
La averiguación se complica porque manda cartas después de determinados crímenes que no concuerdan con su forma de actuar, por lo que la policía cree que se autoinculpa en crímenes que no cometió.
El problema fundamental para detenerle finalmente radica en que el análisis de su letra no puede relacionarse con la letra del asesino. Seguramente por ser totalmente ambidiestro y sufrir fuertes cambios de personalidad. Después de años de silencio, de manera insospechada vuelva a mandar cartas, tanto al policía como al periodista.
En definitiva una buena película de un director que acaudala ya éxitos notables, especialmente Seven y The Game, dos films muy entretenidos.
Es quizá un poco larga, y a medida que aparecen personajes nuevos el director no es capaz de singularizarlos con precisión para recordarlos treinta y cuarenta minutos más tarde de metraje. Hay, además, algunas cosas que se explican solas, lo cual es llamativo, como por ejemplo cuando el policía es expulsado del cuerpo por fabricar él mismo determinadas cartas, con el objetivo de tener abierto el caso. Es el clásico error de sala de montaje.
Los actores muy sobrios y contenidos, especialmente Mark Ruffalo y Jake Gyllenhaal, ambos excelentemente vestidos y caracterizados.
Llamativo el guiño a la película de Harry el sucio, de Don Siegel que, al parecer, guarda una cierta relación con este caso real.
Lo llamativo de todo esto es que en 2004 todavía se seguía investigando, a pesar de que el principal sospechoso ya había muerto, el policía del caso se marchó del cuerpo y el periodista ya publicó el libro que le obsesionaba escribir y ya no se dedicada a este asunto.

lunes, 18 de junio de 2012

STEFAN ZWEIG: Veinticuatro horas en la vida de una mujer


Excelente relato del excelente escritor. Formalmente impecable, radicalmente canónico, estructuralmente diáfano. Que nadie busque relatos circulares, difíciles, barrocos, enrevesados, con triples estructuras de relato desde varios prismas que se miran a través de innumerables observadores. No. Todo aquí es limpio, sereno, lineal. Tiene que contarnos una historia que cuenta con alegría, con un relato sincero, comedido en las formas, elegantes y con una clara trama que exponer. Es un auténtico contador de historias, no un estilista embaucado en un laberíntica espiral de argumentos encadenados sin demasiado sentido para el desarrollo y exposición de la trama.
Autor de altura considerable, en definitiva, que aporta un relato más que entretenido.

sábado, 9 de junio de 2012

ROGER VADIM: Y Dios creó a la mujer (1956)

     Insustancial película que en su tiempo pudo tener su cierta gracia. BB muy guapa, casi una niña, probablemente no más de dieciocho años.

domingo, 3 de junio de 2012

SAMUEL FULLER: Uno rojo, división de choque (1980)

     Es la segunda vez que la veo. Con mucho años y muchas películas de diferencia. Hace años me pareció insustancial, no especialmente bien rodada, con diálogos pobretones, y con una trama que no me seducía nada. Nada de nada.
     Sigo pensando lo mismo. No es una gran película. No es belicista, ni antibelicista, ni a favor ni en contra. Es un poco lo que al final de la película dice el protagonista: lo único heroico de la guerra es sobrevivir a ella.
     Seguramente es totalmente autobiográfica, ya que Fuller fue marine de los EE.UU. y participó muy activamente en la segunda guerra mundial.
     No le he acabado de coger la gracia a la película, y eso que me gusta mucho Fuller. Manos peligrosas en una película excepcional, La Casa de Bambú también, y A Bayoneta Calada... Pero esta no me ha parecido excepcional, ni siguiera buena.
      Hay dos detalles que sí la engrandecen. Lee Marvin está soberbio, magnífico, contenido pero firme, retraído pero explícito. Muy buena interpretación, que seguramente nadie como él era capaz de hacer mejor. David Carradine, quizá. Peor pocos más.
      El segundo detalle que me parece excepcional es la forma de rodar las caras, los gestos, las expresiones que tiene Fuller. Con una cercanía impresionante, en la pantalla sólo ves la cara, los gestos, las arrugas de expresión, los ojos llorosos, acuosos, el dolor, la angustia... Lo ves todo. Es obvio que es una forma muy suya de rodar, yo al menos no lo he apreciado con tanta precisión en otros directores, y también parece claro que este tipo de planos casan muy bien con películas bélicas. En otro tipo de acciones, dramas y, desde luego, comedias, sobre esa forma de mostrar los sentimientos.
     Esta versión, además, era la más larga del director. 156 minutos, nada más y nada menos. Largísima. La versión comercia tenía 128 minutos, algo mucho más comedido.
     No entiendo, en definitiva, cuál es el alegado antibelicista de la película. Por qué se ha erigido, con el tiempo, en un mito de film. A mi me parece en algunos aspectos muy patriótica, muy característicamente yanki, aunque con una perspectiva de la guerra más evolucionada de la que se tenía a mitad de los 50, que eran pura propaganda.
     La reflexión interior que se le supone el protagonista no desecha la guerra, la considera inevitable, y, como tal, juega en ella para sobrevivir. Hay un dato clave al respecto. Cuando uno de los soldados a su cargo tiene alguna tentación de desertar, otro le comenta a un cuarto: no lo hará porque si lo intenta el sargento le meterá un tiro en el corazón. En este momento la imagen vira hacia el protagonista que con su mirada líquida tan propia dirige la mano hacia la empuñadura de la pistola. No hay duda, si intenta desertar le matará. Eso es una reflexión de alguien que está en contra de la guerra. Otra cosa, es cierto, es que no es una película de héroes, la única heroicidad es sobrevivir al horror. Punto y final.
     Los cinco o seis escenarios en donde se desarrolla: El Alamein; Sicilia; Normandía; Bélgica; Alemania y Francia, probablemente son los lugares que recorrió el propio Fuller. Sería interesante constatarlo.

sábado, 2 de junio de 2012

JONH FORD: El delator (1935)

     Magnífica película del grandísimo Ford, para muchos el director canónico, el que marcó género, altero fisonomía en el lenguaje finematográfico y consiguió que dieciséis fotogramas por segundo constituyesen una obra de arte.
     La trama es sencilla. Irlanda 1922, el ejército británico busca a un huido del Ira. Amigo que lo delata para cobrar una recompensa y con ella y una chica poder emigrar a EE.UU. Republicano que muere a manos del ejército de ocupación cuando intenta huir.
     El Ira le descubre porque, como hombre poco discreto que es, se emborracha y se gasta casi todo el dinero de la recompensa.
     Muy bien tratada la tribulación interior del delator, cómo sufre interiormente por su acto y como, para ello, exteriormente intenta sobrellevar un comportamiento demasiado extrovertido.
     No toma postura en el conflicto, pero las pocas imágenes de policías o militares británicos no se trata con especial dulzura, antes al contrario, son personajes que hablan duro y seco, muy poco, y siempre de manera muy autoritaria.
     Muy interesante el papel de la chica con la que pretende emigrar. Una putilla por necesidad de buen corazón pero con mucha hambre. Pide clemencia por su vida porque entiende que ha sido la presión de ella sobre el muchacho el que le ha hecho traicionar a su amigo. Dramática conclusión del todo errónea.
     Al final es sometido a un juicio para averiguar la verdad, y un poco confundido confiesa, pero consigue escaparse. Al final es tiroteado y consigue penetrar en la iglesia donde se vela al delatado. Su madre está de duelo y en la escena final le perdona ante el requerimiento de él en ese sentido.