sábado, 19 de mayo de 2012

CAROL REDD: El tormento y el éxtasis (1965)

     Maravillosa película. Un gran descubrimiento para mi. La conocía pero no creía que iba a ser tan buena como es. Buen comienzo con una descripción general de Miguel Ángel y su obra en perspectiva cronológica. Luego la presentación de la trama. Rex Harrison simplemente magistral, y Charlton Heston muy contenido en su papel pero brillante.
     La historia es bien conocida: la brillante pugna intelectual entre Miguel Ángel y el Papa Julio II por construir la Capilla Sixtina según las ideas e intereses de cada uno de ellos. De la confrontación de intereses surge una batalla en toda regla por el control de crear y por posición de los artistas en la subordinación al poder político, en aquel caso papal.
     Los diálogos son buenos pero no especialmente brillantes. Sin embargo la música es espectacular. Alex North consigue otra, -cuántas van-, obra de arte. 
     Quizá le falte un mejor desarrollo final, ya que parece que cae irremisiblemente en un sólo desenlace posible, difícilmente comprobable. La muy buena idea inicial de presentar la película siguiendo un guión de las obras del Florentino quizá hubiera merecido un epílogo de similar entidad, exponiendo en una cierta visión panorámica su vida y obra
     Llama mucho la atención, a mi por lo menos me parece notable, la muy bien tratada capacidad de aislamiento del autor para concertarse únicamente en el arte, renunciando expresamente a familia, amigos, hijos y amores mundanos. Es una idea recurrente en artistas, escritores y genios, pero en una película no lo había visto con tanta claridad. Kafka también vivía de esa forma su capacidad creativa, aunque en su caso de una manera más enfermiza, delirante y poco afortunada. En Miguel Ángel es claramente una opción personal más allá de los estímulos mundanos que pudieran espolear su carácter o su corazón.
     A diferencia de lo que pudiera pensarse no estamos en presencia de una película religiosa, antes al contrario. Lo religioso funciona como atrezo, como tramoya, como complemento, pero no es material principal de la película, más allá de dos conversaciones cerradas en sí mimas y que no tienen especial significación en el desarrollo y desenlace de la película. 
     

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