sábado, 14 de abril de 2012

ROBERT SIODMAK: El diablo ataca de noche (1957)

     Desde luego en 1957 Robert Siodmak había hecho ya sus mejores películos. Una Vida Marcada; La Escalera de Caracol, El Abrazo de la Muerte, y sobre todo Forajidos, considerada por cualquier crítico de cine del mundo de todos los tiempos como una indudable obra maestra.
     El 1957, después de su vuelta a Alemania tras la guerra mundial, filma esta película que, de alguna manera ajusta cuenta con el pasado. La trama es sencilla, pero en toda ella pretende dejar en evidencia el régimen nacionalsocialista totalitario que había gobernado su país y Europa en los años de la guerra.
     Un inspector de policía en la averiguación de un crimen de una mujer, cometido por un miembro del partido y de la SS descubre que otros crímenes de factura parecida se han producido en otros lugares cercanos años anteriores. La jerarquía del régimen le patrocina todo tipo de medios para que averigüe quien ha sido el autor de esta serie de crímenes. Cuando lo averigua, el acusado del primer crimen es condenado a muerte. Para salvarlo revela el secreto al magistrado del caso que, obviamente, informa a la superioridad jerárquica. En fin, tras varias peripecias el régimen decide que no puede hacerse pública la existencia de un criminal el serie: en el paraíso alemán no hay lugar para este tipo de crímenes.
     Acusado de traición es enviado al frente, el criminal en serie asesinado y el acusado injustamente disparado cuando intentaba huir.
     De manera sutil a lo largo del film en determinadas escenas se efectúa una crítica bastante severa de la ideología nazi. Para empezar todos los así considerados en la película: o están bebidos, o son débiles mentales, o padecen algún defecto físico. El único que no reúne alguna de estas características es el capitán que encarga al inspector la persecución. Ahora bien, en dos o tres escenas es cariturizado como un  megalómano tendente a la ligereza en los asuntos que le conciernen y más dedicado a los placeres mundanos que a otra cosa. En el único momento que se revela su fortaleza es para exponer al inspector que el interés que se tiene en la persecución del asesino en serie viene de la oportunidad de elaborar una norma que de manera preventiva acabe con los débiles mentales.
     El asesino en serie obviamente es un chico fuerte pero deficiente. Llama la atención dos particularidades de su fisonomía. El parecido dramático, a mi me lo parece, con M El Vampiro de Dusseldorf de Lang, y la escasísima dificultad con la que el inspector da caza al maníaco, en una escena memorable, con una pelea un tanto ridícula entre el inspector y el asesino.
     En definitiva, una película bastante decente, que se deja ver y aunque no es una grandísima obra de Siodmak sí pertenece a su factoría, especialmente apreciable cuando se narra el proceso de búsqueda del asesino en serie, aquí sí puro cine negro.

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