lunes, 30 de abril de 2012

ROY ROWLAND: El único testigo (1954)

     De factura impecable, rodada con maestría, excelente música, muy buenos diálogos, bien ambientada, vestuario más que decente, y con una Barbara Stanwyck estelar, con una interpretación soberbia, contenida pero firme. Muy en la línea del gusto de la época.
     Dos aspectos conviene resalar. El primer es la magnífica música que acompaña toda la película, tan buena como cualquier otra de cualquier película de cine negro. Intensa, con buen sonido, emotiva, y cambiante según la intensidad dramática lo requiera.
     El segundo aspecto es el tratamiento de la luz, de la poca luz que a veces, a lo mejor demasiadas, ilumina la cara de la protagonista. Esa forma de tapar con sombras la cara e iluminar sólo el rostro es muy característico de la época.
     Me ha gustado mucho también George Sanders en su papel. No le tenía yo por un gran actor, pero lo hace bastante bien.
     La trama es casi lo de menos, una de policía bueno enamorado de la chica que cree haber visto un crimen en el edificio de enfrente, pero las pruebas no lo corroboran así.
     Obviamente tiene que gustarte el género, pero si es así enamorará... Desde luego la elevo a la categoría de película más que interesante, aunque habrá que verla otra vez para confirmar esta intuición. Junto con "Chantaje a una mujer" recientemente vista, las mejores del año.
     Un detalle sin importancia, pero que puede ser curioso. Aunque todos los apartamentos y edificios de la época parecen iguales, estaría por apostar que la escena de "Perdición" que se desarrolla en el pasillo, cuando se abra la puerta hacia fuera (inaudito) y se esconde la protagonista (también Stanwyck) detrás de ella, es en el mismo escenario del pasillo donde el asesino guarda el cadáver... A lo mejor no, pero por las fechas puede coincidir.
     Otro detalle bonito es fijarse en los vestidos de la protagonista, que hace un desfile impresionante de ropa clásica, con faldas con mucho vuelo ajustadas a la cintura y jerseys ajustados en una talla imposible.
     En fin, una muy buena película, quizá demasiado corta, sólo 79 minutos, que merecía algo más de metraje, a diferencia de las de la época actual, en la que, en general, sobre metraje, porque son de pero calidad.
    

domingo, 29 de abril de 2012

BILLY WILDER: En bandeja de plata (1968)

     Todos deberíamos ver varias veces al año todas las películas de Wilder. Todas. Sin excepción. Esta en concreto, aun no siendo una obra maestrísima es sensacional. Rodada probablemente en el mismo lugar que El Apartamento, recrea con suficiencia la clásica parodia de enredo emocional del protagonista con su ex-mujer y, sobre todo, el fraude que plantea el cuñado a la agencia de seguros. También, aunque en menor medida el sufrimiento del jugador de Futbol Americano, negro por supuesto.
     No es Perdición, ni El crepúsculo de los Dioses, ni El Gran Carnaval, ni Testigo de Cargo... es decir no pertenece a las películas negras... Pero tampoco es Un, dos, tres, ni Avanti, ni Con faldas y a lo loco, ni Primera Plana; es decir, tampoco es, dentro de comedias, de las mejores. Pero vamos, es muchísimo mejor película que cualquiera actual que pretenda divertir.
     La pareja Lemmon / Matthau es de una fuerza descomunal, parecen el punto y el contrapunto, el bueno y el malo, el guapo y el feo... Fórmula más que exitosa hasta la muy mala Aquí un amigo. Seguramente la mejor pareja cómica de la historia del cine.
     En definitiva, muy buena película, de grado medio en la carrera de las carreras de directores de cine. De aquel de quien decían que en la cabeza tenía cuchillas de afeitar. De a quien dejaron los estudios un despacho durante 25 años para que acudiese después de su único fracaso, la última película citada, por ver si era capaz de idear nuevas estrategias de diversión cinematográfica.
     Dicen que en las películas de Wilder hay mucho de autobiográfico. No sé cual puede ser el rasgo en esta película.
     Me hicieron gracias dos planos. El del médico austriaco que sólo decía "fraude" en el análisis del lesionado cameraman, muy parecido a aquel otro grito de "invertido" de Primera Plana. Y el último diálogo en el campo de juego con el jugador amargado, cuando decía que veía dos...

sábado, 28 de abril de 2012

CLINT EASTWOOD: Banderas de nuestros padres (2006)

     Aunque por momentos es épica y tiene algo que engancha no es una película redonda. Historia real de la batalla de Iwo Jima, el desembarco de los marines y la toma de la isla en una cruentísima batalla que se recordará, más que nada, por la historia de la bandera, alzada en lo alto de la colina de la isla el quinto día de batalla. Se tardaron 40 días más en ganarla completamente.
     Tres muchachos alzan una bandera de barras y estrellas en lo alto de la colina. Son inmortalizados con una foto de un periodista, y utilizados todos por el gobierno para estimular a la población civil para que compre bonos patrióticos, bonos para sufragar los gastos militares.
     Hábil mezcla de escenas de guerra con lo acontecido con posterioridad, y buen retrato sicológico de uno de los personajes, un indio protagonista en la batalla.
     Lo característico de la historia de la bandera es que casi un fraude. Por dos razones. Da a entender que   esa bandera se ha puesto al finalizar la batalla, como acto último de sumisión del enemigo. Como si ya fuese territorio yanki. Y no es así, se puso el 5 día de una batalla de mes y medio. Y, en segundo lugar, porque la foto no es la primera que se hizo. Antes se había colocado otra bandera, que un capitán o general quiso llevársela. Hubo que colocar otra segunda, que es la de la foto.
     Propaganda bélica en estado puro, que el director intenta desmenuzar sin conseguirlo del todo.
     No es una mala película, pero que nadie busca algo parecido a Mystic River, o Sin perdon, nada que ver con Medianoche en el Jardin... Algo más parecido a Poder Absoluto y cosas por el estilo. Ni siquiera alcanza a su posterior Invictus...
     Los que gusten del cine bélico tampoco encontrarán nada satisfactorio el film, pues carece, adrede naturalmente, de ese componente épico tan característico de la industria del entretenimiento cinematográfico norteamericano.

lunes, 23 de abril de 2012

BORIS VIAN: Escupiré sobre vuestra tumba, Mondadori, Italia, 2002

     Debo reconocer que tengo cierta aprensión con determinados autores, prejuicios basados en atajos de la razón que no se justifican en nada en un juicio crítico sobre los mismos o sus obras. Especial tirria me dan los autores americanos "malditos"... Keruack, Vian, Buckosky, Vonnegut, Caver... No me gustan, ni sus tramas, ni cómo desarrollan los argumentos, ni sus personajes, pero como la dieta debe ser variada, siempre intento aportar alimentos de condición no convencional... En esto soy muy conservador, me gustan más Dos Pasos, Capote, Hemigway, Steimbeck, y sobre todo Faulkner, es más difícil de leer y de comprender, pero el más profundo y trascendente de todos. Más recientemente Auster es bueno, muy bueno, aunque su última novela: Diario de Invierno no vale nada. Es más es una obra que se vende por el nombre del autor, sin más. 
     Pues bien, esta obra me parece soberbia, magnífica, estupenda, genial. Alocada y enloquecida, pero genial en su formato y en su desarrollo dramático. Bien conocida es su dinámica y no voy a explicarla, pero me surge la oportunidad de comparar esta obra con las actuales películas gore, llenas de sangre y vísceras sin sentido. A aquellos que les gustan esas estructuras narrativas pueden leer esta obra y entregarse a este tipo de morbo de manera más estructurada. Los que reniegan de ella también pueden hacerlo con satisfacción, pues el autor es capaz de esconder debajo de la trama principal el verdadero propósito de la obra, la crítica a la sociedad frívola de la que seguramente participaba su autor con la persecución inclemente de los placeres que de manera poco convencional dice detestar.
     Es, en este sentido, una obra cínica, altamente cínica. Contraria a la vida que su autor bebía sin límites, en todos los sentidos, la obra hace pivotar sobre un asunto racial lo que en realidad es una crítica social. No sé qué dirán los hermenéutas de la obra, pero ni es una "escritura automática" ni narra lo que le parece de manera cerrada y precisa. Veo en ello una especie de giro teatral a su propia vida. Desconozco en qué época de su vida se escribió, sin joven o mayor, pero me parece una obra de un hombre acabado, harto, gastado por la vida, desecho en sus ilusiones y anhelos, en sus expectativas más íntimas y profundas. 
     Este es el tipo de obras que deben leer esas generaciones de lectores que detestan la lectura porque se les obliga a leer La Celestina y el Poema del Mio Cid, como si fuesen capaces de entender, a lo mejor ni siquiera leer, ese tipo de obras. Aquí tenemos una obra divertida, rápida, muy acorde a los tiempos actuales enloquecidos en sí mismos, y que permite varias lecturas, y varias interpretaciones. De trabajárselas un poco dependería la idoneidad de erigirse en una obra de toda una generación. A mi juicio lo vale, tanto como cualquier panfleto actual de vampiros y hombres lobo sexualmente atractivos que inundan la literatura juvenil.

DICK RICHARDS: Adiós muñeca (1975)

     Dick Richards es para mi, o mejor dicho era para mi, un auténtico desconocido. No había visto ninguna película suya, y puedo decir que a partir de ahora me fijaré con atención en sus obras.
     La adaptación de la obra del mismo título de Chandler es magnífica. Totalmente lineal, prácticamente no se ha modificado ninguna escena, siguiendo el guión de la obra desde el principio hasta el final. Lo cual sitúa a Chandler en un alto pedestal, tan elevado como Hammett, al menos. Aunque menos crítico, con una profundidad menor para lograr una trascendencia más allá de la emotividad de las circunstancias que narra, Raymond es mucho más entretenido, y eso se nota y mucho cuando se pretende plasmar en film la historia narrada.
     Lo que me gusta de la película son tres cosas. El color y el tratamiento de la imagen, muy logrado en relación con la época en la que se desarrolla la historia, finales de los años 50; la interpretación comedida de ese grandísimo actor que era Robert Mitchum, nunca considerado un grande nadie sabe por qué; y la fiel descripción de los personajes que realiza, tanto en su seguimiento fiel a la novela, como en los diálogos elegidos para la película.
     No es una obra de arte, no es una película maestra, pero está muy bien hecha, entretiene y se deja ver con cariño.

domingo, 22 de abril de 2012

TERENCE YOUNG: Joe Valachi (1972)

     No tan mala película como pudiera suponerse por los actores. La dirección es impecable, magnífica. El irregular Young consigue una de sus películas más notables. No tanto como Sola en la Oscuridad, claro, pero es una buen film.
     Buen trabajo de producción de Laurentis, que parece que estaba en todas las películas esos años. Buen guión, bueno, muy bueno. No sobra diálogo alguno, y algo que llama la atención en este tipo de películas: el fácil recordar los nombres de los personajes.
     Me llama la atención Charles Bronson. Empezó una carrera notable, con apariciones en películas buenas, incluso muy buenas. Pero luego languidece en una serie de muy malas películas... Al final es una especie de estereotipo de sí mismo... No hace mal su papel, fácil en su ubicación típica.
    La película es francesa e italiana, una especie de contestación a las películas de ganster que ya iniciaban su saga en la filmografía americana.
    Buena película si te gusta la temática y estás un poco puesto en cómo se desarrollaron aquellos acontecimientos aquellos años. No es, obviamente, El Padrino, pero está bien rodada, en un formato claro y diáfano, sin demasiadas complicaciones argumentales. Cine de palomitas, en definitiva.

sábado, 21 de abril de 2012

GARY FLEDER: Cosas que hacer en Denver cuando estés muerto (1995)

     Bueno. Mala película. Sin más. Entretenida a veces, pero con poco contenido interesante. El típico peliculón de palomitas y chucherias. Hombre bueno metido en el hampa, trabajo complicado por la ineptitud de sus subordinados, venganza del que manda, y orquestación sumamente efectistas. Buenos actores, casi todos y buen diálogo. Pero intrascendente. 

viernes, 20 de abril de 2012

MILAN KUNDERA El libro de los amores ridículos, Tusquet, 3ª ed., Barcelona, 2011.

     Ocho relatos totalmente independientes entre sí se aglutinan en esta obra del autor Checo. Muy en la línea de su forma de narrar, recuerda vagamente a las aventuras de Teresa en la Insoportable levedad... Esos grande giros en la trama casi circulares, esa particular obsesión con palabras y circunstancias, esa capacidad singular para exponer algunas particularidad naturales del amor como únicas e intransferibles.
     Más que ridículos en el sentido estricto de la palabra, estamos hablando de amores peculiares, o de circunstancias peculiares en donde se produce amores distintos, significativos, muy enrocados, sumamente apurados, casi al límite de la lógica.
     No todos tienen el mismo componente de "ridiculez". Por razones evidentes el primero de ellos es el que más me ha gustado, el que más me ha impresionado. Sobre todo por las consecuencias dramáticas que la elección de un amor inapropiado puede llevarle a la vida de un vulgar profesor de Universidad. Nada parece lo que es en ese juego de espejos que es la Facultad. Lo que hoy te encumbra como claro exponente del compromiso intelectual consigo mismo y con los demás, mirado desde otra perspectiva se convierte en actitud intolerante y autista de los demás y del régimen académico vigente.
     Los de los viajeros en un pueblo extranjero no me ha seducido. Los más peculiares son los protagonizados por el Doctor Havel. Al igual que García Marquez emplea con insistencia el recurso a hablar de los dentistas, Kundera lo hace con los médicos. No sé cuantos relatos suyos los protagonizan médicos. Este doctor es un don Juan inasequible al desaliento. Triunfador en la vida y en los amores, se enfrenta a dos tesituras, en cada uno de los relatos: enseñar a un joven doctor a que no hay que despreciar ninguna posibilidad de conquista que se avecine en el horizonte, y en el posterior relato a domeñar la decrepitudfísica que impone la vejez para intentar seguir siendo un don conquistador de leyenda. En ambos la obsesión personal como centro de la trama importa más que la realidad que le circunda. Su egolatría en grado mayúsculo, casi infantil, proyecta los problemas a los que se enfrenta: una compañera que intenta suicidarse, y un reportero interesado en la leyenda de conquistador del doctor, ahora internado en un centro de curación de problemas de vesícula, a una dimensión menor desde su punto de vista.
     Los demás relatos, uno dedicado a un chaval que para conquistar a una chica se convierte al catolicismo, y otro dedicado a una viuda que se enamora de nuevo y observa cómo el nuevo muerto sustituye al anterior pivotan sobre dinámica narrativa parecida.
     En conclusión, buena obra para quienes gusten de acicalarse el intelecto con la seda salvaje de la pluma de un escritor muy de culto.
    

domingo, 15 de abril de 2012

FRITZ LANG La casa del río (1950)

      Buena película de Lang, que narra el asesinato de una criada a manos de su señor. Éste invadido por la angustia acude a su hermano que, enamorado de su mujer, le ayuda a sumergir el cadáver en el río, probablemente el Mississippi o alguno parecido, muy caudaloso. El sur manifiesta todas sus debilidades: hombre bebedores, mujeres superficiales, sirvientes solícitos. Curiosamente no aparece ni una sola persona de color, lo que no deja de ser significativo, porque las ropas, la trama, las casas y el río hacen visualizar un característico sur Norteamericano.
     La esposa, también enamorada de su cuñado, aunque con menos vehemencia que éste, sospecha de su marido. Las explicaciones que cuenta sobre la desaparición de la muchacha no son verosímiles, tiene pocas soltura al contar cuándo se fue la chica, se pone nervioso al hablar de ello, etc.
     En el juicio todo carece indicar que el hermano, que únicamente ha colaborado en el ocultamiento del cadáver, pero no ha sido artista principal en su muerte va a ser condenado. Finalmente sale absuelto, y la policía sospecha del verdadero asesino, su hermano. Éste, finalmente, en un ataque de enajenación, intenta matar a su propio hermano y a su esposa, con el objetivo de ocultar su primer asesinato y darse publicidad como escritor.
     Porque la ironía de toda esta trama radica en que el asesino es un escritor, mediocre y bastante amargado, qué únicamente empieza a vender sus obras antiguas tras la desaparición de la muchacha y la recuperación de su cadáver. Precisamente lo que le lleva a idear el asesinato de su hermano y esposa es la necesidad de publicidad adicional para poder vender su nueva novela: Muerte en el río, de claros tintes autobiográficos con respecto al episodio anterior. No sabemos cuál era la opinión que tenía Lang de los escritores de bestseller, pero no debería ser demasiado buena. Aquí se nos presente, en definitiva, un asesino psicópata cuya motivación para el homicidio compulsivo no es el dinero, el sexo o la fama, sino únicamente la necesidad de notoriedad indirecta para vender sus libros.

sábado, 14 de abril de 2012

ROBERT SIODMAK: El diablo ataca de noche (1957)

     Desde luego en 1957 Robert Siodmak había hecho ya sus mejores películos. Una Vida Marcada; La Escalera de Caracol, El Abrazo de la Muerte, y sobre todo Forajidos, considerada por cualquier crítico de cine del mundo de todos los tiempos como una indudable obra maestra.
     El 1957, después de su vuelta a Alemania tras la guerra mundial, filma esta película que, de alguna manera ajusta cuenta con el pasado. La trama es sencilla, pero en toda ella pretende dejar en evidencia el régimen nacionalsocialista totalitario que había gobernado su país y Europa en los años de la guerra.
     Un inspector de policía en la averiguación de un crimen de una mujer, cometido por un miembro del partido y de la SS descubre que otros crímenes de factura parecida se han producido en otros lugares cercanos años anteriores. La jerarquía del régimen le patrocina todo tipo de medios para que averigüe quien ha sido el autor de esta serie de crímenes. Cuando lo averigua, el acusado del primer crimen es condenado a muerte. Para salvarlo revela el secreto al magistrado del caso que, obviamente, informa a la superioridad jerárquica. En fin, tras varias peripecias el régimen decide que no puede hacerse pública la existencia de un criminal el serie: en el paraíso alemán no hay lugar para este tipo de crímenes.
     Acusado de traición es enviado al frente, el criminal en serie asesinado y el acusado injustamente disparado cuando intentaba huir.
     De manera sutil a lo largo del film en determinadas escenas se efectúa una crítica bastante severa de la ideología nazi. Para empezar todos los así considerados en la película: o están bebidos, o son débiles mentales, o padecen algún defecto físico. El único que no reúne alguna de estas características es el capitán que encarga al inspector la persecución. Ahora bien, en dos o tres escenas es cariturizado como un  megalómano tendente a la ligereza en los asuntos que le conciernen y más dedicado a los placeres mundanos que a otra cosa. En el único momento que se revela su fortaleza es para exponer al inspector que el interés que se tiene en la persecución del asesino en serie viene de la oportunidad de elaborar una norma que de manera preventiva acabe con los débiles mentales.
     El asesino en serie obviamente es un chico fuerte pero deficiente. Llama la atención dos particularidades de su fisonomía. El parecido dramático, a mi me lo parece, con M El Vampiro de Dusseldorf de Lang, y la escasísima dificultad con la que el inspector da caza al maníaco, en una escena memorable, con una pelea un tanto ridícula entre el inspector y el asesino.
     En definitiva, una película bastante decente, que se deja ver y aunque no es una grandísima obra de Siodmak sí pertenece a su factoría, especialmente apreciable cuando se narra el proceso de búsqueda del asesino en serie, aquí sí puro cine negro.

domingo, 8 de abril de 2012

JAVIER MARÍAS: El monarca del tiempo, Agencia Literaria de Mercedes Casanovas, Barcelona, 2003

     Las primeras novelas de Marías me suenan a experimentales. ´Ésta de 1978 reeditada en el 2003, lo es en el sentido más absoluto de la palabra: le servían para experimentar. Técnica literaria, capacidad de síntesis, desarrollo de la trama, desenlace de los personajes. Y, sobre todo, esa capacidad suya tan característica de narrar de forma excelsamente preciosista, llevada al paroxismo con Tu rostro mañana, y algo menos con Los enamoramientos.
     A diferencia de Los Dominios del Lobo, que es un claro ejemplo de escritura automática, escrita tal y como salío de la pluma y de la cabeza del autor, esta novela juega con la prespectiva del tiempo, en su dimensión espacial y temporal.
     Libro compuesto de varios relatos, en el que en cada uno de ellos se expone, como si se tratara de un caleidoscopio, cómo el tiempo determina la precisión de los acontecimientos, especialmente los pasados.
     Aunque algunos son meras elucubraciones más cercanas al ensayo que a la novela, son interesantes de leer. El primero de ellos, El espejo del mártir, es sin duda el más bonito desde el punto de vista estilístico. Militares en guerra unos contra otros, todos en la misma dirección pero en perspectivas diferentes de cómo se guerrea y para qué sirve el tinglado de la guerra.
    El personaje principal de Portento, maldición, es, a mi juicio, el mismo que en El hombre sentimental, la primera gran novela de Marías, y una de las más desconllantes de su ya extensa obra. Mezcla de rebeldía e incomprensión hacen de él un personaje del que desconfiar, del que no fiarse.
     Fragmento y enigma y espontoso azar es el trabajo más bonito de la colección de relatos. Un delicado juego de fuerzas sobre cómo el momento preciso en el que se cuenta un cuento, en este caso relacionado con el asesinato de Julio César puede determinar el impacto que la noticia tiene en el lector. Sorprendente y hasta cierto punto doloroso, sobre todos para los que queremos expulsar de la determinación del preciso azar los acontecimientos de nuestra vida.
    El viaje en tren que plantea Contumelias y el vibrante monólogo interior que un hermano le hubiera gustado decirle a la hermana casadera cuando transitan para ir a Bruselas a contraer el matrimonio me rocordaba, no poco además, al aroma que se respiraba en Los Bundendrok, de Thomas Mann. El barroquismo de la descripción, y la suave templanza de su pulso lo hacen merecedor de más de un elogio.
    El último relato es el diálogo estructurado entre un precepto y su díscolo alumno y su alterego. La llama tutelar recuerda bagamente a esos pasajes de Corazón tan blanco tan característicamente tan british.
   Los Apendices son divertidos únicamente para aquellos que sean capaces de reconocer a algunos de los personajes inmortalizados en ellos. Pero al lector común, como es mi caso, poco nos dicen, más allá de alguna pequeña gracieta con loa nombres y títulos que anuda.
   En definitiva, obra recomendable para los lectores muy de Marias, que quieran conocer cómo ha llegado a ser uno de los autores más importantes del español actual, firme candidato a mi juicio, a la más alta distinción literaria: el premio Novel de literatura. Si escribe cuatro o seia novelas más como Tu rostro Mañana puede llegar a formar parte de esa nómina de personales de Literatura y Fantasmas, entre los que Papini era uno de los más importantes, tan celebres como irreconocidos por la academia sueca.
     Para los que gusten de conocer las obras completas del autor, indexo una  págin web que resume su obra cronológicamente: http://www.javiermarias.es/

miércoles, 4 de abril de 2012

MAX FRIXCH: Homo Faber, El País, Madrid, 2002.

La novela no es especialmente buena. No entiendo la fama de la novela, aunque hay momento interesantes, especialmente los primeros.
Tiene cuatro partes claramente diferenciadas. En la primera, aquí si se nota que estás leyendo algo muy bueno, la tensión del protagonista con la técnica se hace muy evidente. Es cuando se encuentran en el desierto después de haber aterrizado de emergencia el Super-Constelatión. La segunda, el viaje a Guatemala y el descubrimiento del suicidio del marido de su ex-novia, no alcanza la capacidad dramática de la primera parte.
La tercera es más difusa, es su relación con la novia del protagonista en Nueva York, su ruptura y el viaje por barco hacia Europa, y el conocimiento de su nuevo amor, que es su hija, a la que no conoce, y sus viajes, por itala y grecia La última es su relación con la madre de la hija, el fallecimiento de ésta por la picadura de una víbora (¿edénica?) y su nueva relación con la madre de ella.
Pero la tensión dramática de la novela no es brillante. No me lo parece a mi. No creo que sea por la tráducción, lo que ocurre a veces.
Probablemten la mejor manera de acercarse a la novela sea tratándola como un ensayo, como un estudio de la condición humana de quien se considera al margen de toda emotividad humana, descreido de su condición y aferrado a la técnica como método de salvaguarda de su propia naturaleza.
Se deja leer, en defintiva, pero no para quien pretenda una novela. Es parecido, en este sentido a Herman Hesse, grandísimo autor pero de complejidad notable.
Es, como él, un autor de invierno. Recomendable para quienes les guste disfrutar de una lectura reflexiva, pero menor empaque que otros autores alemanes contemporaneos suyos.
Un artículo muy recomendable sobre la novela de Ignacio Ferrando puede leerse en: http://ignacioferrando.es/app/download/5782721756/Walter+Faber+o+la+desdicha+del+hombre+tecnol%C3%B3gico.pdf

lunes, 2 de abril de 2012

JOHN HUSTON: Freud, una pasión secreta (1962)


Grandísima película de John Huston. Un poco melodramática, pero analiza bien el personaje. Me encantó la interpretación contenida de Montgomery, y creo que está bien tratada la relación con sus pacientes, y con su compañero... Evita, no obstante, alguna que otra cuestión comprometida, sobre todo sus relativas falsedades con respecto al tratamiento científico de algunas preposiciones y metodología de sus estudios, no del todo científicos.
En todo caso es un gran hombre, de cultura extensa y que desde cierto punto de vista fue un visionario.